Una Exclusividad Sobre El Hielo

Capitulo 3: "Te Enseñaré A Sonreír"

Es un nuevo día. Amy se levanta, se toma una ducha, desayuna y se viste con su ropa térmica para ir a la pista de patinaje. No pudo dormir en toda la noche de solo pensar en Max. Lo llamó por teléfono varias veces, pero no quiso contestarle. No puede dejar las cosas así: lo necesita. Es uno de los mejores entrenadores del país, además de ser su único amigo.

Llega al lugar y se encuentra con Alex, quien está puliendo la pista para dejarla en condiciones y que ella pueda patinar sin problemas, pero esta sigue siendo un desastre. El chico no ha aprendido nada, y ella no es una persona que tenga el don de la paciencia.

Amy se acerca a Alex, y este la saluda brindándole una tierna sonrisa, dejándola confundida. No puede negar que es muy lindo, mucho más que Max, dueño de unos ojos verdes increíbles y, ahora puede distinguir, de una hermosa sonrisa.

-Buenos días, Amy. ¿Cómo está tu tobillo? -pregunta amablemente.

-Hola, Alex. Mucho mejor. ¿Desde qué hora estás aquí?

-Me alegro mucho, Amy. Desde las 7. Max me dijo que viniera a esa hora todos los días.

-¿Has hablado con él? -pregunta ansiosa.

-No, ese fue el horario que me dio cuando empecé a trabajar. -Alex tiene que dejar su oficina por varios días hasta que esto termine, pero está feliz de venir. Nota que ella hoy está de mejor humor, y hasta mucho más bonita que ayer. ¿Puede ser eso posible?, se pregunta Alex. O quizás ayer, con todo lo sucedido, no se había dado cuenta de lo hermosa que es Amy Williams, una mujer que podría enloquecer a cualquier hombre. Y él debería tener mucho cuidado, ya que las mujeres son su debilidad-. ¿Tú has sabido algo de Max? Se fue de aquí muy enojado.

-Sí, lo sé. Tendré que insistir. No es la primera vez. Sé que volverá. Me necesita y lo necesito.

-Muy bien, seguiré con mi trabajo si no te molesta.

-Oye, Alex, sé que estás poniendo tu esfuerzo, pero no lo estás haciendo bien.

-¿No? -pregunta decepcionado.

-No, lo siento. La pista debería estar más limpia; si no, podría caerme.

-Lo siento, volveré a limpiar y me dices si está bien. -Alex hace un movimiento con sus zapatos para nieve y cae al suelo.

-Y lo principal, necesitas aprender a mantenerte en el hielo. No puedes trabajar aquí si no lo haces -exclama Amy, ofreciéndole la mano para levantarse, y él la acepta. En ese momento, en que sus manos se rozan, sienten un escalofrío muy fuerte, pero lo dejan pasar.

-Podrías enseñarme, ¿no te parece? -manifiesta Alex, dedicándole otra de sus sonrisas que la derrite por completo.

-Yo... -titubea. No sabe qué decir; está perdida en esa sonrisa-. No puedo, Alex -dice segundos después, cuando recupera la calma-. Debo entrenar. Nada puede distraerme; queda muy poco tiempo para las nacionales.

-Por favor, Amy, aprendo muy rápido, ya verás -exclama Alex, haciendo puchero, muy tierno, lo que hace que Amy sonría-. ¡Oh, Dios mío! ¿Qué he hecho? Logré hacer sonreír a Amy Williams.

-¿Qué dices? -pregunta Amy, poniéndose seria de nuevo, incómoda.

-Tienes una hermosa sonrisa. Deberías hacerlo más a menudo. Tengo una idea: tú me enseñas a patinar y yo te enseño a sonreír. ¿Qué dices?

-Sé sonreír, Alex...

-Sí, pero no lo haces. Te verías más bonita haciéndolo.

-Olvídalo. Debo entrenar. Además, no tengo motivos para hacerlo.

-Por favor, Amy, hazlo por el bien de los dos. Si yo puedo manejarme en el hielo, puedo trabajar mejor, y te beneficiaría a ti también. Y te aseguro que puedo darte muchos motivos para sonreír. Sé contar muy buenos chistes.

-Viéndolo desde ese lado, tienes razón. Está bien, te enseñaré, Alex. Pero no necesito tus chistes. Guárdatelos para quienes quieran escucharlos -exclama seria.

-Gracias, Amy. Sabía que lo harías. Y no te preocupes, yo te enseñaré a sonreír. Mis chistes son adictivos; escuchas uno y querrás que te cuente más -manifiesta Alex, acercándose a ella sin caerse. Quiere abrazarla como agradecimiento, pero ahora sí cae y arrastra a Amy con él, cayendo al suelo, sobre ella.

-Oh, no, Amy. ¿Estás bien? -pregunta preocupado-. Lo siento mucho. -Alex no puede mover un solo músculo. Se queda prendido en los ojos celestes de Amy. Qué ojos más bonitos, piensa él. Y Amy tampoco puede moverse, porque también está cautivada por los ojos de Alex. No pueden dejar de mirarse, y él está a punto de besarla, cuando sienten una voz a sus espaldas.

-Hola, Amy. Alex -saluda Max, regresando a la pista de patinaje. Alex rápidamente se levanta de encima de Amy, algo incómodo-. Lamento interrumpir -acota, burlándose de la incomodidad de ambos.

-Solo estaba tratando de ayudar a Alex con el hielo, y me arrastró con él. O aprendes rápido o te vas de aquí -manifiesta muy enojada, más fría que el mismo hielo. ¿Cómo pudo cambiar tanto su humor de un momento para otro?, piensa Alex, sabiendo que, si Max no aparecía, seguramente la habría besado.

-Lo siento, Amy, pero recuerda que prometiste enseñarme -le recuerda.

-Lo haré, cumplo con mi palabra. No ahora, debo hablar con Max. Puedes seguir haciendo tu trabajo.

-Está bien, cualquier cosa me avisan, estaré por allí.

-¿Qué sucede entre Alex y tú? -pregunta sorprendido, una vez que el joven se alejó de ellos.

-Absolutamente nada, sabes que no tengo tiempo para estar con alguien, solo pienso en las nacionales.

-Quizás deberías tener tiempo para estar con alguien, creo que te haría más humana, Amy.

-¿A qué has venido? -pregunta, enojada.

-Me llamaste unas doscientas veces, pensé que querías que volviera. Sé lo obstinada que eres, que no te darás por vencida, así que quiero estar aquí para ayudarte.

-Gracias, Max. Estoy mejor, ya no tengo dolor. Robert me infiltró y me recetó unos analgésicos muy fuertes. Empezaré poco a poco. Sé que fue un grave error lo que hice ayer.

-Me alegra que hayas recapacitado, Amy. Nunca vi a una persona que amara tanto el patinaje como tú. Sabía que entenderías que solo quiero ayudarte.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.