Una Extraña en mi vida [saga Italianos #3]

Capítulo 27

Los días pasaron y las visitas de Piero se hicieron frecuentes, disfrutaba de las visita del abuelo de mi hijo.

Desde el día que Luka se marchó no sabía nada de él pero Dante me aseguró que estaba bien, que siempre que hacía sus viajes apagaba el móvil para centrarse en los negocios.

Suspire y acepte el hecho que no sabría nada de él hasta que regresará.

—Está noche llega mi hijo Giovanni lo —lo miré y le sonreí, pude notar su alegría al volver a ver a su hijo.

—Me alegra por ti —él acaricio la cabecita de mi hijo

—Quería pedirte un favor —Piero me miro por un momento —¿puede ser la cena aquí en tu casa?—lo miré sin entender pero él bajo la cabeza un momento —Mi ex esposa estará en la cena y yo... —suspiró —no quiero que esté en mi casa y no por que sea insensible... Salomé, aún no la he superado y créeme es difícil para mi, verla en mi hogar y saber que no es parte de él.

—¿Aún la ama?—Piero solo sonrió y suspiro.

—Creo en mi corazón siempre habrá un poco de cariño hacia ella.

Asentí

—Piero, sabes que haré lo que sea por ti,  aquí puede ser la cena... —él me interrumpió.

—Gracias mi niña, no te preocupes por los alimentos, mi personal los preparará y sólo los traerán, en ningún momento causare más molestias a tu gente —se puso de pie y camino hacia el gran ventanal que teníamos en la salita.

—¿Estás bien?

Piero suspiró y se giró para mirarme

—Renzo estará aquí —asenti y revisé a mi hijo si estaba bien.

—No te preocupes, ustedes estarán en su cena, yo estaré en mi habitación.

—No, está es tu casa mi niña,te lo decía para que te prepares y estés tranquila.

Suspire y desvíe la mirada hacia el jardín, sentía la mirada de Piero.

—¿Aún lo amas?—pasé mi lengua por mis labios resecos.

—Si —baje la mirada hacia mis manos, yo estaba casada con Luka y estaba confesando que aún amaba al padre de mi hijo, un recuerdo se vino a mi mente

Flashback

—¿Donde irás? —Luka no respondió mientras sacaba las camisas de su clóset y las metía en la maleta.

Se detuvo un momento y su mirada oscura se posó en mi.

—Eres tan preciosa Salomé, te veo y mi corazón tiembla de emoción al tenerte cerca —mordi mi labio y él paso una mano por su cabello negro y desordenado —pero sé que tu corazón no tiembla por mi, sé que amas aún a Renzo, lo he visto en tu mirada.

Abrí más los ojos y sentí una punzada de dolor en mi corazón, pensé que ocultaba mis emociones, luchaba por hacerlo, cada dia me esforzaba por amar a Luka pero era imposible, Renzo estaba clavado muy dentro de mi corazón.

Luka hizo una mueca como una sonrisa

—Nos casamos para que mamá no sufriera por saber que te había pasado lo mismo que a tu madre, pero Renzo a reaccionado muy bien a su paternidad.

—¿De que hablas? —Luka siguió llenando la maleta

—Le diré la verdad a mamá —lo miré atónita —el bebé merece relacionarse con su verdadero padre, tú y yo sabemos lo que es anhelar un padre ¿cuántas veces soñamos como seria tener un padre en nuestras vidas? Muchísimas y yo no seré ningún estorbo Salomé.

—Pero... eres... —Luka sonrió y dejó la maleta, camino hacia mi, sujeto mi barbilla y la levantó.

Su mirada oscura recorrió mi rostro, su pulgar acarició mis labios, vi su cabeza descender y sentir sus labios rozar los míos, con ternura, cariño. Su beso fue distinto de todos los que me había dado,  cuando se separó, había algo en su mirada que no pude descifrar.

—Luka... —él no respondió sólo se dio la vuelta, antes de llegar a la puerta se giró, me miró con esa mirada suya penetrante

—Te amo Salomé —abrí la boca pero él negó con la cabeza —no digas nada.

Sonrió y salió de la habitación, lo espere más él no llegó, terminé de hacer su maleta, note las maletas acumuladas en una esquina, sonreí al darme cuenta que Luka era peor que una mujer, llevaba demasieo equipaje  para un viaje.

Fin del flashback

Bien, nos vemos en la noche.

Piero se marchó y yo me pregunté una vez más ¿hasta cuándo se acabaría el amor que sentía por Renzo? Mi esposo merecía que lo amara con todo mi corazón.

Narrador

La noche cayó muy elegante con un hermoso cielo adornado con luceros de plata.

Piero estaba nervioso esperando a sus invitados, su mirada caía a cada rato en el reloj de su pulsera.

El mayordomo de su casa, estaba revisando la mesa dispuesta para los invitados.

Salomé estaba sentada en un cómodo sillón, sonrió al verla tan elegante con su vestido negro de dos tiritas, tallado hasta la cintura para luego caer en una amplia falda que le llegaba hasta las rodillas, su cabello recogido en un moño y varios mechones sueltos, su único adorno eran unos pendientes largos de plata.

El timbre sonó y el corazón de Piero latio desesperado. El mayordomo abrió la puerta y la vio... Mercedes Amoretti estaba más bella que nunca, ella lo miró por un momento y luego entregó su abrigo al mayordomo.

Él se apresuró hacia ella, su mirada recorrió su cuerpo bien conservado, enfundado en un elegante traje pantalón azul rey, llevaba perlas y sonrió al reconocer el juego que él le obsequió con el nacimiento de su hijo Giovanni.

—Bienvenida — ella sonrió

—¿Aquí vives ahora? —su voz suave le provocó un cosquilleo en la espalda.

—No, está es la casa de Salomé, la madre de nuestro nieto —ella abrió más los ojos y él solo sonrió, se atrevió a tomar su mano y conducirla ante Salomé, hizo las presentaciones y tal como lo imagino, ambas mujeres se cayeron muy bien.

Los tres estaban disfrutando de una charla muy amena, sin saber de la sorpresa que le tenía previsto el destino.

El timbre sonó y escucharon las voces alegres de los invitados que faltaban.

Piero con mucha alegría se puso de pie y se giró para estrechar a sus hijos en sus brazos

—Padre —Giovanni sonrió a su padre, un hombre elegante, alto, guapo y muy seguro de si mismo, avanzo hacia él, sujetó de la mano a la mujer que lo acompañaba, la había conocido hacía un par de meses y había sido magia como ella lo llamaba— te presentó a Giana.




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