Una Curvi Para Amar, No Para Jugar (la lista de Christofer)

PARTE 03

 

—Pero se supone que dijiste que te faltaban de ese tipo, no son mi estilo, pero según tú es las de la lista.

 

—Shhu, no lo digas tan alto, eso es cosa entre nosotros, no me espante el ganado. Volviendo a tu pregunta, no captas la idea del reto, solo míralas,

 

Bebiendo su trago de Whisky. Observando las cuatro mujeres que lo miraban cuáles leonas a su presa, una más coqueta que la otra, una más atrevida con su manera de vestir, no disimulaban para nada su deseo, porque un hombre así, por lo menos las mirara, eran modelos plus sise, se notaba a simple vista, pero no tenían ese brillo en los ojos, les faltaba ese no sé qué, que lo pudiera atraer hasta el punto de hacerlas parte de la lista, porque ese lugar no era para cualquiera, tenía que tener ciertos requisitos, algo difíciles de conseguir.

 

—Lo siento — No puedo evitar hacer una mueca de disgusto, claro, sin ser percibida por Christofer, quien seguía como depredador buscando la presa perfecta.

 

—Si te das cuenta, todas son más de lo mismo, no sé por qué no se dan cuenta de que en la variedad está el gusto.

 

—Habla el hombre que las mujeres no le duran más de un mes—Brindando y estallando en carcajadas.

 

—Para que más, en la primera semana uno ya se da cuenta cuanto demorara en caer, pero de que lo hacen, lo hacen.

 

—Nunca se te ha escapado una.

 

—Claro que no, por favor, solo mírame, quien se resistirá a un hombre como yo— Girando sobre sus propios pies, sin soltar el trago, tenía que vanagloriarse de las horas en el gimnasio, del traje a medida que se mandó hacer, nada de lo que había vestido en los últimos años era comprado en alguna tienda por departamento, todo lo que vestía o lucia era a medida.

 

—¿Qué tanto te quedas mirando? — Le dice Andrew, al darse cuenta de que se había quedado sin palabras de un momento a otro, lo encontró mirando hacia la puerta de entrada. Por un instante él también se quedó perplejo.

 

—¡La encontré! Es ella.

 

—¿Estás seguro? No sé, teniendo tantas otras mujeres a tu disposición, ese parece un corderito perdido, sabe que ese vestido no es para mujeres de su volumen.

 

—Cállate y aprende, para cuando crezcas seas como yo, exitoso hasta con las mujeres.

 

—Te vas a acercar, me imagino.

 

—Nada que ver, solo mira como solita llegara, solo mira los hombres a mi alrededor, no son competencia ni un millón de años, estoy acostumbrado a resaltar entre los plebeyos, soy algo así como de otra liga.

 

UNAS HORAS ANTES

 

—Solo mírame, siento hasta viento ahí abajo, me niego a salir así a la calle.

 

—Por favor, amiga te vez hermosa, de verdad que sí, el vestido se siente a tu cuerpo de una manera perfecta, te aseguro que no dejaran de preguntar por ti.

 

—Seguramente de quien es la gorda que se te atrevió a lucir así, agradezco que fuera negro, de lo contrario pareciera un disco giratorio, de esos que usan en las fiestas.

 

Alana, solo movía la cabeza, suspiro profundo, la tomo de los hombros.

 

—Vas a ir a esa fiesta, te vas a divertir un rato, me vas a acompañar solo una hora, quiero ver como son las fiestas en ese lugar, luego de eso, nos vamos a un Subway cercano y pasamos el rato, si no te sientes cómoda, en mi bolso te traje un vestido más sencillo, te lo puedes poner con los zapatos, hasta tienes tu chamarra que dejaste la vez pasada. No tienes escapatoria Eve.

 

—Está bien, me peino y nos vamos de una vez.

 

—Nada de que te peinas, ya deben estar llegando.

 

—¿Quiénes? — En ese momento sonó el timbre, Alana fue a abrir, dejando entrar a un amigo de ella, Max Lorenz, especialista en belleza, tal cual decía su tarjeta.

 

—Bueno, querida, donde está el proyecto— cuando vio a Evelyn, la observó con cierta distancia, hacía con los dedos una especie de cuadro, como cuando un pintor observo el lienzo que va a trabajar.

 

—Ella es Evelyn Carter, la amiga de la que te platique.

 

—Hola querida, mucho gusto, soy el mago, digo el encargado de maquillarte y dejarte aún más hermosa, no mires así, que tienes unos ojos preciosos, además tienes un rostro fino.

 

—Hola— Dijo ella en lo que parecía así un susurro, se sentía un poco cohibida cuando le dirigían las palabras.




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