¿una Engreída Enamorada?

¿Me estás retando?

Ya habían pasado varias horas, en aquellas horas no pasaron muchas palabras por parte de Keihder ya que Samantha sólo hablaba de sus viajes por el mundo, y debatía sobre las marcas de ropa y como algunas marcas muy famosas en la industria de moda actual eran de tela de mala calidad.

Solo les faltaba pegar algunos juguetes dentro de la maqueta para terminarla, tenían todo casi listo. Keihder iba a hacerlo para poder terminar rápido de aquello ya que se hacía de noche, Samantha debía de irse a casa, y obviamente quien la llevaría sería Keihder.

—Entonces Maluma me preguntó qué en dónde compré mi correa Gucci, y te digo que realmente en persona él no es la gran cosa, hasta más flaco se ve el pobre, aunque no sé qué está más bueno si él ó su acento porque uy, cuando me repitió Maluma Beibi casi me caigo, hasta lo grabé y nos tomamos fotos, deja y te muestro. —cuando se estaba parando para tomar su celular sin querer topó un vaso con pintura y cayó sobre ella.

Keihder de inmediato actuó buscando una toalla de la cocina para limpiar la ropa, pero por su suerte lo único que se le había ensuciado había sido la bata de pintar. Ambos se calmaron al darse cuenta que había sido el camisón el único afectado cuando de repente abrió los ojos como un búho espantado.

—OH MY GOD! —gritaba señalando a sus pies.

Al parecer había dañado sus zapatos nuevos.

—Descuida, solo son unos zapatos. —trató de tranquilizarla.

Samantha giró su mirada lentamente hacía él dejando los gritos de lado, entonces en ese momento Keihder se dio cuenta de que había dicho algo muy malo.

—¿Sólo son unos zapatos? ¿Eres tonto o cuando eras pequeño bebiste gasolina en vez de leche? Estos zapatos son probablemente más caros que toda esa mierda de ropa de creído que te pones, en mi cuerpo ahora mismo cargo una cantidad de dinero para poder alimentarte en un buen tiempo. Estos zapatos así feos como los ves me costaron dos mil dólares y apenas los estaba estrenando, y es que sí me importa el dinero porque el dinero es lo que me mueve, me viste. Dejo que hables mierda de lo que quieras menos de mi ropa, no te metas con mi ropa. Ignorante.

A paso seguido se quitó los zapatos y los tiró directamente en la basura de la cocina. Entonces con sus medias de lana se acercó lentamente por encima de las alfombras hasta volver de nuevo a su puesto en el sofá.

—Ahora me tendrás que prestar también unos zapatos, señor sólo son unos zapatos.

TRES ZAPATILLAS DESPUÉS...

Keihder ya no sabía ni que decir que no alterada a aquella chica cuando de repente se paró se quitó sus zapatos y los llenó de pintura.

—Son sólo unos zapatos. Estos no costaron dos mil dólares, pero sí costaron bastante si es que sabes de marcas como dices. El dinero es lo de menos, es más, ¿quieres ver otra cosa?

Se pintó el pelo de verde y con esto también cayó pintura en su suéter y un poco en su pantalón.

—Tengo mucha ropa. —se encogió de hombros—. Ante todo está la diversión, no el dinero. ¿O no te atreves? —le preguntó señalándole con la mirada la pintura que estaba a su lado.

Samantha alzó una ceja. —¿Me estás retando? —preguntó incrédula.

—Pues si echar a la basura unos miles de dólares más es retarte... Tal vez.

Sin pensarlo dos veces se quitó el camisón con pintura fresca y se lo tiró encima a Keihder. Keihder puso su mano izquierda para evitar que el camisón le golpeara la cara cuando terminó con el rostro marrón.

—Oops, se me cayó. —mintió.

Para paso seguido amarrarse el pelo en una coleta alta con una pulsera que siempre llevaba en su muñeca. Agarró la pintura entre sus dedos y se lo embarro en su pecho mientras lo veía con una sonrisa de lado.

Entonces Keihder de la nada metió la mano en la pintura y se la sacudió cerca vengándose por lo de la bata en su cara, cuando esta abriendo su boca sorprendida se acerca a él lo suficiente como para rápidamente meter su mano en la pintura y embarrarla en la cara riéndose a carcajadas, y en eso se basaron los últimos minutos ambos se embarraban la pintura hasta estar completos de color verde, marrón y en el procedimiento también amarillo, blanco y un poco de negro. Ambos reían a carcajadas como dos niños pequeños y corrían por toda la sala persiguiéndose para embarrarse de pintura.

Era un momento de total felicidad, sin máscaras, mentiras, o actuaciones, simplemente dos adolescentes que se divertían sanamente sin pensar en las consecuencias que traerán sus actos después. Sin pensar en el tiempo, en el trabajo, solo con el objetivo de embarrarse pintura hasta que uno de los dos se rindieran, ambos querían que esas carcajadas, y ese momento de adrenalina durará toda la vida, que aquel instante de tanta felicidad fuera eterno. Samantha corría para esquivar a Keihder cuando éste de inmediato soltó la pintura para agarrarla por la cintura, ambos tenían la cara roja y los ojos lagrimosos de tanto reírse, y de repente ambos dejaron de reír, pero se seguían viendo a los ojos sonriendo abiertamente. Era un instante de paz y silencio absoluto en el que ella estaba entre sus brazos y no trataba de soltarse y él quedó inmóvil al ver aquella radiante y real sonrisa que grababa en sus lados, una que no recuerda ver desde hacía mucho tiempo atrás, y que de cerca se veía más hermoso de lo que él nunca imaginó.

En ese momento él la tomó desprevenida, metió su mano en su vaso con pintura y se la embarro en sus mejillas, la chica se rió pero no podía escapar de sus brazos.

—Ahora estamos a mano, ¿no? —preguntó mientras ella lo veía a los ojos.

Y en ese instante Samantha pudo observar por detrás de Keihder que la puerta principal se abría lentamente y cuando identificó la persona que entraba actuó rápido.

—Ahora tenemos un problema. —le dijo mientras veía sus labios y sonreía de lado.

Se le lanzó sin más dándole un beso lento, pero intenso a la vez cuando no duró mucho la emoción porque un grito detrás de Keihder los hizo apartarse. Lauren estaba en la entrada de la puerta con ambas manos tapándose la boca, tenía los ojos cristalizados, simplemente no podía creer lo que tenía frente sus ojo. Ni siquiera el desastre de pintura la tenía tan asombrada que ver a su novio el perfecto besándose con su archi-enemiga, con la chica que le tiró un bote de pintura encima hace unos días. Keihder quedó en shock al ver a su novia en la entrada de su apartamento mientras que no sabía que hacer lo primero que hace es soltar a Samantha como instinto, Samantha por otra parte se cruza de brazos con la cabeza en alto, una sonrisa ladeada de lado a lado, y una ceja alzada esperando a ver la reacción de la chica.




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