Una Extraña en mi vida [saga Italianos #3]

Capítulo 9

Al entrar a nuestra habitación Renzo colocó las maletas en una esquina y se acercó a mi.

—Es un lugar muy bonito —rodeó mi cintura y me atrajo a su cuerpo. Senti sus labios en mi mejilla, luego recorrer mi cuello, cerré los ojos mientras sentia sus caricias.

Me sujete de sus anchos hombros mientras Renzo buscaba mi boca, era un beso violento, nunca me habia besado de está manera, senti mi espalda chocar contra la pared, mientras sus manos recorrian mi cuerpo con desesperación... pero luego el beso se acabo, yo jadeaba, Renzo se aparta y su mirada se ha tornado oscura, estira su mano y acomoda el frente de mi blusa. Hasta ese momento me doy cuenta que estaban tocando la puerta.

Él se acomoda su pantalón y pasa una mano por su cabello, abre la puerta y yo sigo pegada a la pared, mi cuerpo palpitaba de deseo por él.

—Salomé —lo escucho llamarme y a como puedo me muevo hacia donde él, abre la puerta y veo aquella mujer. Me parecia conocida pero mi mente se negaba a cooperar de reconocerla.

—¿No me recuerdas? —ella sonríe, era una chica de tez blanca, su cabello castaño recogido una moña, llevaba un sencillo vestido pero que realzaba su delicado cuerpo, en sus manos llevaba una cesta —soy tu prima Berenice —abri la boca y me lance a ella para abrazarla con fuerza.

Dabamos saltitos ¿Cómo la habia olvidado?, bueno pero es que ella no se parecia en nada a la chica que conocí.

Se separó y me sonrió

—Toma —me entrega la cesta — es de Bienvenida, cuándo lei tu nombre en el libro de registro no lo podia creer. Trabajo aqui

—Entiendo — Berenice mira a Renzo —te presento a mi prometido, Renzo D'Luca —él extiende su mano y la saluda, las mejillas de mi prima se han tornado rojas.

—Es un placer, las dejó, iré donde papá —sale de la habitación.

—Pasa Berenice —la invitó y ella accede.

—Mamá estará feliz de verte —me siento frente a ella

—Iremos a visitarla por la noche,Luka nos invitó a cenar —ella desvia la mirada.

—Luka acaba de regresar —frunzo el ceño —pasó muchos años fuera

—Entiendo —ella me mira con dureza

—No lo entiendes Salomé, tú te marchaste sin ver atrás, cuando nuestra abuela murió, no volvimos a saber de ti. Tuvimos días duros, Luka detestandonos a todos, como si nos culpaba por el abandono de su madre, un dia simplemente desapareció, nos volvimos locos buscándolo y meses después llegó una carta de él a mamá, se habia ido a buscar a su madre —Berenice tenia las manos hechas un puño —al parecer la encontró y sólo recibio desprecio de parte de ella pero aún asi, no volvió, se dedico a trabajar y empezó a mandarle dinero a mamá.

—Yo... —la verdad no sabia que decir

—Años de años lejos de nosotros pero quincenal no faltaba el dinero para mamá pero eso a ella no le importaba estaba preocupada por él, sabes que lo amo desde que lo conoció, ella atesoraba las cartas y no eran muy seguido. Mamá tuvo un accidente, se cayó del caballo y se lastimó la espalda—abro los ojos como plato —fueron dias tristes, ella se sumio en la tristeza, siempre a sido muy activa y estar postrada en una cama la estaba consumiendo. Pero llegó Luka y se propuso sacarla de la depresión a mamá.

—¿Lo logró? —Berenice asiente y suspira

—Mamá tiene una adoración por él, más que por sus propios hijos.

—No pienses asi, sólo debe preocuparse por que Luka a estado sólo.

Ella sonrió con ironía

—Él es su adoración y cuándo él le dijo que había elegido desde hace mucho a la mujer con la que iba a casarse ella no dudo en apoyarlo.

—¿Asi que está casado? —sonrió pero ella negó y sonrió de una manera malévola.

—Aún no mi querida Salomé —alisa su falda —al parecer mi hermano se enamoro a los doce años y desde ese dia decidió que ella seria su esposa.

—Que intenso —declaro y mi prima me mira con molestia

—Lo mismo pienso ya que hay otras mujeres que valen la pena

—¿Quién es la afortunada o desafortunada? —río de mi mal chiste pero Berenice no lo hace.

—Eres tú Salomé —abro los ojos como plato y siento que trague demasiado fuerte ya que me estaba ahogando en mi propia saliva.

Mi prima no se movio a socorrerme, sólo me observaba desde su asiento, cuándo pude calmarme, sentia mi espalda arder.

—¿De que rayos hablas?

—Al parecer sólo tuvo que verte cuando venías con tu madre a ver a la abuela para quedar prendado de ti —me observa con dureza —quizás ahora se desiluciono al ver que no te volviste en una belleza —frunzo el ceño porque claramente me estaba diciendo fea

—Me gusto como soy —me encogo de hombros —y tengo novio, un dios que bajo del Olimpo —Berenice desvia la mirada hacia sus manos.

—¿Qué haces aquí Salomé? Jamás te importamos, nunca has escrito ni para navidad, no te has preocupado por mamá y justamente cuando regresa Luka, lo haces tú.

—Le hable tanto de este pueblo a mi prometido que queria conocerlo

Berenice me miró una vez más antes de ponerse de pie.

—Entonces te veré en la cena

—Gracias por tu visita Berenice —ella suspiró y se acercó

—Perdona mi momento de locura, he estado tensionada y no habia podido desahogarme con alguien

—No te preocupes —coloque mi mano en su hombro.

Ella se dirigió hacia la puerta, al abrirla se giró un momento para verme, me sonrió y luego se marchó, dejandome con un mal sabor de boca. Ella estaba resentida con Luka y mi tia, lo senti en sus palabras y estaba segura que estaba equivocada con lo de Luka me habia elegido para ser su esposa, era una total locura. Algo sin sentido.

Renzo

Papá me observó desde donde estaba sentado, no salia ni una palabra de su boca pero me daba cuenta que estaba molesto.

—¿A qué juegas? —mi mirada se centró en aquella cartera de cuero que descansaba en mis piernas, pasé un dedo por ella y luego me puse de pie, camine hacia el pequeño balcón.

—No tengo ni un recuerdo de Salomé, no sueño con ella pero si con una mujer extraña para mi —escuche los pasos de papá acercarce a mi.




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