Una Exclusividad Sobre El Hielo

Capitulo 1: "Una Semana En La Vida De Ella"

Pov Amy

—Entiende, Maxwell. No haré esa entrevista. No puedes obligarme. ¡Odio a los periodistas! —grito, dejando salir toda la frustración que llevo acumulada.

Soy Amy Williams, la nueva promesa del patinaje sobre hielo… o eso dicen. Cabello rubio, largo, ojos celestes como el invierno y un cuerpo entrenado hasta el límite. La imagen perfecta. La chica perfecta.

Mentira.

Detrás de todo eso, estoy yo. Terquedad, orgullo… y una rabia constante que no me deja respirar.

Vengo de una familia de clase alta, sí. Tengo mi propia pista de patinaje, los mejores entrenadores, todo lo que cualquiera soñaría. Pero nada de eso me regaló mis victorias. Cada premio me costó dolor, lágrimas, noches enteras sin sentir las piernas.

Y aun así… para ellos soy una farsante.

—Tienes que hacerlo, Amy. Ahora más que nunca necesitamos a la prensa de nuestro lado —insiste Maxwell, intentando no perder la paciencia—. Después de tu lesión, no podemos ignorarlos.

Mi mandíbula se tensa.

Hace una semana, caí.

Un triple salto. Un mal movimiento. Un segundo.
Y todo se rompió.

Mi tobillo… y algo más.

Tres meses fuera del hielo. Tres meses viendo cómo mi sueño se escapa. Me quedé fuera de las Nacionales. Fuera de todo.

Desde entonces, el dolor no es solo físico. No duermo bien, casi no como… he bajado de peso y odio verme así. Odio sentirme débil. Odio llorar.

Pero lo que más odio… es sentir que tienen razón.

—¿Para qué los necesitamos? —le escupo, sintiendo la voz quebrarse—. Solo saben destrozarme. Me llaman fracasada, dicen que no tengo talento… ¡No voy a sentarme frente a ellos para que me humillen otra vez!

Maxwell suspira, y eso me irrita aún más.

Recuerdo cuando me adoraban. Cuando decían que yo sería la próxima gran estrella, la sucesora de Linda West. Y ahora… soy su blanco favorito.

—Sabes que eso no es cierto, Amy —dice con calma—. Eres increíble. Solo fue un accidente.

Aprieto los puños.

No quiero escuchar consuelo. No lo necesito.

—Olvídalo, Max. No haré esa entrevista. Y además… hoy vuelvo a entrenar.

Lo miro desafiante. Sé que no le gusta.

—¡¿Estás loca?! El médico fue claro: tres meses sin hielo. Puedes empeorarlo.

Me cruzo de brazos.

—Entrenaré. Contigo o sin ti. Y, por cierto, busca a alguien nuevo para la pista. El último no sirve.

—Tengo entendido que tú lo despediste…

—Exacto —lo corto—. Y si no quieres ser el próximo, más te vale encontrar reemplazo rápido. Te espero esta tarde.

Lo dejo sin opción.

Como siempre.

—Está bien, Amy… —cede—. Pero al menos piensa en lo de la prensa.

—No lo haré.

Nunca.

El resto del mundo sigue girando como si nada. Mientras yo estoy aquí, atrapada en mi propio infierno.

No sé quién vendrá a reemplazar al encargado de la pista. No me importa.

Solo sé una cosa:

Voy a volver al hielo.
Y cuando lo haga…

Voy a demostrarles a todos que están equivocados.

Pov Alex

Soy Alex Rodríguez, periodista deportivo en El Gran Jugador. No tengo la oficina más grande ni el escritorio más cómodo, pero me gané mi lugar acá con trabajo… y unas cuantas historias bien contadas.

—Alex, necesito verte en mi oficina.

Levanto la mirada al escuchar la voz de Will desde la puerta. Su tono no deja lugar a dudas: no es una invitación.

Me levanto de mi cubículo y camino por la redacción. Siento algunas miradas seguirme, incluso algún suspiro que me arranca una media sonrisa. No es algo que busque, pero tampoco voy a negarlo… a veces es divertido.

Llego a la oficina de Will, que es todo lo que mi espacio no es: amplia, elegante, con muebles de cuero negro y un ventanal enorme que muestra toda la ciudad.

—Toma asiento, Alex —dice, serio.

Obedezco.

—Dígame, señor. ¿En qué puedo ayudarlo?

Me observa unos segundos antes de hablar. Y cuando lo hace, suelta la bomba sin rodeos:

—Quiero que consigas una entrevista exclusiva con Amy Williams.

Parpadeo.

—¿Amy Williams? ¿La patinadora?

—Exacto. Sabemos que odia a los periodistas, pero despidió a su encargado de pista. Está buscando reemplazo. Puedes meterte ahí… ganarte su confianza.
Siento un nudo en el estómago.

—Señor… no sé si me siento cómodo con eso. Es… invadir su vida.
Will se inclina hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio.

—Eres uno de mis mejores periodistas, Alex. Pero hay muchos que darían lo que fuera por tu lugar. Esta exclusiva podría cambiar tu carrera.

Y ahí está.

La presión.

La oportunidad.

El precio.

Exhalo despacio.

—Está bien… lo haré.

Una sonrisa satisfecha aparece en su rostro.

—Sabía que no me decepcionarías. Solo recuerda: necesitamos la verdad. Hay que demostrarle al mundo que Amy Williams es una farsante.

Esa palabra se me queda clavada.

Farsante.

Esa noche, estoy en mi departamento, tirado en el sofá con una cerveza en la mano y la televisión encendida.

No puedo dejar de pensar en lo que acepté.

Esto no es solo una nota. Es mentir, engañar… meterme en la vida de alguien que claramente ya está siendo destrozada.

Pero también es mi oportunidad.

El puesto de redactor principal de deportes… llevo años peleando por eso.

Entonces aparece en la pantalla.

La caída.

Amy en pleno salto… el error… el impacto.

Repiten la escena una y otra vez.

No puedo evitar fruncir el ceño.

No veo a una farsante.

Veo a alguien rompiéndose.

—Espero que esto no termine peor de lo que imagino… —murmuro, dejando la botella sobre la mesa.

Pero en el fondo sé algo:

Probablemente sí.

A la mañana siguiente me preparo.

Ropa sencilla. Perfil bajo. Nada de “periodista estrella”.

Hoy dejo de ser Alex Rodríguez… al menos por un tiempo.

Hoy soy solo un tipo buscando trabajo.




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