Una esposa para el rey

Capítulo 30: Una merecida vacación

Me removí entre las sábanas, renuente a despertar. La fiesta había sido agotadora y lo único que deseaba era dormir el resto del día sin ser molestada. Pero mis deseos cambiaron una vez que sentí los labios de Esteldor besando mi cuello. Despertar de pronto no parecía tan mala idea. Una amplia sonrisa se dibujó en mis labios, no había mejor sensación en este mundo que un beso del rey de Encenard.

—Despierta, dormilona —dijo en tono juguetón.

—Cinco minutos más —contesté adormilada.

—Dormida no podré contarte la sorpresa que tengo para ti —me confió mientras acariciaba mi cabello.

—¿Qué sorpresa?

—Al fin llegó la primavera…

Abrí los ojos de golpe y me giré para verlo.

—Hmmm… eso es difícilmente una sorpresa cuando ayer hubo un festival para celebrarlo. Además, no creo que hayas tenido mucho que ver con el cambio de estación. Admito que tus poderes me han sorprendido en varias ocasiones, pero no te creo tan poderoso como para también controlar cuándo llega la primavera.

Esteldor resopló con fingida impaciencia y puso los ojos en blanco.

—No me refería a eso. Quiero decir que ahora que ya es primavera podemos vacacionar en el palacio del lago como lo comentamos hace tiempo.

—Oh, cierto…

Recordaba vagamente haber escuchado mencionar ese palacio muchos meses atrás durante una cena, pero era algo en lo que no había vuelto a pensar. La realidad era que me daba lo mismo ir o no, yo sería feliz donde fuera que estuviera Esteldor.

—Ya veo que no estás del todo entusiasmada, pero no te apures, ¡te va a encantar! Será un merecido descanso después de todo el trabajo que has hecho.

—Sí tú lo dices, suena divertido —dije encogiéndome de hombros.

Dedicándome una mirada cargada de cariño, Esteldor se inclinó hacía mí y plantó un beso en la punta de mi nariz. Volví a sonreírle con amplitud y tomé su apuesto rostro entre mis manos para dejarlo fijo frente al mío. Por un instante, recorrí sus perfectos rasgos en silencio, absorbiendo su hipnotizante belleza, grabándola para siempre en mi memoria.

Tras una pausa larga, lo atraje para besarlo. Empecé despacio, dulcemente, y poco a poco, fui dejando que mis sentimiento por él fluyeran y se desbordaran. Esteldor me correspondió con su propio afecto desmedido.

De pronto, alguien tocó a la puerta.

—Buenos días, Su Majestad —saludó Zayn en tono cauteloso.

—¡Serán mejores cuando te largues y dejes de interrumpirme! —bramó Esteldor autoritariamente con cara de pocos amigos.

—Parece que escogen siempre los peores tiempos para interrumpir —dije aguantándome la risa ante la reacción iracunda de Esteldor.

—Lamento despertarlo, Su Majestad, pero el caballero Teodoro Schubert desea hablar con usted. Dice que es importante, que debe comunicarle un incidente ocurrido anoche —declaró Zayn.

Esteldor puso los ojos en blanco antes de enterrar su cabeza en la almohada justo a mi lado.

—¿Es que acaso ese hombre nunca descansa?

—Por algo es el administrador del reino—dije, acariciando su espalda para darle ánimos.

Esteldor farfulló con el rostro contra la almohada antes de ponerse de pie.

—Zayn, infórmale a Teodoro que bajaré en un instante —exclamó y luego comenzó a acicalarse.

Permanecí en cama observando cómo Esteldor se vestía mientras meditaba en si el incidente al que se refería Teodoro tenía que ver con Morgana, aparte de eso, yo no había notado nada inusual la noche anterior. Todo había salido magnífico, el berrinche de la princesa había sido lo único desagradable que presencié durante la velada. Me estremecí al recordar la amenaza que profirió en contra de nosotros. Morgana era una persona llena de resentimiento, acostumbrada a salirse con la suya y a no tener límites. No me sorprendería que en realidad intentara algo para lastimarme. Me consolé con la idea de que ya lo había hecho en bastantes ocasiones y sus intentos siempre eran mezquinas formas de humillarme, así que no había de qué asustarse, ahora me sentía mucho más fuerte para afrontarla. Si Morgana quería guerra, yo se la daría, ya no estaba dispuesta a quedarme quieta dejándola pasar sobre mí o sobre Dafne. Yo era una Annabelle nueva lista para resistir y rechazar cualquier embate de la mimada princesa. Morgana podía intentar lo que quisiera que en mí encontraría una contrincante fuerte y determinada. Me alegró de sobremanera que Morgana no poseyera ningún poder como su hermano, eso sí la haría una enemiga de temer.

Una vez que Esteldor fue a encontrarse con Teodoro, me levanté de un brinco de la cama y llamé a Kyra para que me ayudara a vestirme. Tenía ganas de desayunar con Dafne y que charláramos de todo lo que habíamos visto la noche anterior, seguramente ella tendría cientos de observaciones sobre la fiesta y lo bien que todos los asistentes la habían pasado.

Esa noche, Esteldor me informó que nuestro viaje al palacio del lago había quedado programado para realizarse dentro de dos semanas y que muchos de los caballeros y sus familias nos acompañarían. Para no dejar un vacío en el reino, Teodoro permanecería en la ciudad cuidando de los asuntos en nombre del rey, así que los Schubert no formarían parte de la comitiva vacacional. Lucas y Bianca tampoco podían acompañarnos, pues el embarazo de Bianca les dificultaba trasladarse; aparte de ellos dos, el resto de los caballeros y sus familias nos acompañarían en el viaje. Esteldor y Dafne se veían tan entusiasmado que fue difícil no contagiarme, me encantaba Encenard y todo lo que había conocido aquí, seguramente también me encantaría el palacio.




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