Una apuesta con el vaquero

Capitulo 16

Renata

No puedo que este haciendo esto.

Es por el hotel, me digo una y otra vez.

—¿Qué está pasando aquí?

Respira y actúa como si estuvieses actuando en la mejor película del año.

—¿Renata? —pregunta fingiendo sorpresa la señora Walker—. ¿Qué haces ahí arrodillada?

—Lo... lo siento, señora Walker―Empiezo a llorar digna de un oscar —Vine a pedirle trabajo a su hijo, pero él no ha hecho más que humillarme y tratarme mal― Sollozo―Me dijo que si quería trabajo debía arrodillarme y suplicarle.

—¿Qué?

—Incluso sugirió que debía lamer sus botas.

—¡¿QUÉ?!

—¡LUCAS WALKER!

—¡ESO ES MENTIRA!

—Yo solo quería trabajar —Sigo con mi drama—. No sabía que pedir ayuda era tan humillante.

—Mamá, no le creas.

—¿Cómo puedes decirle algo así a una mujer?

—Porque jamás ocurrió.

—¡No mientas!

—¡No estoy mintiendo!

No se como hago para no reír, esto sin duda es para matarse de risa al ver la cara del idiota. Sus padres no hacen mas que reprenderlo mientras yo me sigo haciendo la víctima.

Justo como lo habíamos planeado.

—Yo... siento mucho ocasionar problemas. Solo vine porque necesitaba trabajo. El hotel requiere muchas reparaciones y no tengo dinero para hacerlas. Por eso vine a pedirle ayuda a su hijo, pero como siempre termina humillándome y haciéndome daño.

Hipo limpiando mis falsas lagrimas.

—Cariño, lo siento mucho.

—Sé lo difícil que la estás pasando. He escuchado que el hotel no atraviesa un buen momento, pero no debes preocuparte.

—¿De verdad?

—Por supuesto que sí.

—Mi hijo estará encantado de darte trabajo.

—¡¿Qué?!―Grita —Mamá, no.

—Mamá, sí.

—Papá.

—Tu madre tiene razón.

Lucas se pasa la mano por el rostro, esta perdiendo la cordura y me encanta ser yo quien lo ocasione.

No crean que esto se va a quedar así después de todas las que me ha hecho, especialmente la de anoche, cuando fue un pervertido y quiso quitarme la ropa.

Bueno, no sé si fue exactamente así.

Anabel me ha repetido una y otra vez que fue ella quien me cambió de ropa y que Lucas desapareció después de dejarme en la cama, pero tengo un recuerdo borroso de verlo de pie observándome como un degenerado.

O quizás solo lo imaginé.

Con la cantidad de alcohol que tenía encima, tampoco puedo confiar mucho en mis recuerdos, pero no importa. Ahora tengo una misión que cumplir.

No importa si tengo que sacrificarme por el bien del hotel. Mientras lo hago, tampoco voy a desaprovechar la oportunidad de sacarme el clavo y hacerle la vida imposible al idiota.

—¿Saben qué? Hagan lo que se les dé la gana. Me voy a dormir― Gruñe molesto, se da la vuelta y comienza a subir las escaleras.

Lo último que escuchamos es el portazo de su habitación.

—Debería darles unos azotes por hablarles de esa forma —digo negando con la cabeza—. Por doscientos dólares puedo hacerlo por ustedes. Es más, ofrezco servicio de disciplina. En unos días lo tendrán perfectamente adiestrado.

Los Walker sueltan una carcajada.

—No creo que eso funcione con Lucas —dice el señor Walker.

—Funcionaría mejor de lo que cree.

—Buena suerte. Será mejor que nos vayamos —dice la señora Walker antes de acercarse para abrazarme.

Me da un beso en la mejilla y aprieta mis manos entre las suyas.

—Por favor, no se maten —murmura el señor Walker.

—No prometo nada. Recuerden que ustedes nos metieron en esto.

Ambos intercambian una mirada preocupada.

Estoy segura de que tarde o temprano se arrepentirán de esta decisión, pero ya es demasiado tarde para echarse atrás.

El dinero ya está en el banco.

Antes de aceptar me aseguré de que la transferencia fuera real y de que no existiera ninguna posibilidad de que desapareciera mágicamente. Ahora necesito dinero para la remodelación y voy a conseguirlo gracias a Lucas y a sus padres.

Después de todo, esto ya es un trabajo.

Cuando la puerta principal se cierra detrás de ellos, me quedo sola en la sala. Observo el lugar con atención, la habitación es sombría y carece de cualquier toque familiar.

Hay dos sillones viejos frente a una televisión que estoy casi segura de que ni siquiera funciona, una mesa de madera con cuatro sillas y poco más, no hay fotografías, no hay cuadros, no hay adornos. No hay nada que haga sentir que alguien vive aquí.

Para ser un hombre con tanto dinero, Lucas tiene un gusto terrible para decorar o quizá simplemente pasa tan poco tiempo en casa que nunca le ha importado convertirla en un hogar.

La idea me hace arrugar la nariz.

No.

Definitivamente es porque es un tacaño.

Me quedo un momento pensando qué hacer primero, si continuar limpiando o preparar la cena. Al final decido ir a la cocina.

Abro la nevera y descubro que está prácticamente vacía. No hay frutas, verduras ni ingredientes para cocinar. Solo encuentro varios recipientes con comida congelada, entonces recuerdo algo que me dijo la señora Walker.

Ella le prepara la comida de toda la semana y Lucas simplemente la calienta cuando tiene hambre. No sé cómo puede vivir así, a mí me gusta la comida fresca, recién hecha y con olor a hogar.

Saco lo que parece ser un bistec con verduras y lo pongo a calentar.

No sé a qué hora bajará a cenar, pero quiero tener todo listo para cuando aparezca y no tenga ninguna excusa para echarme. Aprovecho el tiempo para seguir limpiando, busco una cubeta, jabón y unas esponjas y me pongo manos a la obra. Estoy tan concentrada que no me doy cuenta de cuánto tiempo pasa hasta que escucho unos pasos.

Levanto la vista.

Lucas está de pie en el umbral de la sala observándome. Se ha dado un baño y lleva ropa limpia, aunque algo arrugada.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.