Liam Leroy.
Despierto en la sala de hospital y veo a Daphne dormida en la silla con una manta arriba.
Cuando desperté no la ví, no me extraño, ya que la última vez que la ví la trate horrible y me arrepiento mucho de eso, pero luego les pregunte a mis amigos y me dijeron que estuvo noche y día aquí, observandome y cuidandome. La noticia me tomó por sorpresa, ya que, como dije, después de como la trate, pensé que no quería volver a verme.
No me la merezco.
Me acomodo para quedarme más cómodo y opto por sentarme, trato de no hacer ruido para no despertar a la muñequita de blanco que tengo al frente, pero no funciona. Ella me mira con esos ojos totalmente negros.
Se que me va a gritar, a odiar pero... Solo sonríe.
—Eres un idiota—me dice y se acerca a mi para subirse a la camilla y abrazarme—. No dejes de tomar la pastilla y come algo de comida, o solo... No te vayas...
Agarro su cara y hago que me mire fijamente y luego, le doy un beso en la comisura del labio.
—Eso que te dije de que eras una más, no era cierto, Daphne—le digo y ella se separa.
—Si lo soy, tu tienes tantas chicas atrás tuyo como perros en celo—me responde con la cabeza agachada, pero se la levanto.
—Y si lo eres... —le digo y me acerco más a sus labios—... Eres la que más quiero y la única que me provoca emociones, Daph, yo también te amo.
Ella se separa y me observa con esos ojos negros hermosos para luego empujarme y tirarse encima para besarme en la boca. Nuestras bocas juntas son perfectas. Ella es perfecta. Mi mano viaja a su trasero y la presionó más contra mi, para que pueda sentir lo duro que me pone.
La puerta se abre y nos separamos rápidamente. Es Alejandro.
—Vayan a un lugar más privado, por favor—pide Alejandro y cierra la puerta tras el.
Daph se levanta de la cama y se acomoda el pelo desordenado.
—Yo... Iré al baño... —dice sonrojada y se va, sin antes, regalarme una hermosa sonrisa.
Se va y Alejandro me mira. Ahora me va a regañar porque no tome la droga. El y Kev ya lo habían hecho, ya me habían regañado.
—¿Que pasa? —le pregunto enojado porque interrumpió el momento.
Mi amigo enojado me mira.
—Se que ya lo hablamos con Kev pero, Liam, ¿Por qué no tomas la medicina y comes? —el silencio mío lo frustra y se pasa una mano por el pelo—. ¿Tu quieres seguir aquí?
Suspiro. ¿En serio quería seguir en este mundo? Claro que si, digo, no es el mejor pero hay cosas lindas en el, mis amigos y Daphne.
—Si quiero, solo que... —no sabía porque, no podía explicar lo que sentía al tomar la droga—. Ale, yo de verdad quiero...
La enfermera entra y nos observa fijo.
—Perdón, necesito... —es pelirroja, y joven, esta temblando, esta nerviosa. Sujeta con firmeza su anotador y se pone a la1 derecha—. Tiene que tomar su medicina.
Ella se acerca, saca de su bolsillo el paquete de medicinas y me la da en la mano. Mientras la trago sin masticar, ellos hablan.
—¿Cuando tendrá el alta? —pregunta mi mejor amigo y le hace seña a Kev para que entre y escuche.
Me siento como un niño pequeño. Me siento como cuando era un niño y descubrieron mi enfermedad. Me siento como un tonto. Como una carga. Un torpe.
—Si todo va bien, será capaz que en tres días—luego los tres salen y entra Aye.
—¿Y tu que quieres? —le pregunto de mala gana, ya que lo único que quiero es dormir abrazado a Daph.
—No me hables mal que no soy una de tus malditas zorras—me contesta de mala gana para luego suspirar—. Te tengo una maldita pregunta y quiero que me contestes con la verdad y que me dejen de mentir porque sus malditas mierdas, —se señala a ella con su dedo—yo ya no me las creo.
—¿Que rayos quieres saber? Y dilo rápido, quiero dormir.
—¿Por que no nos hablaron en todo el verano? —me pregunta muy sería—. La verdad.
—Porque se nos rompió el celular, ya te lo dijimos—le contesto con obviedad.
—Dime la verdad maldito idiota—me dice enojada.
Ni drogado le pensaba decir la verdad, se iba a enojar. No les habíamos respondido porque en el verano nos dedicamos a robar.
—Ya vete, Ayellen—le digo cansado de escuchar su chillona voz, ella se cruza de brazos y enojada se va.
No entiendo como Daphne la soporta.
Los siguientes tres días pasan rápido pero a la vez lento, Daph se queda todo el tiempo, no se despega de mi. Hoy es el día que me iré de aquí y volvere a casa.
—Estaba pensando que mañana podemos ir a una nueva cafetería—empieza Chloé a hablar, pero no le presto atención.
Salimos del hospital y vamos a casa caminando. Kevin y la amiga molesta van de la mano, al igual que Ale y Chloé, pero nosotros no. Paso mi brazo a través de su cuello y la acercó a mi.
—¿Que quieres hacer ahora cuando lleguemos a tu casa? —me pregunta con una pequeña sonrisa.
Ella no había estado yendo a la escuela para estar conmigo y tampoco quería enfrentar toda la mierda de personas ahí dentro. Era lindo volver a verla sonreír.
Una sonrisa maligna aparece en mi rostro.
—¿De enserio lo preguntas? Porque tengo un montón de ideas para hacer contigo, niña rica—le contestó divertido y ella se ríe.
—No eso idiota, yo quiero dormir—me contesta bostezando.
La acercó más a mi cuando llegamos a nuestro vecindario, los chicos hacen lo mismo, todos vamos juntos y estamos cerca.
Cuando llegamos a casa, afuera hay un hombre sentado en el camino arruinado.
Pero... ¿Quien rayos es este hombre y porque esta frente a nuestra casa?
Se ve mal, tiene un poco de barba, ropa vieja y parece que no duerme desde hace tiempo. Pasamos por su lado como si no existiera, lo mejor es no socializar en este barrio, además, ya estaba oscuro y eso significaba una cosa: Peligro.
El hombre, cuando pasamos por su lado, me sujeta del brazo, por instinto lo empujo hacia atrás, Ale y KeV enseguida se acercan, pero cuando vemos su rostro, bajamos la defensa.