Las expectativas.
A veces pesan más que nuestras propias dudas.
Sientes que hay un camino marcado.
Uno que “deberías” seguir.
Uno que parece correcto.
Seguro.
Aprobado.
Tus padres esperan algo.
Tus amigos imaginan algo.
La sociedad sugiere algo.
Y tú…
¿Qué quieres tú?
A veces creemos que si nos salimos del camino trazado estamos fallando.
Que cambiar de dirección es sinónimo de fracaso.
Que dudar significa que no sabemos lo que hacemos.
Pero crecer también es cuestionar.
Tal vez estudiaste algo porque era lo que parecía correcto.
Tal vez elegiste por presión.
Tal vez simplemente no sabías qué era lo que realmente querías.
Y eso no te convierte en un error.
Te convierte en alguien que está aprendiendo.
No importa si tienes 15, 20, 30 o 50.
Mientras estés viva, estás a tiempo.
A tiempo de cambiar.
A tiempo de intentar.
A tiempo de elegir diferente.
El destino es incierto, sí.
Pero cada día trae una nueva oportunidad.
Si hoy no funcionó, mañana vuelve a intentarlo.
Si hoy te equivocaste, mañana sabes un poco más.
Equivocarse no es lo que está mal.
Lo que duele de verdad es rendirse por miedo.
Y muchas veces no nos rendimos por nosotros.
Nos rendimos por no decepcionar a otros.
Pero aquí va algo importante:
La mayoría de las personas que te aman no esperan perfección.
Esperan que seas feliz.
Tal vez no necesitan que sigas el camino que imaginaron.
Tal vez necesitan verte bien.
Entonces vuelve a preguntarte…
¿Estás viviendo la vida que esperan los demás?
¿O estás construyendo la que realmente deseas?
Porque al final del día, la única persona que vive tus decisiones eres tú.
Y si vas a equivocarte,
que sea persiguiendo algo que te mueve el corazón.
No por cumplir un guión que nunca escribiste.
Porque es mejor caerse intentando ser tú
que vivir de pie siendo alguien que no eres.
#1972 en Otros
#384 en Relatos cortos
#5613 en Novela romántica
#1569 en Chick lit
Editado: 21.02.2026