Una Demonia para un Ángel y Un Ángel para la Demonia

CAPÍTULO 09

༺✮NIREK ✮༻

Regreso al apartamento y empiezo a dar vueltas de un lado a otro. Aún no sé si decirle al Supremo lo que estoy sintiendo. Tal vez deba hacerlo, pero no quiero que me aparten de Isis.

—No sé qué es lo que quiero. ¿Qué me está pasando con esa chica?

Suspiro. Debo olvidar todo esto y mantenerme alejado de ella. Eso es lo que haré. Solo la vigilaré de lejos. Me siento y me pongo a meditar. Debo apartar esos pensamientos de mi cabeza, y más ese momento donde estuve a punto de besar sus labios.

Esos labios rojos, color cereza...

—Ya basta, Nirek. Ya no más tentaciones, y menos con esa demonio. Somos enemigos —me concentro en mi meditación. A la media hora consigo llegar a conciliar una mente serena.

—Se puede saber cuál es tu inquietud —me asusto al escuchar la voz del Supremo Líder.

—Se-señor —tartamudeo.

—¿Qué sucede contigo?

—Nada, señor.

—¿Cómo va todo con la chica? ¿Nada fuera de control?

—solo mi corazón.

—Todo en orden, señor. Por ahora ninguna novedad.

—Mantente vigilante, Nirek. Hay quienes quieren guerra nuevamente.

—¿Guerra, señor?

—Sí, no te preocupes. Tu deber será vigilar a la demonía.

—No sé, pero ella me parece una chica muy centrada y pasiva. No he visto malicia en ella.

—Que no te engañe, Nirek. Estos seres son capaces de cualquier cosa.

—Sé que no debo meterme en esto porque son órdenes superiores, pero en verdad Isis es una chica como nosotros.

—Aprenderás poco a poco, Nirek. Es tu primera vez tratando con un demonio.

No creo que Isis sea así, lo presiento.

—Para eso estoy, para aprender y superarme.

—Así es, sigue meditando —el Supremo Líder desaparece.

Me tiro a la cama. Isis no es como los demás demonios. Tal vez me equivoco o tal vez no...

¿Y si todo lo que siento por ella es una trampa de mi propia mente? ¿Y si no puedo cumplir mi misión, por qué los planes del destino son otros? La confusión me consume.

Al día siguiente me alisto temprano para ir al instituto. Al llegar, me siento en las gradas del gimnasio. El aire fresco de la mañana me ayuda a despejar un poco mi mente, pero mis pensamientos persisten como una sombra constante.

—Hola, Nirek —saluda Pilar acercándose con una sonrisa demasiado brillante.

—Hola, Pilar. ¿Cómo estás?

—Bien, aunque hubiera estado mejor si nos hubiera tocado ser grupos juntos y no te hubiera tocado con esa campesina... Isis, ¡ay, disculpa, es que se me salió!

—No te preocupes. Ya aprenderás a decirle solo Isis.

—Como sea, vienes hoy a mi casa. Quiero que me expliques unos teoremas de cálculo, ¿puedes?

—Con gusto, Pilar, pero lo podemos hacer en la biblioteca, si no es mucha molestia —se abalanza sobre mí y me abraza.

Mi mirada se cruza con la de Isis, quien de inmediato aparta su vista de mí. Luis se le acerca, pero ella muy amablemente señala donde estoy yo. Luis asiente y ella sube las gradas en mi dirección. Pilar cruza su brazo con el mío, y siento una vibración de energía oscura que me incomoda.

—Buenos días, Nirek. Pilar, no los interrumpo, ¿verdad? —dice Isis con una calma que me desconcierta.

—Sí, ¿no ves que Nirek y yo estamos hablando de cosas importantes?

—No me tomará mucho tiempo, así que podrán seguir con sus cosas —me mira y sonríe, mi corazón da un vuelco—. Conseguí la información que habías planeado ayer.

—Ash, ¿es en serio? ¿Hablarán del experimento? No pueden hacerlo luego en clase.

—No, a mí me apetece hablarlo ya —le contesta Isis con firmeza.

—Bien, pero sé breve —le contesta Pilar. Me levanto, sintiendo la necesidad imperiosa de alejarme de Pilar y acercarme a Isis.

—Ven conmigo, Isis.

—¿Qué, no hablas en serio? ¿Me dejarás aquí sola?

—Esto es más importante, Pilar. Se trata de mis estudios —Isis le da una mirada de satisfacción a Pilar—. Vamos —la dejo pasar.

La llevo un poco más alejado de todos. Me paro frente a ella, tratando de mantener la distancia que me he propuesto, pero cada fibra de mi ser clama por romper esa barrera invisible.

—He buscado información que podemos utilizar...

La miro a los ojos mientras ella habla tan animada. Bajo mi mirada a sus labios rosados y por inercia lamo los míos. He dejado de escucharla; solo veo cómo sus labios se mueven. Siento un impulso de besarla, un deseo tan abrumador que casi me arrastra hacia ella.

—Nirek... Nirek, ¿me escuchas? —dice sacándome de mi trance.

—¡Ah, sí! Investigaremos la masa de cada objeto si tú lo quieres —carraspeo, tratando de recuperar la compostura—. Pero también buscaremos la fórmula para sacarla, ¿no es así?

—Sí. ¿Por qué miras mis labios de esa manera? —por poco y me atraganto. Aún sigo mirando sus labios, incapaz de apartar mi vista.

—Yo, no... como crees. Solo miro sobre tus hombros a Luis.

—¡Oh! Okey, qué incómodo —sonríe ampliamente—. Disculpa, pensé que mirabas mis labios porque yo sí miro los tuyos.

—¿Qué? —¿escuché mal?

—¡Qué eso es todo! Nos vemos en la clase —tomo su mano antes que se marche.

—Podemos ir juntos al salón, tenemos las mismas clases, ¿lo recuerdas? —ella mira mi mano en la suya. Por lo menos no echan chispas ni desprende esa luz de siempre.

—Sí, pero podrías soltar mi mano, por favor.

—Claro, lo siento —empezamos a caminar al salón. No puedo dejar de mirar sus rasgos finos, me parece tan angelical. Cada paso junto a ella es una lucha interna entre mi deber y este sentimiento inexplicable que crece dentro de mí.

—Nirek, espera, Nirek —cierro los ojos, sabiendo lo que viene.

—¿Pensabas dejarme sola en las gradas?

—Lo siento, Pilar. No me acordaba de que aún seguías ahí —la había olvidado por completo.

—¿Qué? ¿Estás bromeando, verdad? —se guinda de mi brazo. Por más que siento una vibración de su energía oscura, no puedo hacer nada.




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