Una Amiga para Aaron

CAPÍTULO 3

Capítulo 3

Aaron

«¡¿En qué estaba pensando?!» «¡¿Besarla?!» «¡¿Cómo se me había ocurrido semejante disparate?!»

Éstas y mil preguntas más me asaltaban mientras conducía de regreso a mi casa.

«¡Con suerte, si me tiene un poco de piedad me disculpará el atrevimiento y seguirá siendo mi amiga!»

No podía sentirme más desquiciado. Reconocía que me gustaba Sussy. Me gustaba ella, su personalidad y todo lo que representaba. Pero tenía que estar seguro de estar enamorado antes de arriesgarme a romper una amistad que era tan valiosa para mí.

Al día siguiente la esperé, como siempre, a la salida de clases y comprobé cuán fácil era hablar con la gente sin mirarla a los ojos.

Ayudó mucho que viniera acompañada por dos compañeras suyas que se sumaron a nuestro encuentro habitual a la salida de clases.

—Dime, Aaron –inquirió Leah, una de las chicas, apenas nos instalamos en la cafetería–, ¿a qué discoteca vas los fines de semana?

—No voy a discotecas.

—¡¿No vas?! –exclamó Emma, la otra chica– ¡¿Y qué haces entonces?!

—Descanso y estudio. El trabajo me ocupa tiempo en la semana.

—¡¿Trabajo?! ¡¿Tú trabajas?!

—¡Eres toda una sorpresa! ¿En qué trabajas? –inquirió Leah.

—En la empresa de mi padre. Soy asistente en el departamento de Ingeniería.

—¡¡¡Wow!!! –exclamaron al unísono.

Por el rabillo del ojo pude ver que Sussy se reía con disimulo.

—¿En qué materias coinciden con Sussy? –les pregunté para desviar su atención de mí, porque hacía que me sintiera incómodo.

—En Matemáticas y Física I.

—No nos destacamos como Sussy pero sobreviviremos.

No pude evitar sonreír orgulloso de mi amiga.

—¿Así que Sussy se destaca? –pregunté como para decir algo.

—¡Claro! Desde que respondió en Matemáticas el profe no deja de mirarla.

Mi ceño se frunció involuntariamente. Que yo supiera, Sims jamás le prestaba atención a ningún alumno. Un temor repentino se instaló en mi pecho. Recordé lo aterrada que salió Sussy el día anterior y rogué que ese sujeto no se pusiera en su contra y perjudicara su primer año.

* * *

Sussy

El resto de la semana Aaron estuvo esquivo, lo que me llevó a pensar que se arrepentía de aquel beso, y si así era, lo mejor sería que yo también lo olvidara.

No imaginaba en ese momento que, cuanto más pasara el tiempo, me sería imposible olvidarlo.

El viernes, Leah y Emma se acercaron a mí y me hablaron como si nos conociéramos de toda la vida.

—Dime, Susan…

—Sussy.

—Dime, Sussy –se corrigió Leah con una amplísima sonrisa–, ¿cómo es que conoces a Aaron Beckett?

—Somos amigos –le respondí–. Él me ayudó a prepararme para el ingreso.

—¡Qué afortunada! Más de una chica querría estar en tu lugar. ¿Es tan rico como dicen?

—¿Cómo es su casa? Dicen que es una mansión de película –agregó Emma.

—Es muy linda, sí –les dije con una sonrisa incómoda.

—¡Dicen que es heredero de una fortuna incalculable! Bueno, él y sus hermanas.

—No lo sé, chicas. Recuerden que no soy de acá, no sé mucho de lo que se dice de ellos. Sólo sé que Aaron es un gran chico, amable y divertido.

—La incógnita es cómo lo conociste, ya que no sale a ningún lado.

—Fue por azar –repliqué para no entrar en detalles.

—¡Preséntanos, Sussy, por favor!

—¡Por favor! –reforzó Leah.

Así fue cómo Leah y Emma comenzaron a formar parte de nuestros encuentros diarios en la cafetería del campus, y, al parecer, a Aaron no lo incomodaba, así que fui feliz por él.

El lunes siguiente comencé a alejarme un poco más.

* * *

—¡Señorita Brooks! –exclamó con gravedad el profesor Sims en cuanto sonó el timbre que indicaba el fin de la clase y los alumnos ya comenzaban a llenar los pasillos hacia la salida.

Yo no había vuelto a responder ninguna pregunta en su clase a pesar de que cada vez que él preguntaba me miraba directamente, así que no entendía por qué me había llamado. Sin embargo, aunque temblando nerviosa, me dirigí hacia su escritorio.

—Sígame a mi despacho –ordenó.

Lo seguí en silencio, en tanto le enviaba un breve mensaje a Aaron.

—Iré más tarde.

Tras recorrer un largo pasillo, nos detuvimos frente a una sólida puerta de madera que él abrió, la sostuvo para darme paso y la cerró detrás de mí.

Pensé que si gritaba tras esa puerta nadie me escucharía.




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