Renata
Unas horas antes.
Encontrarme con los padres de Lucas en la entrada del hotel no era una buena señal.
¿Acaso saben que planeo asesinar a su hijo?
No pueden acusarme sin pruebas.
Además, todavía no hay cuerpo. Tomo la escopeta y se la paso a Anabel, que también tiene la boca abierta por la sorpresa.
—¿Señores Walker? —aclaro la garganta—. ¿A qué debo el honor de su visita?
—¿Podemos pasar? Nos gustaría hablar contigo.
Le doy una mirada a mi mejor amiga, ella asiente discretamente. Ambas nos hacemos a un lado para permitirles entrar. Me tenso cuando la señora Walker comienza a observar el interior del hotel.
La vergüenza me cae encima como una losa.
Las paredes necesitan pintura, algunas lámparas no funcionan y el desgaste de los años es imposible de ocultar. Hace tiempo que dejé de ver los defectos porque vivo aquí, pero observándolos a través de sus ojos vuelven a ser evidentes.
Los conduzco hasta mi pequeña oficina, que tampoco está en mejores condiciones.
Anabel corre a buscar un par de sillas porque solo tengo una y no es precisamente confiable. De hecho, estoy bastante segura de que podría romperse en cualquier momento y podría lastimar a alguien.
Debería regalársela a Lucas, solo por si acaso.
—¿Desean algo de tomar? —pregunta Anabel—. ¿Agua?
Claro.
Porque es lo único que tenemos.
—No te preocupes, estamos bien —responde la señora Walker con una sonrisa amable.
Mi amiga me lanza una mirada, yo le devuelvo otra cargada de advertencia. Ni se le ocurra dejarme sola con ellos. Anabel capta el mensaje y se queda apoyada contra una pared con los brazos cruzados.
—¿Sucede algo? —pregunto, intentando no parecer nerviosa.
No es fácil tener tan cerca a los padres de tu archienemigo.
¿Será que el idiota fue a llorarles porque lo maltrato?
No lo creo, ya no estamos en el jardín infantil.
—Bueno, no sabemos muy bien cómo comenzar —dice la señora Walker mientras intercambia una mirada con su esposo.
Eso definitivamente no mejora mis nervios.
—Hemos venido a pedirte ayuda.
Parpadeo.
—¿Ayuda?
—Sí. Verás, estamos preocupados por Lucas.
Ahora soy yo quien mira a Anabel, ella parece tan confundida como yo.
—Sabes que nuestro hijo es un poco terco.
—¿Un poco?
Anabel suelta una carcajada, yo le doy una mirada para que se calle.
—Continúe.
—Lleva muchos años solo. Su padre y yo creemos que todavía sigue aferrado a una relación del pasado, a Jessica su ex.
—¿Jessica? —pregunto tratando de recordar donde escuche ese nombre.
—Sí, Jessica.
Frunzo la nariz.
—¿La rubia?―Pregunta mi amiga igual de confundida.
—La misma.
—¿La que hablaba con voz chillona? —pregunta Anabel.
—¡Esa! —exclamo señalándola.
Las dos nos miramos y empezamos a reír.
—Ya la recuerdo.
La señora Walker suspira.
—Creemos que Lucas no ha conseguido seguir adelante.
—¿Y qué tengo que ver yo con eso?
Los señores Walker vuelven a intercambiar una mirada, una mirada que no me gusta absolutamente nada.
—Creemos que eres la única persona capaz de ayudarnos.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Yo?―Me señalo.
—Sí.
—Creo que no escuchó bien. Pregunté si hablaba de mí.
Anabel ríe en el rincón.
—Hablamos de ti.
Me quedo observándolos durante varios segundos, no sé si al despertar lo hice en la dimensión desconocida.
Luego señalo mi pecho.
—¿Renata Salazar?―Pregunta Anabel.
—Sí.
—¿La misma Renata Salazar que su hijo no soporta?―Vuelve a preguntar mi amiga.
—Esa misma.
—¿La que él llama cucaracha?
—Sí.
—¿La que intentó golpearlo con una escoba el año pasado?
—Fue un accidente―Digo excusándome.
—Le perseguiste durante tres cuadras.
—Porque se estaba escapando―Me recuerda mi amiga.
Cruzo los brazos molesta.
—. ¿Qué quieren exactamente?
Anabel se despega de la pared y se para a mi lado.
La señora Walker inspira profundamente.
—Queremos que hagas que Lucas vuelva a enamorarse.
El silencio que sigue es absoluto, luego Anabel se atraganta. Yo la miro y ella me mira y ambas estallamos en carcajadas.
—¡No hablan en serio!
—Sí hablamos en serio.
Eso solo consigue que me ría más fuerte.
—Esperen, esperen —me limpio una lágrima de la esquina del ojo—. ¿Quieren que enamore a Lucas Walker?
—Exactamente.
—No.
La respuesta sale inmediata.
—Renata...
—No.
—Escucha la propuesta completa.
—No necesito escuchar nada.
—Te pagaremos.
Abro la boca para volver a negarme.
Entonces el señor Walker coloca una carpeta sobre el escritorio, la abre lentamente y desliza un cheque hacia mí.
Mi corazón se detiene.
Porque reconozco esa cifra y también sé exactamente todo lo que podría salvar.
—Te pagaremos. Se que necesitas dinero.
Mi corazón se detiene.
—¿Esto es real?―Pregunta Anabel agarrando el cheque.
—Completamente real.
Trago saliva poniéndome seria.
—¿Y qué tendría que hacer exactamente?
La señora Walker sonríe.
—Necesitamos que Lucas vuelva a enamorarse.
—Ya dijeron eso.
—Y también necesitamos que deje de vivir solo.
Frunzo el ceño.
—Eso sigue sonando igual de loco.
—Renata, nosotros no estaremos aquí para siempre― Su voz pierde parte de la alegría —Lucas es nuestro único hijo― Por primera vez noto el cansancio en sus ojos―Siempre soñamos con verlo casado, feliz y formando una familia propia.
—Pero Lucas no quiere nada de eso —dice Anabel.
—Lo sabemos.
El señor Walker suspira.
—Y precisamente por eso estamos aquí.