Una Extraña en mi vida [saga Italianos #3]

Capítulo 20

Mi mirada recorrió el salón, suspire y con cuidado lleve mi mano a mi cabello.

—Estas bellisima —levante la mirada y le sonreí a Luka, este hombre cada día me sorprendía, era muy atractivo. Su traje negro, no ocultaba su cuerpo bien trabajado.

—Gracias — murmure y negué con la cabeza al mesero que se acercó con una bandeja, Luka tomó una copa, sonrió y llevo la bebida a sus labios.

—Te llevare a que conozcas a la anfitriona, debo ver un asunto de negocios

—No te preocupes por mi, me sentare en aquel rincón —señale con la cabeza —ahí te espero, estoy un poco cansada.

Luka me condujo al lugar señalado con mucho cuidado me ayudó a sentarme, una vez lo hice, inclinó su cabeza y rozó mis labios con los suyos, me sentí estremecer, sus ojos se tornaron más oscuros, se separó y bebió de una vez lo que quedaba en su copa. Llevábamos exactamente cuatro meses de casados, en los cuales me había tratado como una reina, estaba atento de mi y el bebé, mi embarazo ya se notaba.

Con cuidado apoyo la palma de su mano en mi vientre

—Cuida a mamá, mientras papá regresa —sonreí al escuchar la misma recomendación de todos los dias al bebé.

Él se marchó y me dediqué a observar a los presentes en la fiesta en la que estábamos la alta élite Italiana se movía en este lugar, sonreí al ver a modelos que sólo en revistas había visto y nunca pensé conocer. Luka había dejado el pueblo, se había comprado una enorme casa, esa preciosa casa había sido mi regalo de bodas. Me encantaba el lugar, sobre todo el enorme jardín, pasaba mis horas ociosas sentada en una banca de piedra bajo la sombra de un enorme árbol, contemplando las flores y por supuesto tejiendo, mamá me había enseñado desde niña y ahora lo tomaba en práctica para la ropa de mi hijo. Había renunciado a la clínica, Luka me dijo que no había prisa para que trabajara que me dedicara al bebé, cuando quisiera trabajar un puesto me esperaba en las oficinas de la Fábrica acá en la ciudad, mi esposo se estaba expandiendo, sus ganancias las estaba triplicando por ahí escuché a alguien decir que él tenía el toque de Midas.

—¿Aburrida? —mi mirada se desvió al hombre elegante y guapo que estaba junto a mi, sus ojos de un verde esmeralda se veían fríos, colocó la copa de cristal sobre una mesita y desvió su mirada hacia el salón.

—No lo estoy —la verdad no me aburría ver tanta gente

—Que descuido —lo miro y veo una sonrisa en su rostro, era un hombre muy extraño, estaba segura que no su sonrisa no era sincera —Soy Bruno Baruzzo.

Lo mire y trate de recordar si su nombre o apellido me eran conocidos pero no, así que sonreí por que no sabía si estaba ante alguien famoso.

—Salomé Marini — asintió y extendió su mano, la estreche y me apretó fuerte, su mirada estaba puesta en mi con curiosidad y algo de recelo al mismo tiempo.

—La esposa de Luka —su mirada se centró en una pareja que estaba en la pista, la mujer era muy elegante, está reía en brazos del hombre con el que bailaba, de reojo miré a Bruno y pude ver que un nervio brincaba en su mandíbula —¿Ya sabes el sexo del bebé?

—Aún no —él asintio con la cabeza y se puso de pie

—Disculpa Salomé, debo retirarme, ha sido un placer conversar contigo

Lo vi caminar majestuoso como si fuera un rey en medio de su palacio,se paró junto a la pista de baile, su espalda erguida, su mirada debía ser tan penetrante que la mujer desvió la mirada hacia él, la sonrisa se borró de sus labios e inmediatamente dejo de bailar, se retiró mientras Bruno siguió un momento junto a la pista para luego retirarse.

Lo seguí con la mirada hasta que se perdió en medio de la gente.

—Debes estar cansada —sentí el beso en mi cabello y luego la caricia en mi mejilla —ya cerré el negocio, podemos retirarnos.

—¿Aquí? —lo mire incrédula,él sólo sonrió de una manera muy sexy.

—Si, aquí —sentí sus labios tibios en los míos, un beso casto, uno delante de la gente por que en la intimidad Luka solo tocaba mi vientre para hablar con el bebé, estaba segura que él ni siquiera me veía, cenabamos, luego el se perdía en su despacho hasta la hora de dormir que llegaba a mi habitación a desearme las buenas noches, un beso en la frente y luego palabras de afecto al bebé.

Suspire y permití que me ayudara a levantarme, sentí su brazo cariñoso rodear mi espalda, sus suaves besos en el cabello mientras caminábamos hacia la salida, cualquiera que nos viera diría que eramos una pareja muy enamorada aunque la verdad era otra. Luka solo me estaba protegiendo.

—buenos días —entre al comedor a la mañana siguiente de la fiesta, mi esposo estaba sentado en el comedor con el periódico abierto. Lo aparto un momento y sonrió, esas sonrisas me parecían muy sexys, se levanto para ayudarme a sentar y con una inclinación de cabeza le indicó al mayordomo que esperaba para dar la orden de desayunar.

—¿Como está el bebé? —pregunto una vez se sentó

—Muy bien —sonreí mientras desviaba la mirada hacia el periódico, sabia que estaba leyendo la sección de la bolsa de valores, frunci el ceño al reconocer un apellido —¿Baruzzo? Que coincidencia anoche conocí a un hombre llamado Bruno Baruzzo.

Luka no respondió mi miro por un momento y luego al periódico.

—Es el dueño de la empresa— la señaló con el dedo en el periódico —un hombre con suerte, sus acciones subieron está mañana considerablemente.

—¿Tus acciones están en la bolsa? —Luka asintio

—Podría decir que me has traído suerte Salomé, mis negocios han triplicado.

Mordi mi labio por que sabía que solo me estaba haciendo un cumplido, no era suerte, Luka era un hombre muy inteligente y sabia como controlar sus negocios y hacerlos crecer más.

Desayunamos en silencio pero uno muy cómodo, cuando termino de comer, se puso de pie, tomo su celular y lo guardo dentro de su saco.

—No me esperes a almorzar —beso mi mejilla y se marcho, baje la mirada y me sentí un poco triste.




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