Una Demonia para un Ángel y Un Ángel para la Demonia

CAPÍTULO 07

CAPÍTULO 7

༺✿ ISIS ✿༻

—Isis, tus ojos están... Están... —dice Vallolet con cara de espanto, por lo que intuyo que deben estar de algún color que no deberían.

Miro a Nirek y sus ojos están de un azul intenso. Parpadeo varias veces, no sé qué rayos sucedió cuando toqué la mano de Nirek. ¿Será que él es mi...? No, claro que no.

Miro a Vallolet preguntándole con la mirada si ya se pasó el efecto o lo que sea que les sucedió a mis ojos.

Me parece rara esa luz que desprendimos Nirek y yo al tocarnos.

—¿Estás bien? —pregunta él.

—Sí, gracias por tu ayuda. Hasta mañana —digo guardando todo.

—Sí, hasta mañana —dice esquivando mi mirada.

Salimos de la biblioteca sin decir nada y no es como que quisiera decir algo. No tengo ni la más mínima idea de lo que sucedió.

Papá está recostado al auto y muchas chicas lo miran.

—Tu papá aún llama la atención —sonrío.

—Es que tengo un padre muy guapo.

—Hola, mi princesa —dice papá estrechándome entre sus brazos—. ¿Cómo les fue? ¿Ya tienen ganas de volver al colegio de la manada? —me mira.

—No, papá, aún no... nos fue muy bien, gracias por preguntar —mira a Vallolet.

—Así es, tío Darían, nos fue muy bien —sonreímos como dos angelitos.

—Me alegra escuchar eso. Vamos, deben tener tarea.

—Sí, mucha —argumentamos dramáticas.

Papá sonríe por nuestra manera de contestar.

—Vallolet, ¿puedes decirme cómo estaban mis ojos? —me mira y mira a papá.

—Pues tomaron un color blanco con destellos de luz y los de Nirek también estaban así... ¿No será él tu...?

—No, como crees —digo cortándola—. Él no desprende nada. No creo que la diosa Luna me diera una pareja.

—Vamos, Isis, eres hija del Alfa supremo, claro que te deben dar una pareja.

—No la quiero y no...

—¿Qué cuchichean? Yo también quiero saber —curiosea papá.

—Nada, solo estábamos hablando de los chicos, papá. Hay unos muy lindos —bromeo, ya que él dice que no dejará que nuestras parejas se nos acerquen.

—¿Qué chicos? —sonrío. No sé por qué se me pasa Nirek por la cabeza.

—Unos lindos chicos que conocimos, papá, ¿verdad Vallolet? —Papá frena y suelto la carcajada que estaba reteniendo.

—¡Isis Yelissa Luna Rubín Govea!

—Papá, solo estoy bromeando —lo miro con carita angelical y bato mis pestañas—. No me interesa ningún chico —sonríe de oreja a oreja—. Aún —la sonrisa que tenía en los labios se le borra. Muerdo mis labios.

—¿Qué voy a hacer contigo, pequeña demonía? —Me encojo de hombros.

—¿Ya quieres ver a Yandar, ¿verdad? —le susurro a Vallolet.

—¿Qué? No, solo quiero llegar a casa y descansar un poco.

—Claro —la miro con una sonrisa divertida.

—No quiero ver a Yandar, igual me lo tengo que topar, vivimos en la misma casa.

—Ese argumento no lo pienso discutir —le sonrío.

Miro por la ventana. Me siento rara, tal vez deba preguntarle a mamá. Sacudo la cabeza.

—Vamos, Isi, no es para tanto. Seguro eso solo fue una fricción entre ambos —suelto un suspiro.

Cierro mis ojos y sus ojos centellantes aparecen mirándome con detenimiento. Los abro de inmediato. No puede ser, debo mantener a raya a ese chico. Entre más lejos, mejor.

¿Pero cómo hacerlo si es el único que se ha ofrecido a ayudarnos? ¿Y por qué nos ayuda? Eso está raro, muy raro. Tal vez estoy dramatizando un poco la situación, pero es que mi instinto demoníaco se inquieta... sacudo mi cabeza.

—Ya, Isis, deja de pensar en él.

—¿Qué sucede, pequeña? ¿Por qué esa cara? —miro a papá.

—No es nada, papá, solo pensaba en ciertas cosas —me mira interrogante.

—¿Qué es eso, princesa? Sabes que puedes contármelo.

—Solo son cosas sin sentido, papá.

—¿Segura? —asiento.

Al llegar a casa, papá estaciona y nos abre la puerta para que salgamos.

Gracias, papá. Gracias, tío —decimos Vallolet y yo al unísono.

Al entrar a casa, somos recibidas por Yandar, Zarek, Arián y Danisha.

—Cuéntame cómo te fue. Anda, dime todo —sonrío por la forma como me aborda Danisha—. ¿Hay chicos lindos? —niego.

—Que el demonio no escuche o le da el patatús —le susurro.

—Deja a ese abuelo en su mundo.

—¡Abuelo, eh! Mmm, la vez pasada dijiste que era algo como irresistible —Danisha rueda los ojos.

—Por favor, Isis, soy pequeña. Si papá nos escucha, me encerrará en la habitación del pánico.

—Creo que sabrás escapar muy bien. Es más, creo que él vendrá por ti.

—Eso ni me lo digas. Nos desviamos, ¿no lo crees? Dime que tal.

—Pues, genial, como todo primer día.

—De hecho, conocimos un chico bien lindo, ¿no, Isis? —ruedo los ojos por el comentario de Vallolet.

—En verdad, anda, vámonos a tu habitación y cuéntame todo —toma mi mano y me arrastra hacia las gradas.

—¿Por qué? ¿Y nosotros qué? Yo quiero saber un poco de cómo es todo en el exterior, no de chicos como Danisha, pero sí quiero saber cómo se manejan las escuelas, si son iguales a la de nosotros —dice Zarek deteniéndonos.

—Son iguales, de eso no hay duda, y pues por ahora están dando las mismas lecciones que nosotros. Van un poco atrasados, pero casi son iguales.

—¿Y es emocionante o no? —dice Arián.

—Por ahora, todo va normal.

—Sí, tal vez en unos días se vuelva emocionante —comenta Vallolet.

—Sus dudas fueron resueltas, así que me llevo a Isis.

—De hecho, yo tengo una pregunta —giramos hacia Yandar, quien no había dicho nada—. ¿Cómo te tratan? —lo miro detenidamente.

—Bien, dos chicos han sido muy amables con nosotras, ¿verdad, Vallolet?

—¿Dos chicos? —pregunta incrédulo.

—Sí, y muy lindos —dice Vallolet sonriendo.

—Bueno, ya basta. Iré a darme una ducha, no quiero hablar más de esto. Es una escuela normal como todas, no hay nada diferente excepto que...




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