Despierto con el sonido insistente del teléfono. Apenas logro abrir los ojos cuando veo el nombre de Max en la pantalla. Contesto de inmediato, sintiendo una presión en el pecho incluso antes de escuchar su voz.
—Amy, tenemos un problema —dice, y su tono serio hace que me incorpore en la cama.
—¿Qué pasó?
—Los patrocinadores más importantes están por abandonarte, a menos de que hagas una aparición pública en la televisión para un programa deportivo y que participes de una entrevista con el diario "El gran jugador".
Cierro los ojos, molesta, agotada… y furiosa.
—No puedo hacerlo, solo quieren burlarse de mí.
—Amy necesitamos a los patrocinadores no podemos perderlos, a pesar de que tengas dinero, ellos tienen publicidad, y sin publicidad , por más que tengas talento desaparecerás del patinaje, ¿eso quieres?
Aprieto la sábana entre mis dedos. Sé que tiene razón… pero no quiero aceptarlo.
—Sabes muy bien que no. Nos vemos en un rato en la pista de patinaje.
Corto la llamada antes de que siga insistiendo.
Después de ducharme, preparo un desayuno proteico, aunque apenas lo disfruto. Todo esto me está superando más de lo que quiero admitir. Me visto con rapidez y salgo hacia la pista, intentando concentrarme en lo único que nunca me falla: el hielo.
Cuando llego, veo a Max y a Alex dando vueltas por la pista. Me acerco con la distancia habitual que pongo entre yo y el resto del mundo.
—Hola —saludo con frialdad.
—Hola Amy —responde Alex con dulzura, dedicándome una sonrisa que hace que mi corazón lata más fuerte de lo normal.
—Hola Amy —agrega Max, acercándose.
—¿Como esta tu tobillo, Amy? —pregunta Alex.
—Esta... Bien —respondo, pero me quedo perdida unos segundos en esa sonrisa que parece desarmarme— ya no duele.
—Me alegra escuchar eso, recuerda que me debes una clase sobre el hielo.
—Si Alex, hablaré con Max y luego estoy contigo.
—Esta bien, te espero, mientras seguiré con mi trabajo —dice sonriendo, mientras se dirige hacia la pulidora…
Y se cae.
Otra vez.
Max niega con la cabeza.
—Debes enseñarle urgente Amy, puede hacerse daño.
Cruzo los brazos, observando la escena.
—No se porque quiere este trabajo, si ni siquiera sabe caminar sobre el hielo, tendria que haber sido una condición para conseguir el trabajo ¿no te parece?
—Fue el unico que se presentó a la entrevista Amy, sabes que no hay muchas personas que soporten tu carácter. Y creo que Alex es muy paciente contigo.
Lo miro con incredulidad.
—Querrás decir que soy muy paciente con él, mira lo que es la pista.
—No puedes negar que esta mejorando.
—Está mejorando, pero no sirve para este trabajo.
Max sonríe apenas, como si ya supiera lo que va a decir.
—No seas cruel, además solo lo haces para ocultar que te gusta.
Mi reacción es inmediata.
—¿Qué me gusta? ¿Que Alex me gusta? Estas loco.
Que tenga unos ojos increíbles y una sonrisa… no significa nada.
—Háblame acerca de los patrocinadores, quiero comenzar con el entrenamiento.
Max asiente, cambiando el tono.
—Esta bien, nos llamaron de "el gran jugador" quieren una entrevista exclusiva dentro de una semana, enviarán un periodista hacia aqui y quieren que te presentes al programa "lo mejor del deporte".
Siento que el estómago se me revuelve.
—¿Por que hacen esto? ¿Por que quieren humillarme de esa manera?
—Los necesitas, Amy, necesitas a los patrocinadores, yo estaré allí apoyándote, si te sientes mal te sacaré de ahí, no dejaré que te lastimen.
Lo miro, insegura por primera vez en mucho tiempo.
—¿Me lo prometes, Max?
—Lo prometo, sabes que nunca te dejaría sola.
Asiento, intentando aferrarme a eso.
Empiezo a entrenar con intensidad. Cada movimiento exige más de lo que mi cuerpo quiere dar, pero no me detengo. Giro, salto, repito… hasta que intento el triple.
Y caigo.
El impacto me sacude, y aunque el dolor físico no es tan fuerte, la frustración sí lo es.
Max corre hacia mí.
—Amy ¿estas bien?
—Si, estoy bien... —respondo, pero no puedo contener las lágrimas— no podré hacerlo nunca, maldita sea.
—Tranquila, todo estará bien —intenta calmarme.
Pero no lo siento así.
Entonces aparece Alex.
—Toma Amy —dice, acercándome una taza de chocolate caliente.
La acepto. Está dulce, reconfortante… y por un momento, logra calmar el caos.
—No tienes que darte por vencida, yo se que tu puedes, con Max confiamos en ti, demuéstrales a esos periodistas que no eres ninguna fracasada.
Lo miro, sorprendida por su sinceridad.
Max interviene enseguida.
—Amy quiero que te vayas de aquí. Quiero que salgas y disfrutes un día solamente, sal y diviértete.
Niego.
—No tengo amigos y lo sabes.
—Lo sé, pero...que dices Alex, ¿no te gustaría salir con Amy a tomar unos tragos y a bailar? necesitas diversión y eso seguro ayudará a que te recuperes más rápido.
Alex no duda.
—Por supuesto que si Max, se lo dije, si ella me enseña a mantenerme en el hielo, yo la ayudaría a sonreir. Tiene razón, Amy necesitas salir y esta noche tu y yo saldremos a divertirnos.
—Lo siento Alex, agradezco tu ofrecimiento pero no quiero.
—¿Por que no quieres? ¿Te da vergüenza que te vean con alguien como yo?
Frunzo el ceño.
—¿Con alguien como tu?
—Si, tu tienes mucho dinero y yo soy un simple empleado tuyo.
Suelto un suspiro.
—Olvídalo Alex no es por eso, es que yo... No se divertirme... Lo unico que disfruto hacer es patinar.
—Y eso esta muy mal. Te llevare a un bar cubano a bailar salsa y tomar unos buenos mojitos, veras que mañana estarás como nueva, te lo garantizo.
—Alex yo...
—Vamos di que si, paso por ti a las 10, no acepto un no por respuesta.
Lo desafío.
—¿Y si mi respuesta es no?