Una dosis de amor

Capítulo 2

La habitación que se me había asignado estaba en el nivel superior, justo al lado de la habitación de Maggie. Abrí las ventanas de mi habitación de par en par, dejando que los tenues rayos del sol se colaran en esta, sonreí dichosa. La vista que tenía desde mi estancia era preciosa, podía divisar el jardín del patio trasero. El aire entraba furtivamente por la habitación obligándome a cerrar las ventanas una vez más. Me dirigí al cuarto de baño, dispuesta a asearme lo más rápido posible y así poder empezar oficialmente con mi primer día de trabajo. Estaba más que emocionada.

Eran apenas las siete de la mañana con diez minutos y la mansión Astley ya parecía estar en funcionamiento. Al llegar a la cocina saludé a la señora Annelise con una gran sonrisa y esta me recibió con una humeante taza de café recién hecho. El aroma de este se colaba por todo el espacio de la cocina, haciéndome sentir cálida y en completa comodidad.

Detrás de mí entró una joven de tez morena. Esta iba peinada en una coleta alta, luciendo su cabello cobrizo mientras se mecía al caminar.

—Buenos días, Emma, ¿gusta una taza de café? —saludó la señora Wright a la joven.

—Buenos días, señora Wright —le dio un beso en la mejilla—. Un té me vendría mejor —le sonrió. Luego su mirada viajó hasta donde yo me encontraba, me dedicó una pequeña sonrisa—. Hola, soy Emma Fernsby, un gusto. Tu debes ser MinJi, ¿no? —asentí—. Bien, el señor Astley me indicó que te entregara el itinerario de la señorita Margaret.

Me entregó una hoja, la cual estaba completamente llena, indicando las actividades de Maggie en el transcurso de la semana. Las personas con dinero sí que estaban locas.

—¿Espera que una niña de cuatro años realice todo esto? —espeté, incrédula, más para mí persona que para ella. Esta se percató de mi comentario y se encogió de hombros.

—Son órdenes del señor Astley.

—Entiendo. Y el gusto es mío, señorita.

—Dime Emma —sonrió un poco más. Se dirigió nuevamente a la mayor de las tres—. Estaré en la oficina del señor Astley, señora Wright. Me lleva el té, por favor.

Y sin más, salió a toda prisa de la cocina.

—Bien, creo que yo también debo irme —anuncié, poniendo la taza, ahora vacía, en el lavavajillas—. Según el horario de Maggie debo despertarla a las siete y cuarenta minutos —hice una mueca. La señora Wright me vió un tanto asustada. Miré para todos lados, sin entender su reacción—. ¿Qué ocurre? ¿Dije algo malo? —cuestioné, asustada.

—Se nos tiene estrictamente prohibido llamar Maggie a la señorita Margaret, MinJi —palidecí.

—Yo…lo siento, no lo sabía.

—Lo sé, tranquila. Lo bueno es que no lo dijo enfrente del señor Astley.

Me removí un poco.

—¿Puedo preguntar por qué? —la señora Wright me miró con dulzura, acercándose a mí.

—Solo te puedo decir que, es debido a la muerte de la señorita Hannah —al ver mi desconcierto, aclaró—: Su esposa. Ella llamaba así a la niña, pero después de lo que pasó…nadie la ha vuelto a llamar de esa manera. Ni siquiera él —sentí que mi respiración se vio interrumpida. El nudo en mi garganta se acentuaba cada vez más. Oh, señor Astley—. Pero, bueno, ya hay que ir a trabajar —anunció. Dando por finalizada la conversación.

Salí del lugar y me dirigí al dormitorio de Maggie. Sí. Tengo prohibido llamarla así, pero nadie dijo que tampoco podía hacerlo en mis pensamientos.

Al entrar a la habitación un suspiro se atascó en mi garganta, las lágrimas comenzaron a acentuarse en mi ojos. El espacio era de color lila. Todo a su alrededor era lila y colores pastel, lo cual me sorprendió, ya que toda la estructura era color crema con decoraciones doradas. Una oleada de calidez envolvió mi corazón.

Me recordó a mi infancia, cuando tenía todo de un solo tono de color y era más que feliz por ello. No tenía tormentos ni estragos en mi corazón, solamente era yo, feliz con lo que tenía. Maggie se encontraba dormida, ajena a todo lo que sucedía a su alrededor.

—Magg…Margaret —me corregí de inmediato. Me acerqué hasta llegar a la cama—. Señorita, es hora de levantarse —la agité un poco. La niña comenzó a hacer pequeños ruidos, ya que se estaba despertando. Abrió sus ojos poco a poco hasta encontrarse con mi mirada, al hacerlo los abrió a más no poder para luego esconderse bajo las sábanas, reí un poco ante su reacción.

Caminé sigilosamente hasta la otra punta de la cama, justo donde ella se encontraba, al no escuchar ni un solo ruido la pequeña salió de su escondite lentamente y en cuanto menos se lo esperó me lancé sobre ella comenzando a hacerle cosquillas. Al ver su reacción a las cosquillas comencé a reír junto a ella y en un descuido la agarré entre mis brazos. Comencé a dar vueltas con ella por toda la habitación. Sus ojitos brillaban con cada pequeña risa que salía de su boca, era apenas audible, pero lo suficientemente fuerte para llenarme de ternura solo con verla.

—Buenos días, princesa —la saludé, dejándola en el piso—. ¿Lista para el día de hoy?

La niña me miró sonriente y asintió con entusiasmo.

Al terminar de bañar a Maggie bajamos al nivel inferior para desayunar. Había vestido a la pequeña con una camisa blanca y una hermosa falda de color rosa, la cual iba acompañada de brillos. Y cada que la niña giraba en su lugar, la falda se elevaba sutilmente, sacándole una sonrisa a la pequeña de cabello dorado. Al darme cuenta de algo, llamé su atención.



#5713 en Novela romántica

En el texto hay: romance, psicologia, paternidad

Editado: 24.02.2026

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