Una Amiga para Aaron

CAPÍTULO 10

Capítulo 10

Aaron

—¿Qué haces aquí? –preguntó el profesor Sims, de pie en la puerta del cuarto de hospital, enfrentándome con actitud intimidante.

—Vine a ver a Sussy –le respondí con firmeza.

—Ella está bien. Ya puedes irte.

Me sorprendió la hostilidad del hombre. Cuando era su alumno, jamás había tenido problemas con él y esa actitud suya me resultaba incomprensible.

Aun así, esa noche, dadas las circunstancias, no le permitiría que me intimidara. Sussy era más importante que él y todas sus rarezas.

—Sólo me iré si ella me lo pide –repliqué hosco.

En ese momento, Hazel abrió la puerta del cuarto y me llamó.

La seguí y ella cerró detrás de mí sin hacer ruido.

—Me molesta ese hombre –susurró–. Quería hacerse cargo de mi hermana pero no se lo permití. Parece que quisiera aislarla de todos y no se mueve de la puerta.

»Ven. Ahora está dormida, pero quiero mostrarte algo.

Nos acercamos a la cama donde Sussy dormía con su mano conectada a una bolsa de suero.

Su mejilla izquierda se veía ligeramente morada, y Hazel levantó con cuidado la manga de la bata para revelar unas marcas aún más oscuras en sus brazos.

Miré a Hazel inquisitivamente.

—Ella dice que se cayó, pero yo creo que él la golpea –explicó empezando a llorar en silencio–. Mañana la atenderá una psicóloga, por lo de… ya sabes…, pero dudo que ella quiera denunciarlo.

Una punzada en el pecho de pronto me impidió respirar. ¿Cómo podía ser que Sussy hubiera terminado en esa situación?

—¿Qué haces aquí? –la escuché musitar desde la cama.

Volteé a verla. Al parecer acababa de despertar.

—Vine a verte –le dije con una sonrisa, de pie a su lado, tomando con ternura su mano.

—No debiste venir –replicó ella quitándola suavemente.

Sus ojos, de súbito, se llenaron de lágrimas y entonces levantó su mano libre y se tapó el rostro.

Me senté a su lado y esperé.

Al cabo de unos minutos ella quitó su mano y me miró.

—Gracias por venir –musitó–, pero no te preocupes por mí. Vete y descansa.

—¿Por qué no me preocuparía? –le dije bajo–. Para mí sigues siendo mi amiga, aunque no nos veamos mucho.

Ella sonrió con tristeza.

—Deja de ser tan bueno conmigo, Aaron. No lo merezco, créeme.

—¿No se te ha ocurrido pensar que quizás estés equivocada? Si no lo merecieras no tendrías a tanta gente preocupada por ti. Mira a tu hermana, está hecha un hato de angustia. Mírame a mí y a toda mi familia. Estamos todos preocupados por ti. Y si te queremos tal vez lo merezcas. ¿No crees?

—Tú no sabes.

—Es cierto, no sé muchas cosas, pero si la causa de tu angustia es ese tipo que está ahí afuera, yo me encargo de él.

—¡¿Está aquí?! –inquirió con expresión de espanto–. ¡Vete, Aaron! ¡Vete ya!

Su reacción me lo confirmaba: la causa de todos sus males era ese sujeto. Comprendí de inmediato que no en vano había agregado el saco vox en el gimnasio de casa. El destino y las prácticas de los dos últimos años me habían estado preparando para este momento.

—Está bien –le dije con dulzura–, me voy si así lo prefieres. Pero cuídate. Nos veremos pronto.

»Cuídala –agregué dirigiéndome a Hazel, tras lo cual salí del cuarto cerrando con suavidad la puerta.

Apenas estuve en el pasillo miré al profesor, quien me devolvió la mirada con expresión asesina.

No lo pensé dos veces. Apreté mi puño, me acerqué a él y lancé el golpe directo a su cara, con tanta fuerza que sentí el “crack” de su nariz antes de ver la sangre.

Su primera reacción fue de confusión, por lo que solo atinó a llevarse la mano a la nariz.

—¿Eres tan poco hombre que solo te atreves con las mujeres? –le dije con voz sibilante, provocándolo a reaccionar.

No le llevó mucho tiempo. Enseguida lanzó un puñetazo que frené con mi brazo izquierdo, mientras lanzaba a mi vez un golpe de puño directo a su estómago.

El profesor se dobló en dos luchando por recuperar el aire, en tanto yo lo tomaba de la nuca presionando hacia abajo y acercándome a su oído le susurré:

—Atrévete otra vez con ella y verás de lo que soy capaz.

Dicho esto, salí del hospital y regresé a mi casa.

Mientras conducía, comencé a planear cómo volver a acercarme a Sussy aunque ella se resistiera. Protegerla debía convertirse en mi prioridad.

* * *

Sussy

Al día siguiente, después de la primera sesión de terapia, me dieron el alta. Hazel me ayudó a recoger mis cosas y fuimos juntas a su apartamento.

—Escucha, Sussy –me abordó apenas entramos–. Yo no soy psicóloga ni nada por el estilo, pero quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti. Y que todo en la vida, mientras estemos vivos, se puede solucionar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.