Una Amiga para Aaron

CAPÍTULO 22

Capítulo 22

Aaron

—Estoy aterrado, papá.

Mi padre me observó desde el otro lado de su escritorio con su calma habitual.

—¿A qué le temes, hijo?

—A no poder ser ni la mitad del padre que tú fuiste para mí.

—Estoy seguro de que serás mejor. No tienes que imitar a nadie, Aaron, sólo actúa con el corazón. Sé que amas al hijo de Sussy; con eso ya tienes suficiente para empezar a ser padre.

—¿Y si me equivoco?

—Todos nos equivocamos alguna vez. Errar es humano. Pero te aseguro que el amor te guiará en este camino.

»Además, eres un Beckett, Aaron. Formas parte de una familia que funciona como equipo. Nos ayudamos y nos apoyamos en todo, siempre, así que no estarás solo en esto. Y ese niño también será un Beckett, será parte de nuestra familia ya sea que te cases o no con su madre en el futuro.

»Estaremos siempre para apoyarte.

La plática con mi padre no logró tranquilizarme. Tenía miedo de no ser lo suficientemente maduro para ser el padre de ese niño, aunque estaba convencido de que era mejor yo que el canalla de Sims.

El nacimiento estaba próximo y la ansiedad se acrecentaba, aún así aprendí a fingir calma ante Sussy. Después de todo, ella también era muy joven y seguramente estaba tan aterrada como yo.

* * *

Sussy

—Estoy aterrada, June.

La amiga de mi hermana me miró con una sonrisa desde el sillón en el que se encontraba amamantando a su bebé.

—Claro que lo estás, cariño. Y eso es señal de que serás una buena madre.

La miré sin comprender, ya que era justamente eso lo que me aterraba: no llegar a serlo.

—Si estás aterrada es porque eres consciente de tu responsabilidad –me explicó ella–, y justamente por eso lo harás bien.

»Además, recuerda que nos tienes a nosotras. Entre todas te ayudaremos.

Me consolaba saber que ahora estaba contenida. Ya no me sentía sola. Hazel, June y Grace estaban siempre cerca, haciéndome saber que estaban allí para mí.

¡Y Aaron! Tanto él como su familia me habían integrado como una más, y me cuidaban como si fuera de cristal. No me permitían ayudar en la cocina -aunque yo lo hacía de todos modos-. Ni siquiera podía limpiar sola mi cuarto. Siempre que tomaba una escoba o un plumero, se hacía presente alguna de las chicas y lo hacía por mí.

Por eso, a pesar de los tres millones de dólares que los Sims me habían pagado por orden del juez -por daños físicos y emocionales-, yo no me mudaba a un apartamento propio; prefería permanecer rodeada de gente que nos protegiera a mi bebé y a mí, y nos ofreciera, de alguna manera poco convencional, una familia.

Después de platicar con June, la dejé a solas con su bebé y me dirigí a la cocina para ayudar a Ruth con el almuerzo.

—No te molestes –me dijo ella con amabilidad–, lo tengo todo controlado.

—Estoy segura de eso, pero quiero ayudar de todos modos. Sobre todo porque soy la causante de complicarte el trabajo. Tú concéntrate en esas codornices y yo preparo lo mío. ¿Qué tienes pensado?

—Para ti quiero hacer un Wellington; pensaba rellenarlo de boletus, portobellos y trufa negra; sin el vino tinto, por supuesto.

—Perfecto. Yo me ocupo de eso, pero tendrás que guiarme porque no tengo idea de cómo hacerlo.

Ambas reímos, y Ruth comenzó a guiarme.

—¡¿Qué haces?! –sonó la voz de Aaron a mis espaldas.

—La señorita no puede quedarse quieta –se apresuró a explicar Ruth.

—¡Ya me lo imaginaba! –dijo él, riendo–. Sussy, ¡no debes cansarte!

—Esto no me cansa, le hace bien a mi salud mental.

—¿Y por qué no salimos a caminar? –insistió él.

—¿Qué opinas –repliqué volteando a verlo con una sonrisa– si después de almorzar vamos a caminar al bosque?

Aaron sólo me miró sin responder. Al parecer, de pronto había perdido la capacidad de hablar, por lo que, después de algunos segundos asintió en silencio y salió disparado de la cocina.

Me extrañó su actitud, pero la analizaría más tarde.

* * *

Después del almuerzo, ayudé a las chicas a recoger la mesa -tarea a la que Aaron se sumó-, y salimos al patio posterior, colindante con el bosque de pinos.

—Caminemos por el jardín –dijo él–. El bosque puede no ser tan seguro para caminar.

—¿Tienes miedo de que tropiece?

—¡Claro!

Lo miré con coquetería, en contra de mi voluntad. El embarazo y la proximidad de Aaron tenían a mis hormonas completamente descontroladas.

—Si tú estás a mi lado estoy segura de que no caeré –musité.

Por segunda vez en ese día, Aaron enmudeció y se vio turbado, y luego me tomó del brazo y juntos caminamos hacia el bosque.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.