Una Exclusividad Sobre El Hielo

Capitulo 7: "Otra Vez En Su Vida"

Después de salir de su departamento, Alex y yo nos dirigimos a la pista de entrenamiento en completo silencio. Aún estoy demasiado confundida como para dirigirle la palabra. No tengo que sentir celos de una persona que recién conozco, mucho menos de un hombre como él, que tiene amigas con derecho.

Minutos después, finalmente llegamos a la pista. Allí está Max, en su oficina, junto a otra persona. Y en ese momento, al darme cuenta de quién se trata, siento que se me aflojan las piernas. Estoy a punto de desvanecerme cuando Alex, que está a mi lado, me toma entre sus brazos, preocupado.

—¿Estás bien, Amy? —exclama mirándome a los ojos, confundido por mi reacción.

—Sí... sí, solo fue la sorpresa —respondo, intentando recomponerme. Michel no debe darse cuenta de que aún su presencia me afecta.

Y no es para menos… hace años que no lo veo. Creí que nunca lo volvería a ver.

—Hola, Amy —saluda con una sonrisa en los labios. Realmente no sé cómo tiene las agallas de presentarse frente a mí después de lo que pasó.

Aún recuerdo cuando conocí a Michel por primera vez. Max, que en ese momento ya era mi entrenador, me lo presentó como mi próxima pareja de patín, ya que al principio competía en la categoría de patinaje en pareja. Desde el primer momento, Michel y yo nos odiábamos; era imposible trabajar juntos. Ambos queríamos tener el protagonismo en una disciplina en la que eso era imposible, por lo que la pista de entrenamiento era un campo de batalla continuamente. Hasta que llegó un momento en que estábamos tanto tiempo juntos que comenzamos a dejar de pelear y realmente me enamoré de él.

Era increíble vernos en los campeonatos. A la gente le encantaba vernos patinar. La química entre nosotros era tan grande que hubiésemos sido los próximos campeones del mundo, si no hubiese llegado al extremo de entrenar 18 horas seguidas y ocasionar una lesión muy grave en Michel que lo alejó de las pistas, al menos como patinador. Lamentablemente, sé que soy la culpable de esa lesión que arruinó su carrera para siempre.

Después de ese momento, nuestra relación jamás volvió a ser igual. Aunque él seguía acompañándome a las competencias con mi nueva pareja de patín, Michel jamás me lo perdonó y, para vengarse de mí, empezó a salir con otras patinadoras a escondidas, rompiéndome el corazón en pedazos.

Aunque siempre reconocí la culpabilidad de todo lo que pasó, no creí haberme merecido semejante humillación. Varias de las patinadoras de la federación sabían que estábamos en una relación formal y ni a él ni a ellas les importaba mi sufrimiento.

Desde ese momento, me di cuenta de que jamás volvería a perder el tiempo en enamorarme y estar con otra persona. Además de terminar con Michel, también decidí dejar el patinaje en pareja y comenzar a competir sola para no hacerle daño a alguien más. Si soy exigente, el único cuerpo que se resiente es el mío.

—¿Se puede saber qué haces aquí? —pregunto, acercándome a ellos de muy mal humor. Después de encontrarme con esa mujer en el departamento de Alex, lo único que me faltaba era encontrarme con Michel, a quien no volví a hablar desde nuestra separación hace dos años.

—Siempre con ese humor, ¿nunca dejarás de ser tan arrogante? —responde Michel de mala gana. Realmente quiero saber qué es lo que hace en mi pista.

—No, y más con personas como tú, no es de mi agrado tu presencia.

—Amy, no seas tan orgullosa. Escuché sobre tu lesión y decidí venir a hablar con Max sobre tu entrenamiento —dice mirándome a los ojos.

—¿Qué sucedió con la rusa que estabas entrenando? —exclamo cruzándome de brazos. Nuestras miradas se encuentran.

—Quiero entrenarte a ti, Amy, con ayuda de Max, por supuesto.

—Lo siento, pero yo no quiero que me entrenes, no te necesito.

—Amy, no seas tan arrogante y escúchame. Estoy aquí en son de paz, solo quiero ayudarte —añade intentando hacerme entrar en razón.

—Pero yo no quiero que me ayudes. Max es un gran entrenador, con él sobra y basta.

—No me iré hasta que no me escuches.

—Pues a mí no me importa, haz lo que quieras. Alex, ¿por qué no preparamos chocolate caliente? Creo haber visto que no desayunaste. Necesito alejarme lo más pronto de allí o terminaré por dejarme llevar por mis emociones y golpear a Michel. No soporto ver su cara por más tiempo.

—Muy buena idea, Amy, vamos.

Sin pedir ninguna explicación sobre lo que acaba de presenciar, Alex me acompaña a la cocina. Allí, me apoyo sobre la mesada, intentando recomponerme antes de volver a salir a la pista.

—Amy, ¿estás bien? —pregunta Alex, preocupado. Seguro debo tener una cara terrible, no soy capaz de disimular lo que siento.

—No, Alex —confieso al borde de las lágrimas, con las manos temblando de ansiedad.

De repente, noto que Alex se acerca a mí y, con mucho cariño, me toma entre sus brazos.

—¿Qué haces? —pregunto confundida. No estoy acostumbrada a que me consuelen, mucho menos a que me abracen.

—Solo estoy consolándote. Todos necesitamos un abrazo de vez en cuando y yo quiero dártelo.

Por alguna extraña razón, no logro alejarme de él; al contrario, termino por responder a su abrazo. Siento unas terribles ganas de llorar y mi corazón late con demasiada rapidez, como nunca antes.

—Amy, si necesitas llorar, llora. No le diré a nadie —susurra con una ternura que me desarma, aunque me cueste admitirlo.

—Gracias, Alex.

Sin decir más, termino por separarme de él.

—¿Por qué intentas aparentar ser fría si no lo eres? —pregunta mirándome a los ojos.

—No me conoces, Alex. Así como dijiste que era una malcriada, no me conoces lo suficiente para tener una opinión sobre mí. Aún me duele ese comentario.

—Olvida lo que dije, Amy. Estoy aquí para hacerte sentir mejor, y un buen chocolate caliente te ayudará.

Alex termina de calentar la leche y me entrega una de las tazas. El día está muy frío y una taza caliente me viene bien.




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