Gabriel Montiel, era un muchacho despreocupado, que no le tomaba importancia a los sentimientos de los demás, nadie era más importante que el mismo, ante los ojos del mundo, era el muchacho perfecto, buen hijo, buen amigo, el típico chico estrella de futbol de la escuela y asediado por las mujeres, pero que guardaba sus propios secretos como aquel amorío con La hermosa Fernanda Del Castillo, él sabía que ella era capaz de lo que sea por él, confiaba en su amor ciego, se sentía cómodo tenerla en su vida, porque siempre que él quería ella estaba ahí para él, nadie imaginaba que él pudiera ser tan ruin con una mujer que en el fondo amaba, pero era tan egoísta que se rehusaba a dejar que ese amor ganara a su ego, a su prestigio de macho alfa, las mujeres no eran problema para él, todas eran especiales, pero ella ocupaba un lugar que nadie podía ocupar algo que ni siquiera él sabía, pero más tarde que temprano descubría.
Fernanda Del Castillo, era una muchacha ingenua que se había entregado en cuerpo y alma a un hombre, a un amor que creía ella que los uniría para siempre, ella una muchacha dulce, tierna que no creía en la maldad del mundo hasta que escucho aquella conversación, una donde ella era tratada casi como un tapete viejo, uno creado para ser ensuciado y maltratado, escucho ser llamada LA INCONDICIONAL, apodo que la seguiría está en sus peores pesadillas, pero aquel día también tomo una decisión, regresaría el día en que tuviera el poder suficiente para destruir al hombre que la había lastimado de tal forma que la obligo a poner un continente de distancia por no poder soportar esa traición, ese puñal y aquel dolor, sin imaginar que con su ausencia provocaría que un corazón despierte de su letargo, uno que nunca creyó sentir algo así por ella.