Una Extraña en mi vida [saga Italianos #3]

Capítulo 32

Narrador

El hombre miró la foto que tenía entre sus manos y la estrujo con fuerza hasta volverla una bola, la tiró al suelo y se puso de pie, camino hacia el gran ventanal y sintió aquel dolor en su pecho, cerro los ojos con fuerza y espero que pasará.

Escucho la puerta abrirse, sin embargo no se tomó la molestia de girarse.

—Es interesante ver al gran hombre de hierro hecho una bola de mierda.

Escucho los pasos detenerse y luego avanzar hacia él, lo sintió junto a él pero no lo miró.

—¿Qué esperabas? Qué tu amada esposa e hijo salieran inmunes —giró su cabeza y apretó con fuerza los dientes —Descubrieron que era tu talón de Aquiles y hoy eres una filtrapa.

Apretó los puños pero no hizo nada, tenía tanta furia contenida dentro de si, él, que no le temía a nada, hoy era un hombre lleno de miedos, no dormía culpandose por haber puesto en peligro a la mujer que amaba y a su bebé.

Escucho la risa llena de burla retumbar en la habitación.

Suspiró y pegó la frente en el vidrio de la ventana, cerró los ojos y pensó que si Renzo seguía a su corazón, ella y el bebé estarían completamente a salvo y él seria libre para destruir a quien hoy lo amenazaba con dañarla a ella.

—Te creiste inmune, anunciaste a los cuatro vientos tu boda y la llegada del bebé, tarde o temprano iban a saber quién era el hombre detrás de sus desgracias, el hombre de hierro sin corazón y llego el dia Luka.

Cada palabra calaba su corazón, por que era la verdad, fue arrogante, orgulloso y pensó que nunca estaría de este lado.

—Dejame sólo —pidió y su mirada viajó a su mano izquierda, miró su anillo de matrimonio, nunca se lo dijo pero fue el hombre más feliz al saberla su esposa, cada noche la esperaba en su cama, tenía la esperanza de que ella decidiera darle una oportunidad al matrimonio pero nunca lo hizo, se quedaba dormido esperándola y cada día se renovaba de esperanzas para que estas murieran en su cama vacía cada noche —Averigua donde está, quiero saber cada movimiento de esa maldita gente y sobre todo averigua si hay un verdugo para ella.

Escucho la risa nuevamente y esta vez su furia pudo más, sintió su mano rodear aquel cuello, su mirada se había vuelto oscura, sus labios una sola línea.

—No olvides quién soy y quién paga tus cuentas, te he dado una orden.

—Eres tan estupido Luka Martini, por supuesto que hay un verdugo desde el momento que recibiste las fotos de tu mujer sentada en el jardín, la amenaza estaba clara. Tu esposa está en la lista de la parka.

Soltó su cuello y escuchó sus pasos dirigirse a la puerta, una vez estuvo sólo, se dejó caer de rodillas y por primera vez en muchos años, lloró como un niño, la quería viva aunque fuera con otro hombre pero estaba dispuesto a renunciar a ella con sólo saberla viva.

Salomé

—Dante ¿dónde está mi esposo? —su primo sólo se encogió de hombros.

—No tengo la menor idea, te dije que cuando hace sus viajes de negocios, no sabemos nada de él.

Pase mi mano por mi cabello y mordi mi labio inferior.

—Tengo miedo que algo le pasé, Luka desde que estamos casados, me escribe cuando llega a la oficina, cuando tiene alguna reunión me dice donde estará, cuando sale de su trabajo para la casa me lo informa, pero llevo días sin saber de él,  le escribo y no recibo respuesta es como si no existiera —me dejó caer en la silla frente a mi primo quién sigue viendo la pantalla de su computador.

—Lamento no poder ayudarte Salomé pero ya me acostumbré a los viajes de Luka, es normal que no se comunique con nosotros, de repente aparece como si nada, así que no te preocupes.

Me puse de pie y caminé de un lado a otro.

—Perdona, solo es que últimamente me siento nerviosa, a veces tengo la impresión de que alguien me esta observando —sonrió a medias —creo estoy paranoica.

Dante se pone de pie y revuelve mi cabello.

—Si estas paranoica, tu casa es muy segura y no sé si sabes pero tienen vigilancia las 24 hrs, Luka es un hombre multimillonario así que ha tomado las medidas necesarias, una vez el mundo se entero de cuanto es su fortuna.

Suspire y asentí

—Tienes razón —tomé mi bolso —debo irme, ya el bebé debe estar extrañando a su mamá.

Dante sonrió.

—No es conveniente que en tu estado conduzcas, te llevó y luego envió tu auto.

Abrace a mi primo y luego le entregue las llaves del auto.

Debía tranquilizarme y esperar que mi esposo apareciera pronto, tenía miedo por él, no entendía la razón pero en mi corazón se había instalado la preocupación por mi esposo.
 




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