Un Vínculo tan Sombrío como Destellante

XV. THIAGO

UN TRATO QUE PONEMOS EN PRÁCTICA

—Ven, regresemos a la sala.

Mi mano se eleva en dirección a Prosperina una vez que el trato entre ambos se ha cerrado. Ella no la toma, pero se acerca con una de esas sonrisas en las que el peligro podría allanar entre los dos.

—¿No preferirías quedarte?

«No» le otorgo una falsa sonrisa ante sus manos sobre mi pecho.

—El encanto no puede continuar sin ti —destino mi mano a la suya para mantener nuestra distancia y la encamino a la salida sin mostrarle otra opción, donde planeo embriagarla lo más que pueda para borrar cualquier posibilidad de tener que cumplir sus deseos esta noche.

De regreso al sitio, he de ver que nada a cambiado. Todos continúan en el júbilo, aunque ahora contemplo al rubio clamoriano del que he olvidado su nombre. Lo ha pedido mi hermana podría jugarlo. Es su nuevo juguete, me queda claro. Se mira más derrotado que la última vez. Quizá e igual que los otros ha sido intoxicado con pociones para controlar sus temperamentos, sin embargo, su mirada se ha de conservar con rabia en la esquina donde la jaula y compatriota reposa exhibida cual animal exótico.

—¡Bebe con nosotros!

El edil CiunXi vierte su copa de vino tinto sobre la garganta de chispita mientras el idiota del comisionado la mantiene bien sujeta del cabello para que no reniegue de él. Ella tose para evitar ahogarse con el líquido que se derrama por su cuello y escote. Les parece divertido su sufrimiento. Temo que a mi también me lo parecerá cuando vierta raíz de cúrcural en sus desayunos mañana por la mañana y no salgan del jodido baño.

—Edil —lo saludo tomando una copa de vino blnaco que circula en la zona—. Buena velada.

—Imperial, un gusto verlo. A que debemos su muy grata visita a este sitio que nunca pisa.

—Pues ya ve, la curiosidad es grande —ignoro la presencia de Vaxodia, así como él la mía.

—Un poco de diversión no le cae mal a nadie, Imperial Fardo.

—Puede ser, y tú qué dices destello, crees que hice la elección correcta de vino ya que por lo visto has probado ambos.

El edil se tira a reir, mientras Thiora me lanza una mirada cubierta de fuego. Es increible como después de lo que le han hecho sigue mantiendo ese ímpetu indomable. Con una sonrisa invito a CiunXi que vaya a mirar el encanto donde dos ediles más pujan por la siguiente clamoriana.

—Sueltala, la diversión se terminó aquí.

Vaxodia me reta con la mirada por un par de segundos antes de deslindar sus dedos del pelirrojo cabello de Riagmus con una rudeza que me hace querer llevar mi puño a su rostro. La miro pasar los dedos por la agresión sobando son la yema de los dedos su cuero cabelludo.

—Ve con nuestra emperatriz. Ella te necesita.

Por lo general mencionar a mi hermana siempre hace que corra por ella como el perro faldero que es, aunque en esta ocasión se mantiene inmóvil.

—¿Qué hay de ella?

—Está en una jaula, no va huir, creeme.

Solo restan tres personas más por ofrecer y con ello, el término de está subasta absurda. Con pereza, da media vuelta no sin antes dirigirle una vista a chispita.

—Primo, Thio querido —Xion medio ebrio aparece en mi periferia. Rodea mis hombros con su brazo, mientras en su otro lado Fiorentina lo ha de tener que soportar—. Pero que milagro que vienes. Cuando mi hermano me dijo que te vio entrar no lo creí ¿que te trae por aquí? ¿algo que te guste tener o prefeires el rojo?

—El rojo es un calido sitio, pero necesitaba del permiso de mi hermana para algunos asuntos de vital importancia.

Él resopla y el hedor de alcohol me llega hasta las fosas narices.

—Trabajo, siempre trabajo. Tomas muy en serio tu labor, primo. Deberías disfrutar los beneficios que te ofrece ser el mariscal e imperial de esta nación. Sólo mira esta preciosura —besa en la mejilla a su compañia— o está otra —observa a chispita—. Ella es ardiente y casta. Sabes lo difícil que es encontrar una así en estos tiempos y a su edad. Todas esas de allá son una zorras. Ni una de ellas es doncella, tu hermana me lo contó cuando las revisaban y de los hombres ya ni hablamos. Tu nación es muy liberal con todos ustedes, rojita.

Oh no, Xion ya le a puesto apodo a Thiora, y es bien sabido que cuando le pone apodo a una mujer no habrá poder humano que se la quite de la mente hasta tenerla.

—Cómo está tu madre y tú. Supe que fueron hechizados durante el ataque.

Intento mover la atención. Él eleva los hombros y deslinda su brazo de mí.

—Bien, no recordamos nada. La emperatriz fue bondadosa al perdonar nuestro agravio incluso si no fue nuestra culpa. Me dijeron que apuñalé al nuevo destello ¿ya tienen culpables?

—Algunos.

Me alivia el saber que no hay rastro en sus memorias de lo que hice. No es lo suficiente brillante para inventar una mentira por fortuna. Además ebrio es una caja abierta de verdades. De haberlo recordado, lo habría contado.

—¿Recibieron castigo?

—De alguna forma, sí.




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