Una curita para el corazón

CUANDO QUIERES CONVERTIRTE EN EL ORGULLO DE QUIEN TE VIO CRECER (H)

Curita

Ahora que soy un adulto y tú fuiste como un fertilizante para una planta creciente, me convertiré en una flor y seré tu propio camino de flores.

—Jung Ho-Seok (J-Hope)

Cuando somos pequeños, creemos que crecer es algo natural.

Pensamos que simplemente pasan los años.

Que un día somos niños y al siguiente somos adultos.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar en todas las personas que hicieron posible ese crecimiento.

Porque ninguna flor florece sola.

Detrás de cada flor hay una raíz.

Hay tierra.

Hay lluvia.

Hay luz.

Y hay alguien que la cuidó incluso cuando todavía era una pequeña semilla.

Y honestamente... muchas veces esa persona fue mamá.

Ella estuvo ahí antes de nuestros primeros recuerdos.

Antes de nuestros primeros sueños.

Antes de nuestros primeros logros.

Estuvo ahí cuando no sabíamos caminar.

Cuando teníamos miedo.

Cuando llorábamos sin poder explicar lo que sentíamos.

Y aun así nos sostuvo.

Nos protegió.

Nos enseñó a levantarnos una y otra vez.

A veces olvidamos que las madres también tienen miedo.

También se cansan.

También lloran.

También sienten que no son lo suficientemente fuertes.

Pero aun así siguen adelante.

Porque su amor suele ser más grande que sus propios temores.

Y eso es algo extraordinario.

Muchas veces renuncian a cosas que desean para que nosotros podamos perseguir nuestros propios sueños.

Guardán silencio sobre sus preocupaciones para regalarnos tranquilidad.

Sonríen para darnos fuerza incluso cuando ellas mismas necesitan un abrazo.

Y hacen todo eso sin esperar nada a cambio.

Simplemente porque nos aman.

Quizás por eso esta metáfora es tan hermosa.

Porque compara a una madre con aquello que alimenta una planta desde sus raíces.

Con algo que trabaja en silencio.

Que no busca reconocimiento.

Que no necesita aplausos.

Pero que hace posible que una flor pueda crecer.

Y cuando finalmente esa flor florece... lleva consigo una parte de todo el amor que recibió.

De cada sacrificio.

De cada consejo.

De cada abrazo.

De cada uno, yo creo en ti.

Porque el amor verdadero nunca desaparece.

Se transforma.

Crece.

Y florece.

Llega un momento en la vida en el que dejamos de ser los niños que necesitaban protección.

Y comenzamos a preguntarnos cómo devolver un poco de todo lo que hemos recibido.

Cómo agradecer tantos años de amor.

Tantos años de paciencia.

Tantos años de cuidado.

Y quizás la respuesta no esté en los regalos.

Ni en las palabras perfectas.

Quizás la mejor forma de agradecer sea vivir plenamente.

Seguir nuestros sueños.

Levantarnos después de cada caída.

Y convertirnos en personas de las que puedan sentirse orgullosas.

Porque no hay regalo más grande para una madre que ver a su hijo florecer.

Verlo feliz.

Verlo avanzar.

Verlo convertirse en la persona que siempre imaginó.

🌸 Reflexión

Las raíces nunca reciben el crédito que reciben las flores.

Nadie las ve.

Nadie las aplaude.

Pero sin ellas no existiría nada.

Y muchas madres son exactamente así.

La fuerza invisible que sostiene toda una vida.

🩹 Curita para hoy

Agradece a quienes fueron tus raíces.

A quienes te ayudaron a crecer.

A quienes permanecieron contigo incluso en tus peores momentos.

Porque las flores más hermosas nunca olvidan la tierra que las ayudó a florecer.

🌷💜

✍🏻 Para ti…

¿Qué es lo que más admiras de tu mamá o de la persona que estuvo contigo mientras crecías?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.