Una dosis de amor

Capítulo 3

Algo ocupaba lugar en sus brazos. Una MinJi sudorosa y algo cansada miraba con ternura el bulto que descansaba sobre su regazo, mientras tarareaba una dulce melodía. Llevó sus manos lenta y cuidadosamente hacia la manta color crema, descubriendo el pequeño montoncito de tela en sus brazos.

Al hacerlo, la pequeña manta color crema cayó en un ruido seco al suelo, esta estaba cubierta de sangre y se encontraba vacía…no había nada. MinJi miró sus manos, las cuales estaban cubiertas de ese color carmesí que la atormentaba. Dirigió su mirada hacia su vientre bajo y una mancha oscura comenzaba a asentarse en su ropa.

Sintió como las paredes se comenzaban a acercar a ella. La habitación se hacía pequeña. Le faltaba la respiración y su cuerpo temblaba con cada sollozo que salía de su garganta, fuerte y carrasposo, tanto que hasta dolía.

—Mamá…

Me desperté de inmediato, sudorosa y con lágrimas secas adornando mi rostro. Miré a mi alrededor y pude notar que no estaba en mi habitación. Colores pastel y mariposas adornaban las paredes, con estantes llenos de juguetes y cuentos para dormir.

Sentía mi corazón a punto de salir de mi pecho y unas ganas inmensas de vomitar. Coloqué mi mano en mi pecho, tratando de estabilizar mi respiración y mi ritmo cardíaco. Di una larga respiración antes de incorporarme, cuando una pequeña y cálida mano se posó en mi mejilla, limpiando mis lágrimas mientras me miraba con sus cejas arrugadas.

Sus grandes ojos verdes brillaban al mirarme. Su dedo pulgar comenzó a acariciar mi rostro lentamente. Sin poder evitarlo, una silenciosa lágrima se deslizó por mi mejilla. Un puchero comenzó a formarse en su rostro y sus ojitos se cristalizaron poco a poco.

Sonreí dulcemente mientras soltaba una pequeña risa, antes de atraparla en un abrazo. Se zafó de mi agarre y comenzó a mover sus manitas, haciendo pequeños y lentos gestos con esta.

¿Te hice enojar? —comencé a negar rápidamente. ¿Qué la hacía pensar eso? —Papi cuando se enoja…conmigo…llora después. Yo escucho.

Oh, pequeña Maggie.

¿Lo escuchas llorar? —formulé. Esta asintió, casi triste, aun con su puchero. Llevé mis manos a sus hombros, acariciándolos suavemente, llamando su atención. Le dediqué una sonrisa, la cual pareció tranquilizarla. Esta vez, opté por usar mi voz—. No estoy enojada contigo, princesa. Solo…tuve un sueño un poco feo —hice una mueca, haciéndola reír—. Y tampoco creo que tu papá llore porque esté enojado contigo, tal vez él también tiene sueños feos a veces —traté de aclarar.

Eso pareció tomar sentido para ella, pues asintió repetidas veces y esta vez ya no tenía ese semblante triste de hace unos segundos.

¿Podemos ir por fruta?

Reí ante el cambio drástico de la conversación.

—Bien, vamos.

Maggie se me adelantó y bajó casi corriendo por las escaleras, haciendo que le reprochara ante ello, pero esta hizo caso omiso a mis palabras y se adentró a la cocina.

Al parecer la señora Wright conocía los horarios de los antojos de fruta de Maggie, pues esta ya tenía servido un tazón de fresas y uvas. Y al parecer también conocía los míos, me extendió una taza de café flameante, dedicándome una sonrisa cómplice.

—¿Qué tal tu siesta, pequeña? —preguntó la señora Wright mientras miraba comer a Maggie. Mis alertas se dispararon, temerosa de que Maggie le contara a la mayor de las tres que había llorado y de nuestra conversación.

No obstante, la pequeña solo se encogió de hombros, antes de dirigir su mirada a la señora Wright.

Bien. Aunque ella ronca mucho —gesticuló, con una sonrisa traviesa. Mis mejillas se tornaron de un rojo intenso al instante al escuchar la sonora carcajada de la señora Wright.

—No sabía que roncaba, señorita MinJi —se burló de mí.

—No lo hago —me crucé de brazos, mirando a Maggie con ojos acusadores, esta solo me miró un instante para luego dirigir su mirada a su tazón de frutas.

Pero era incapaz de molestarme con ella al decir eso, después de todo no mencionó lo otro, así que finalmente me limité a sonreír y acompañar a la señora Wright en su sesión de risas del día. Vaya que tenía una risa contagiosa, eh.

—Veo que todas están de buen humor hoy —escuchamos decir a una voz profunda desde la puerta de la cocina. Me callé de inmediato, encarando al señor Astley, quien mantenía un semblante serio, pero una atisbo de sonrisa en su rostro lo delataba.

Maggie corrió a los brazos de su padre y este la envolvió en un abrazo, un tanto fugaz a mi parecer, pero el cual contentó aún más a la pequeña.

La señora Wright le ofreció al señor Astley algo de beber y éste aceptó gustoso. Tomándome por sorpresa cuando se acomodó en una de las sillas a mi lado del gran mesón de la cocina. Su aroma inundó mis fosas nasales de inmediato, impregnando todo a nuestro alrededor con un efluvio a cedro oscuro junto con un toque de ámbar, el cual se mezclaba de una manera exquisita en compañía del olor a café.

—¿Te divertiste hoy? —cuestionó, dirigiéndose a la menor. Maggie asintió.

—Recién se acaba de levantar —expliqué—. Cuando salimos de las clases fuimos a por un helado y al llegar nos quedamos dormidas —reí un poco.



#5713 en Novela romántica

En el texto hay: romance, psicologia, paternidad

Editado: 24.02.2026

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