Capítulo 21
Cinco meses después
Sussy
Aaron apretó fuertemente mi mano mientras mirábamos en la pantalla esa formita humana chupándose el dedo.
Ninguno de los dos hablamos; la emoción estaba atascada en nuestras gargantas.
—Liam está perfecto –dijo la doctora deslizando el dispositivo por mi vientre mientras analizaba la pantalla–. Miren, aquí está el perfil de su cara. Todo se ve perfecto. Está creciendo muy bien y miren cómo abre y cierra los ojos. ¡Vaya! Es un bebé muy activo, ¡se nota que está cómodo ahí dentro!
Por el rabillo del ojo vi a Aaron secarse las lágrimas, al tiempo que yo hacía lo mismo.
—¿Cuándo podemos hacer una prueba de ADN, doctora?
—¿Por qué? –preguntó ella volteando a verme con preocupación–. ¿Temes que herede alguna condición genética que yo desconozca?
—¡No! Sólo quiero una prueba de paternidad.
—Eso ya puede hacerse con un método no invasivo –respondió ella viéndose más tranquila–. Sólo necesitamos una pequeña extracción de sangre tuya pero además una muestra de saliva del padre –concluyó mirando a Aaron–. ¿Quieres que lo hagamos ahora?
—Sí, doctora.
—Pero… –intentó protestar Aaron.
Sólo lo miré y él comprendió que después lo hablaríamos, así que, sin chistar, permitió que la doctora tomara una muestra de su saliva.
—En dos semanas tendremos los resultados –dijo esta al terminar la consulta–. Recuerden que entramos en la recta final. Camina suave, hidrátate bien y no olvides tus vitaminas.
»Y tú –agregó dirigiéndose a Aaron–, ante cualquier emergencia, la llevas directo a urgencias y me llamas. ¿De acuerdo? A la hora que sea.
* * *
—¿Qué fue eso? –inquirió Aaron antes de encender el motor de su coche.
—¿Qué?
—¿Por qué una prueba de ADN?
—Quiero saber quién es el padre.
—Pero… ¿no está claro?
—No. Sé que debí decírtelo antes, pero me sentía muy mal al respecto. Ahora, que ha pasado el tiempo y el nefasto está en prisión, voy a contarte esta duda que me produce angustia.
»De acuerdo con las semanas de gestación según la primera ecografía, es posible que el bebé sea tuyo, Aaron. De aquella última vez en tu cuarto. Ese mismo día Adrian abusó de mí.
Respiré hondo mientras veía el rostro de Aaron contraerse de dolor.
—No puedes culparme por querer saber si este niño es fruto del amor o del odio.
—No te culpo. Pero te pregunto: si llega a ser de él, ¿eso cambiará lo que sientes por ese pequeño?
—No lo sé –musité–. Hasta ahora lo he amado imaginando que es tuyo.
—Escucha, Sussy –dijo con ternura, tomando mi mano–. Liam ya es nuestro. Lo amamos y lo seguiremos amando sin importar quien lo haya engendrado. Desde que tú me aceptaste como su padre, no necesito ninguna prueba genética para amarlo más de lo que ya lo amo.
—Y te amo más por eso –musité con lágrimas en los ojos–.
»Vamos por esa cuna.
Los ojos de Aaron brillaron con una chispa de felicidad, y encendió el motor para arrancar de prisa rumbo al centro comercial.
* * *
—Permiso –dijo tímidamente Lycia, asomando la cabeza por la puerta semiabierta de mi cuarto.
—Pasa.
Tras esto, entraron las dos niñas, hermanas de Aaron, con un paquete grande en sus manos y una sonrisa de sol en sus caritas.
—Traemos un regalito para Liam –explicó Leah.
Las recibí con un beso a cada una y abrí de inmediato el envoltorio.
—Es para la cuna –aclaró Lycia.
—¡Le encantará! –exclamé al ver el móvil musical en colores azules, naranjas y blancos–. ¡Muchas gracias! Liam será muy afortunado de tenerlas en su vida.
—¡Podemos cuidarlo! –agregó Leah con entusiasmo–. Ya sabemos cuidar al bebé de tío Noah.
—¡Por supuesto! Estoy segura de que lo hacen muy bien. ¡Serán unas tías estupendas!
Las dos pequeñas se llenaron de orgullo y me ayudaron a armar el móvil sobre la cuna.
Todo estaba preparado. Hasta el amor. Sólo faltaba esperar.