Una chica en sus 20s

Camino

Durante toda nuestra vida, el camino se dibuja casi por inercia: pasamos de la infancia al colegio, y del colegio a la universidad. Siempre hay una ruta trazada, un ciclo que cerrar, un salón nuevo que pisar, notas que sacar y una meta clara esperándonos al final del semestre o del año. Nos enseñaron a caminar sobre rieles seguros, sabiendo exactamente hacia dónde dar el siguiente paso.

Pero de pronto, el último ciclo llega. Los pasillos de la universidad, esos que durante años parecieron interminables, se van vaciando de urgencia y se convierten en recuerdos. Entregas el último trabajo, cierras el último libro, y la gran pregunta se instala en silencio: ¿y ahora qué sigue?

Ese vértigo de no tener un horario fijo, de ya no estar persiguiendo el siguiente grado académico, puede sentirse abrumador. Es totalmente válido mirar al frente y sentir que la brújula se desorienta, porque por primera vez el mapa ya no viene preimpreso; te toca dibujarlo a ti.

Sin embargo, hay algo profundamente hermoso en esa página en blanco. El hecho de que ya no haya un camino obligatorio significa que, por fin, puedes elegir hacia dónde quieres correr. Ya no se trata de cumplir con la expectativa del siguiente nivel escolar, sino de descubrir quién eres fuera de las aulas, qué te apasiona construir y qué huella quieres dejar en el mundo.

Cerrar esta etapa no es perder el rumbo, es graduarte de la seguridad para empezar a ser la arquitecta de tu propia vida. Date el permiso de respirar, de sentir el vértigo sin miedo y de abrazar la hermosa incertidumbre de empezar a elegir por ti misma.



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En el texto hay: poemas, amor, mensajes

Editado: 26.07.2026

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