Una esposa para la bestia

Capítulo 3: Falsas intenciones

La observé detenidamente mientras se arrodillaba a la tumba




—Mamá —pronunció y respiré aliviado, no había matado a nadie y era su madre a quien tenía allí enterrada—ya no estoy sola en casa, encontré un perrito lastimado y lo traje conmigo—agregó y sonreí ante tanta inocencia—me haces mucha falta mamá, ahora que no estás ya nadie puede defenderme cuando papá se enoja, debo ir ya a casa antes de que note que salí, pero prometo que volveré mañana—añadió alejándose de allí hasta su casa, extendí la mano con ganas de preguntarle por qué alguien debía defenderla de su padre, pero me contuve, si me veía allí podía asustarse. Entré a mi auto y me quedé allí pensando, ya casi era de noche cuando me decidí, contrataría a esa chica como niñera de mi hija, le ofrecería una buena suma, una cantidad irrechazable y estaba seguro de que una persona tan buena como ella podía sembrar algo bueno en el corazón de mi pequeña. Bajé del auto y toqué la puerta de la casa. 




—A tu habitación—escuché desde fuera como el señor le ordenó a su hija y no puedo negar que estaba algo nervioso, pero quería hacer las cosas correctamente. 




—Buenas noches—respondí cuando el hombre abrió la puerta enojado y me miró de arriba a abajo. 




—¿Quién es usted y qué se le ofrece? No suelen venir muchas personas por estos rumbos.—respondió.




—Va a sonar muy raro lo que voy a decir, pero necesito hablar con su hija. 




—¿De dónde conoce a mi hija? ¿Quién demonios eres? —preguntó enfadado como si fuera un delito grave conocer a su hija.




—Yo también soy padre, me llamo Sebastián Morgan y hoy por casualidad vi a su hija salvar un perrito lastimado... 




—¿Era suyo el perro? —preguntó tocándose la barba mal arreglada. 




—No, no, pero vi que es una persona muy amorosa y creo que pudiera ser una buena niñera para mi hija. Puedo pagarle bien. 




—Lo lamento mucho, pero mi hija Abi desde que su madre murió quedó con problemas mentales severos—dice bajando la mirada. 




—Pero la vi y parece... 




—Normal—me interrumpe—lo sé parece normal, pero no lo es y créame que es demasiado agresiva cuando entra en crisis. Hasta luego que tenga buenas noches. 




—Al menos pudiera hablar con ella alguna vez... —intenté decirle, pues algo me decía que ese señor me estaba mintiendo, pero me interrumpió. 




—Si vuelvo a verlo en mi propiedad, lo demandaré por acoso—exclamó tirando la puerta en mis narices lo que confirmó mis suposiciones,él mentía y no quería que me acercara a su hija no sé por qué razón . Salí de allí y regresé a mi casa. Entré y no había nadie en la sala, subí las escaleras y la puerta de la habitación de mi hija estaba entreabierta, me quedé observando como jugaba a la muñeca con mi hermana. 




—Mamá me pasas el vestido rosa—le dijo a mi hermana y esta sonrió besando su frente. 




—Claro que sí, mi niña preciosa—le respondió mi hermana, toqué la puerta de la habitación para entrar, pero preferí no crear caos entre ellas. 




—Si quiero vivir en tu casa, y que tú y mi tío sean mi mamá y mi papá—agregó mi hija y mi hermana sonrió, la verdad sus palabras no solo me entristecieron, sino que también me dejaron pensando. Por mucho que mi hermana quisiera a mi hija, ella no era su madre y no debería inculcarle esas ideas a la niña, tenía que hablar con ella. Cuando la pequeña se durmió entré a la habitación haciéndole una seña a mi hermana para que saliera. 




—¿Seb estabas aquí? —preguntó asombrada. 




—Necesitamos hablar, ven conmigo—exclamé llevándola a mi despacho. 




—¿Qué sucede? 




—Anne, sé que adoras a Alexa y te agradezco profundamente que la cuides, sé también que la quieres como una hija, pero Alexa es mi hija y no puedes inculcarle que tú y Julián son sus padres porque no lo son y Alexa nunca se irá de esta casa.




—No le he inculcado eso, si Alexa me dice mamá es porque así lo siente... 




—Pero eres su tía—recalqué— y Julián es su tío y eso no cambiará, puedes estar con ella y pasar tiempo con ella es tu sobrina, pero su padre soy yo. 




—Eres un egoísta Sebastián, solo piensas en ti mismo, en tener la compañía de tu hija a toda costa, no piensas en lo que es lo mejor para Alexa y tampoco en su felicidad. Deberías analizarte—repitió alejándose de allí. Suspiré y me senté en mi escritorio. No podía darme por vencido tan fácil con esa chica, con Abi, ella era la única esperanza que tenía para salvar mi familia. Tocaron la puerta de mi habitación y era mi cuñado, le hice una seña con la mano para que entrara. 




—La reunión fue un éxito cuñado—dijo feliz, pero mi rostro estaba triste. 




—Gracias por cubrirme. 




—¿Sucede algo Seb? —cuestionó abriendo una botella que había en mi escritorio y sirviendo una copa para ambos, la confianza entre nosotros era grande. 




—Es tu mujer. 




—¿Qué hizo Anne? 




—Julián estoy muy agradecido con ella por cuidar de mi hija, incluso tú te has visto afectado con esta situación porque mi hermana ni va a la casa de ustedes y te ves obligado a venir a dormir acá. Pero soy el padre de Alexa y Anne apoya a la niña en esas ideas de que ella y tú serán sus papás. 




—Hablaré con ella—pronunció pasando la mano por su rostro—Seb lamento mucho esta situación, la verdad apenas hablo con tu hija, sabes que no tengo tiempo, pero Anne... sabes que su sueño frustrado era ser madre, perdió 3 embarazos y ahora al estar tan cerca de tu hija se ha creado falsas expectativas, pero hablaré con ella. 




—Gracias—respondí suspirando




—No tienes que agradecer, eres como un hermano padre




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.