Lucas
Subo las escaleras y me encierro en mi habitación.
Voy directo al baño, me despojo de la ropa y entro bajo la ducha. Cierro los ojos mientras el agua caliente cae sobre mi cuerpo. Poco a poco siento cómo mis músculos se relajan después de la vergüenza.
Sin embargo, mi cabeza sigue dándole vueltas a lo ocurrido.
Lo que más me fastidia es que Renata se haya dado cuenta de que, de algún modo, necesito ayuda.
Bueno... tampoco es que la necesite.
Podría contratar un equipo de limpieza para que se encargara de la casa, pero odio tener extraños caminando por aquí. No me gusta que la gente husmee entre mis cosas, por eso construí la casa lejos de los corrales, los establos y los graneros. Incluso mis trabajadores permanecen en esa zona y rara vez vienen hasta aquí.
Me gusta mi espacio, mi silencio, mi tranquilidad. Entonces...
¿Por qué con Renata no siento esa misma incomodidad?
Quizá porque la conozco desde hace muchos años, la respuesta parece lógica. Aunque no termina de convencerme.
Cierro el grifo y salgo de la ducha.
Mientras me seco, observo el baño y luego recuerdo el estado de la sala. Quizá debería cambiar los muebles, el sofá ya está viejo. Las cortinas necesitan reemplazo y la casa, en general, pide una buena limpieza.
Nunca le he prestado demasiada atención.
Soy un hombre soltero que pasa casi todo el día trabajando en el campo. Cuando regreso a casa solo ceno, me ducho y me acuesto a dormir. No recuerdo la última vez que encendí el televisor, ni la chimenea. Ni siquiera sé si el equipo de sonido sigue funcionando, siempre hay algo más importante que hacer.
Termino de vestirme, solo me pongo la ropa interior. Normalmente duermo desnudo, pero teniendo a Renata en la casa...
Ni loco.
Conociéndola, sería capaz de prenderle fuego a la habitación solo para obligarme a salir corriendo. Me acuesto boca arriba y fijo la vista en el techo, intento dormir, pero no puedo.
Entonces escucho sus pasos en el pasillo.
Sin saber por qué, cierro los ojos fingiendo que ya estoy dormido. Es absurdo, después de todo, ella no va a entrar en mi habitación.
¿...O sí?
Mi corazón da un pequeño salto, escucho cómo abre una puerta, luego otra y otra más. Permanezco completamente inmóvil hasta dejo de respirar cuando sus pasos se detienen frente a mi habitación.
Pasan unos segundos que parecen eternos. Después vuelve a caminar y suelto el aire lentamente. La oigo abrir otra puerta, esta vez entra. Cierro los ojos otra vez intentando relajarme, solo necesito dormir.
Un fuerte golpe rompe el silencio, después escucho un grito.
Abro los ojos de inmediato, me levanto de la cama y salgo corriendo al pasillo. Estoy a mitad de camino cuando me detengo en seco.
¿Pero qué demonios estoy haciendo?
Si Renata decide marcharse después de esto... Sería un problema menos para mí. Cambio de dirección y me acerco despacio a la habitación donde entró y apoyo la oreja contra la puerta. Escucho cómo maldice, luego otro golpe, un grito y una nueva maldición.
No puedo evitar sonreír.
Seguro eligió una de las camas viejas, me aparto de la puerta.
Bien merecido por entrometida —murmuro para mí mismo.
Regreso tranquilamente a mi habitación. Con un poco de suerte mañana despertaré y descubriré que Renata Salazar, por fin, decidió largarse de mi casa.
Me levanto con mejor humor pensando que por fin me desacere de ella. me ducho y bajo las escaleras, aun es de noche, me gusta empezar a primera hora del día. bajo las escaleras y me preparo mi café, es lo único que tomo en la mañana, no soy de los que desayunan. Al salir lleno mí y termo y pienso por un momento si le dejo café a la intrusa, pero decido que es mejor que no encuentre nada y así le dé más motivos de salir de mi casa.
son las cuatro de la mañana así que soy de los primeros en llegar al área de trabajo, los trabajadores empiezan a llegar y cada quien saber lo que debe de hacer.
La mañana transcurre con relativa tranquilidad. En unos días llegará un nuevo cargamento de ganado, así que debo dejar todo preparado para recibirlo. Recorro los potreros inspeccionando las cercas, revisando el estado del terreno y comprobando que todo esté en condiciones.
Me gusta hacerlo personalmente.
No importa cuántos años lleve trabajando con el ganado; siempre aparece algún detalle que necesita atención.
Al llegar a la parte norte del rancho descubro varias cercas rotas, si no las reparo a tiempo, alguno de los animales podría escapar.
—Jefe, ya voy para la ferretería por los materiales de la cerca. ¿Necesita que le traiga algo? —pregunta mi capataz.
Me quedo pensándolo unos segundos.
—No. Iré yo mismo.
Él asiente.
—Está bien. Ya le envié la lista a John y él se está encargando de organizar todo para que, cuando llegue, solo sea cargar.
—Perfecto.
Guardo la lista en el bolsillo y camino hacia mi camioneta, podría haber dejado que mi capataz se encargara, sería lo más lógico, pero necesito salir un rato del rancho.
Desde que Renata apareció en mi casa no he conseguido concentrarme del todo, ni siquiera dormí bien, me la pasé dando vueltas y solo hasta tarde de la noche pude conciliar el sueño a pesar de haber estado cansado y me desperté mucho antes de la hora que lo hago normalmente.
¿Por qué demonios sigo pensando en esa mujer?
Enciendo la camioneta y tomo el camino que pasa frente a la casa. No porque quiera verla, solo quiero asegurarme de que se haya ido.
Cuando paso frente a la entrada disminuyo la velocidad por instinto.
Frunzo el ceño.
La vieja camioneta de Renata no está, mi pie se queda suspendido sobre el acelerador. observo la casa durante unos segundos no hay movimiento, no hay ruido, no hay señales de ella.