PROMESAS VACÍAS, VISITAS CLANDESTINAS Y UNA QUE OTRA POCIÓN PROHIBIDA
Aceptó, pese a todo Thiora Riagnmus aceptó cederme su magia y descubrir porqué puedo usarla. Bastó con prometerle libertad y protección para que no se rehusara. Tal vez y lo que mi hermana le hizo pasar fue lo mejor, pues sin ello estoy seguro que no habría aceptado aquel trato que nos une más de lo que ya estamos.
—¿Y bien? —la voz de Prosperina emerge dentro de mi alcoba. Me causa un tempestivo brinco por su repentina visita matutina.
—Por todo el equilibrio, me asustaste.
Su boca esboza una sonrisa cubierta de satisfacción por ello. Tal como cuando era niño y dejaba reptiles y roedores bajo mis sábanas justo antes de irnos a dormir.
—¿Qué haces aquí?
—Lo mismo pregunto ¿Qué haces llegando tú aquí a estás horas?
—¿Madrugaste solo para serciorarte de si dormí en mi alcoba?
Mi turno de sonreír, aunque sea para ocultar mi temor por tenerla frente.
—Tal vez —golpea dos veces la cama, donde yace sentada para que vaya junto a ella. Me he de conservar en el marco divisorio. Me recargo en él y elevo mi mano seguido de mover mi dedo anular en mi dirección para que sea ella quien venga a mí. Rueda los ojos y se reincorpora muy a su pesar ante mi exigencia. Todavía yace en camisón y bata que no deja mucho a la imaginación, siendo que ésta yace abierta. La fiesta de ayer todavía no ha abandonado su rostro por el cansancio que refleja cuando se acerca—. No pude dormir sabiendo de la propuesta que le harías a esa infame. Y bien ¿Cómo resultó?
Resoplo para restarle importancia. Como si ello no fuera relevante. Arrojo la capa al silloncito del recibidor seguido de sentarme.
—Aceptó, obviamente. No es como que tuviera muchas opciones tampoco. No después de ver lo que le sucedería si es que continuaba desafiandote. Le ofrecí protección y aceptó.
—¿Qué tipo de protección? —eleva la ceja.
—De la que hablamos ayer. Nadie la tocaría, porque seré su ganador.
—Pero dijiste...
—El rojo, lo sé. La llevaré allá a su debido tiempo. Primero tenemos que asegurarnos de que ofrezca su magia en la consagración y de ese modo, nadie dude que es tu vínculo y entonces, haremos lo que te prometí con ella.
A veces mi hermana piensa con las entrañas y no con la cabeza. Si alguien le estorba o simplemente se ensaña con ella, no terminará su labor hasta acabar con todo y en definitiva Thiora se ha convertido en algo personal.
—Eres brillante cuando te lo propones, hermanito.
Sirve dos tragos del bar, le da un ligero sorbo al suyo y me ofrece el otro. Ya he aprendido en este tiempo que no es bueno aceptar y beber lo que me ofrece, así como lo es rechazarlo y es por eso que lo acepto, pese que no lo bebo. Únicamente lo humedezco entre mis labios, sin embargo, eso es suficiente distracción para que ella se sienta sobre mis piernas y enrosque sus brazos en mi cuello—. Sabes lo que he pensado.
—¿Qué?
Contengo las ganas de arrojarla al suelo.
—Cuando tengamos a Clamor podemos ir allá y vivir tú y yo juntos sin todos los molestos residentes del alcázar.
—¿Clamor? —le veo sorber otro trago de licor—. Creí que habías dicho que la dejaríamos en paz.
—Eso sería equivalente a debilidad, Thiori. El equilibrio no me dio un poder como este para llegar hasta aquí.
—Pero sabes bien lo que esa nación nos ha costado —le protesto con la vista fija en su ojos.
—Y aún con ello obtuvimos al destello ¿no? Leí el informe esta mañana y hemos obtenido a nuestro primer poblado de aquellas tierras con el tunel de la fortaleza que le sacaste a la clamoriana antes de nuestro regreso. El avance es minúsculo, lo acepto, pero cada vez estamos más cerca de conocer el secreto de impregnar magia en armas.
Niego con la cabeza en un suspiro. De tenerlo ya no existiría nadie que la detuviera y eso me ataría a ella. Intento persuadirla.
—Nos llevará años con suerte conseguir aquello, hermana. Sólo altos mandos deben reservar aquel secreto.
—Quizá, pero no olvides que poseemos una gran cantidad de sus ciudadanos a los que se les puede extraer hasta última gota de verdad. Alguno deberá de saber algo. Tal vez la idiota del destello sepa algo por igual. Finalmente, es la heredera de uno de sus quince o veinte clanes.
—Casas, Clamor se rige por casas.
—Como sea —le enfurece que la corrijan y es por ello que arroja el vaso ya vacío en la alfombra. No se estrella, pero la amenaza es clara—. Pareces estar muy atento en saber cosas del país de Thiorita ¿no?
—Porque soy el mariscal de tu imperio y eso implica que debo concoer absolutamente todo de la nación que vamos a atacar. No te confundas. No lo hago por placer.
Azotó el vaso sobre la mesita más próxima con el pretexto perfecto para no beber su contenido.
—Bien, no te enojes conmigo —ella parece apaciguar su temperamento—. ¿ Es que no crees que nuestro padre estaría orgulloso de ambos por nuestro compromiso ante este imperio?
Guardo silencio por breves segundos. Sopeso la pregunta como su respuesta.
—Lo estaría, sí —muy a mi pesar mi padre es y será mi ejemplo a seguir. Alguien que me ofreció amor, incluso con mis deficiencias—, pero no lo estaría de esto, Prosperina —intento alejarla y levantarme, porque fue justo después de su muerte que sus insinuaciones ante mí se volvieron actos y comenzamos lo que sea que pueda definirse esto—. Incluso si gobernaras el mundo entero no lo aprobarían.
—Por eso yo seré el mundo —sus dedos acarician mi mejilla y mentón—. ¿Es por ello que reniegas? ¿Piensas que mi padre no lo aprobaría?
«No, reniego porque no me gusta lo que me obligas que seamos»
—Sí mi madre despertara no quisiera que pensara mal de ti. Ni ella ni el resto. Yo puedo cargar con la culpa, pero no tú.
Miento. Es mucho más sencillo de esa manera, pues la última vez que le enfrenté terminé drogado y despertando a su lado. Usará su magia para dominarme y mi voluntad es lo único que me resta en este sitio. Sin embargo, mis palabras alimentan su fe de que la amo de una forma que nunca podré hacerlo. En algunas ocasiones, me permito sentir compasión por ella. No fue sencilla su vida y responsabilidades que tuvo que cargar por el poder que el equilibrio le concedió. Nadie es dueño de la vida que se obtiene al nacer, pero si de no hacer nada al respecto para cambiarla, y es por ello que me prometí colaborar en destruirla.
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sistema de magia, proximidad forzada, bandos enemigos de la guerra
Editado: 06.03.2026