Una Exclusividad Sobre El Hielo

Capitulo 8: "Somos Novios"

—¿A qué has venido, Michel? —pregunto, que aún estoy conmocionada por el beso que nos dimos con Alex.
—Como te dije, estoy aquí para entrenar contigo y Max dijo que sí —en ese momento me doy cuenta de que dirige su mirada hacia Alex y añade de muy mala manera—: espera, ¿por qué tiene que estar el de mantenimiento escuchando nuestra conversación?

—Porque es mi amigo —respondo enojada—, y yo quiero que esté presente. No sé si es algo bueno para mi cordura que Alex esté presente, pero tampoco quiero estar sola con Michel.

—Yo a ti te conozco, ¿cómo te llamas? —pregunta con seriedad, como si estuviera preocupado por mí.

—Alex Rodríguez —responde Alex, algo incómodo.

—Alex Rodríguez —repite su nombre, intentando darse cuenta de dónde lo conoce—. No sé por qué me suena tanto tu cara, pero ¿podrías dejarnos a solas, por favor?

—Dije que Alex se queda conmigo —exclamo finalmente, haciendo respetar mi decisión.

—Si ella no quiere que me vaya, lo siento, no me moveré de su lado —dice Alex, cruzándose de brazos.

—Eres insufrible, Amy. Nunca cambiarás —añade enojado. Sinceramente, me importa muy poco lo que piensa de mí—. Pero, en fin, sé que te estás recuperando de la lesión y que pronto estarás para competir. Quiero que participes en las nacionales.

—¿Qué? —exclamo sorprendida, mirándolo a los ojos—. No sé si llegaré, es demasiado esfuerzo y aún mi tobillo está lesionado.

—Las nacionales comienzan en dos meses, aún tenemos tiempo, siempre has sido mejor patinando sola, Amy. Por eso, quiero ayudarte.

Por alguna extraña razón, no entiendo su insistencia en entrenarme, pero si puede llevarme a las nacionales, no puedo decirle que no.
—¿Qué pasó con la rusa que entrenabas? ¿Te cansaste de ella?

—No es así, dejé a uno de mis ayudantes. Pero cuando vi tu lesión me preocupé. Sabía que tenía que estar contigo, no quiero que pierdas la oportunidad de las nacionales.

—Lo que no entiendo es qué puede importarte lo que me pase. Tú y yo ya no somos nada —la ira me consume por dentro, pero estar con él es una gran oportunidad, sin desmerecer a Max, aunque no daré el brazo a torcer fácilmente, Michel sabe que soy muy orgullosa.

—Amy, ¿quieres llegar a las nacionales? —pregunta, desafiándome con la mirada.

—¿Qué? —siento que no sé qué responde, su sola presencia me afecta más de lo necesario y no porque siga amándolo, sino porque no puedo olvidar sus múltiples humillaciones, hasta con mujeres de mi propia federación.

—Respóndeme, ¿querés llegar a las nacionales?

—Por supuesto que quiero, sabes que es lo que más deseo.

—Muy bien, entonces entrenarás conmigo, te guste o no. Ya hablé con Max y está de acuerdo en que trabajemos juntos. Hay poco tiempo y mucho por hacer.

—No quiero trabajar contigo, Michel, entiéndelo. Tu sola presencia me molesta —exclamo con mi voz cargada de toda la ira contenida.

—Amy, no mezcles sentimientos con trabajo, solo quiero que llegues a las nacionales y ganes.

—Para ti es fácil decirlo, al fin y al cabo no fuiste el humillado delante de toda la federación… pero ¿sabes qué? Max y tú hagan lo que quieran. Decidan por mí, total yo no tengo sentimientos, debo ser tan fría como dicen.

—Amy… —dice Michel intentando acercarse a mí.

—Déjame en paz, tengo mucho que pensar, me voy.

—Piénsalo, Amy, si realmente quieres llegar a las nacionales, tienes que aferrarte a mí, soy tu única esperanza.

—Me voy, por hoy es suficiente para mí.
Sin decir ni una palabra más, salgo huyendo de la cocina, tratando de escapar de esos dos hombres que me están volviendo loca, pero Alex sale tras de mí y me alcanza justo cuando estoy abriendo la puerta de mi auto para alejarme de aquí.

—Quédate a entrenar, Amy, no le des el gusto de hacerte sentir mal. No te vayas, la pista está esperándote bien pareja y limpia.

Y aunque sé que Alex tiene razón, no tengo las fuerzas suficientes para seguir enfrentando a Michel, al menos por hoy.
—Debo reconocer que has mejorado muchísimo.

—Gracias por el cumplido, jefa —dice Alex mirándome con una cara tan tierna y graciosa que me hace sonreír—. Eres tan hermosa cuando sonríes, ¿cómo no voy a querer comerte la boca de un beso?

Sus palabras hacen que abra mis ojos de par en par, sorprendida, y un calor indescifrable recorra todo mi cuerpo. Debo admitir que Alex despierta más en mí de lo que quisiera aceptar.

—Ni se te ocurra.
Alex levanta las manos como señal de rendición.
—Como usted diga, jefa —en ese momento pone una cara tan triste que provoca que vuelva a reír. Lamentablemente, segundos después me doy cuenta de que fue un error, porque Alex se acerca demasiado y me besa.
Ya no es un simple roce como el anterior. Ahora es un beso de verdad, con ternura, pero también con la pasión de dos bocas que estaban esperando conocerse.

Siento la lengua de Alex abriendo mi boca. Dejándome llevar por mis impulsos, envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y respondo a su beso como si no hubiese un mañana. Hacía tanto que alguien no me besaba con esa intensidad que nunca imaginé que lo necesitara, en realidad creo que Michel jamás me besó de esta manera tan increíble.

De repente, un carraspeo interrumpe nuestro maravilloso momento.

—Lo siento, no quería interrumpir, pero están en el camino —exclama Michel muy molesto—. No sabía que ustedes dos…

—¿Somos novios? Sí, lo somos, ¿no hacemos una linda pareja?
¿Novios? ¿Es que acaso Alex se ha vuelto loco? ¿Cómo puede decir algo así, una gran mentira, frente a todo el mundo?

—¿Qué dices, Alex? —susurro en voz baja para que Michel no nos escuche.

—Tú déjamelo a mí —responde con una tierna sonrisa que me desarma.
—No puedo creerlo, Amy, es increíble —dice burlándose de Alex—. Jamás creí que cayeras tan bajo como para acostarte con un tipo de mantenimiento.

En ese momento, logro ver que Alex está empezando a molestarse de tal manera que se abalanza hacia Michel para intentar golpearlo, pero levanto mi voz para detenerlo.




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