Una gran aventura

Capitulo 1: ¡QUIERO SER FUERTE!

Este mundo estaba dividido por Gigantescas murallas de glaciares, cuya cima desafiaba el cielo a más de doscientos mil metros de altura, se alzaban como barreras impenetrables que separaban a las razas existentes. Nadie era capaz de cruzarlas; nadie podía destruirlas. Era como si el propio mundo hubiera decidido mantenerlas alejadasente sí

Justo en el centro de aquella geografía hostil, se encontraba la raza humana.

Los humanos no eran criaturas ordinarias; habían sido bendecidos con habilidades especiales llamadas dones. Cada persona nacía con uno distinto.

Sin embargo, toda regla tiene su ruptura. Y en esta historia, la excepción tenía un nombre.

En el gran Reino de Valdris, una isla rodeada por un espeso bosque, vivía un chico llamado Nakamura Raiden. Tenía apenas doce años, un cabello castaño indomable que siempre lucía desordenado, y unos ojos notablemente inocentes que transmitían una profunda bondad.

Raiden había nacido sin ningún don. En un mundo donde el poder lo era todo, su mera existencia era considerada una aberración. Por ello, entre los callejones y las plazas de Valdris, se le conocía bajo un cruel pronombre:

"La Blasfemia del Mundo".

La puesta del sol comenzaba a teñir el cielo de tonos rojizos, cuando Raiden caminaba a paso lento por una calle principal, densamente concurrida. El bullicio de la gente se desvaneció de golpe cuando dos chicos notablemente mayores le cerraron el paso, acorralándolo contra la pared.

—Miren quién apareció —declaró el líder del grupo, mientas mostraba una sonrisa cargada de malicia—. El chico sin don.

Aquel chico poseía una complexión grande y musculosa; su don le daba la capacidad deformar su cuerpo hasta convertirse en una esfera perfecta, capaz de rebotar a una gran velocidad. A su lado, el segundo agresor sonreía con suficiencia, el cual podía aumentar de tamaño de su brazo izquierdo hasta volverse gigantesco.

—Jajaja, ¿cómo se siente ser un simple error? —pregunto el segundo, dando un paso al frente.

Raiden sintiendo una punzada de rabia en el pecho, frunció el ceño y sostuvo la mirada.

—¿Y eso qué les importa a ustedes?

La sonrisa del chico musculoso desaprecio de inmediato, siendo reemplazada por una mueca de irritación.

—¿Qué dijiste, escoria?

—Solo eres un maldito error del mundo —insistió el otro chico, buscando provocarlo.

Perdiendo los estribos, Raiden avanzó con rapidez y lo sujetó con fuerza la camisa.

—¡NO SOY NINGÚN ERROR!

¡GOLPE!

Un puñetazo seco e implacable impactó en el rostro de Raiden, enviándolo violentamente contra el suelo. El dolor punzó en su mejilla mientras el sabor metálico de la sangre inundaba su boca.

—¿Quién te crees que eres para tocarnos? —gruñó el chico grande, dando unos pasos hacia atrás mientras activaba su don.

De repente su cuerpo empezó encogiéndose y expandiéndose hasta moldear una enorme esfera humana de consistencia endurecida.

—¡Hazlo ahora! —resonó la voz desde el interior de la masa flotante.

El segundo chico plantó firmemente los pies en el suelo, concentró su energía y expandió su brazo izquierdo hasta triplicar su tamaño original, dio un tremendo golpe a la esfera.

¡BOOOOM!

La esfera salió disparada con una fuerza devastadora, rebotando a una velocidad entre las fachadas de los edificios.

Raiden, apoyando las palmas en el suelo, levantó la mirada con dificultad... solo para ver cómo aquella imponente masa venía directamente hacia él en trayectoria descendente.

¡GOLPE!

El impacto inicial le dio de lleno en el estómago, obligándolo a escupir una bocanada de sangre y saliva.

Y luego vino otro impacto.

Y otro más.

La esfera continuó golpeando su cuerpo una y otra vez, convirtiéndolo en un saco de boxeo humano. A su alrededor, las personas se limitaban a formar un círculo, observando la golpiza con total apatía. Nadie movía un dedo; nadie alzaba la voz. Para los ciudadanos de Valdris, un monstruo que carecía de don no merecía su ayuda. Era, a ojos de todos, un error del mundo.

—¡Muere de una vez, basura! —grito el chico grande, cobrando un impulso aún mayor desde las alturas.

Sin embargo, dentro de aquella multitud se mostraba una figura conocida por toda la isla.

—¡Miren! ¡Es él!

—¡Kasai Hinokami!

—¡El prodigio más fuerte de toda la isla!

La atmósfera del lugar cambió de forma drásticamente. La presión en el aire se volvió tan sofocante que a los presentes les costaba respirar. Kasai caminaba con pasos firmes; poseía un cabello rojo, y sus ojos reflejaban una intensidad tan fría que resultaba aterradora. El aire circundante a su figura vibraba debido al calor imperceptible que emanaba de su cuerpo.

Kasai se detuvo, paseando su mirada enojada por el escenario.

Este mundo estaba dividido por Gigantescas murallas de glaciares, cuya cima desafiaba el cielo a más de doscientos mil metros de altura, se alzaban como barreras impenetrables que separaban a las razas existentes. Nadie era capaz de cruzarlas; nadie podía destruirlas. Era como si el propio mundo hubiera decidido mantenerlas alejadasente sí

Justo en el centro de aquella geografía hostil, se encontraba la raza humana.

Los humanos no eran criaturas ordinarias; habían sido bendecidos con habilidades especiales llamadas dones. Cada persona nacía con uno distinto.

Sin embargo, toda regla tiene su ruptura. Y en esta historia, la excepción tenía un nombre.

En el gran Reino de Valdris, una isla rodeada por un espeso bosque, vivía un chico llamado Nakamura Raiden. Tenía apenas doce años, un cabello castaño indomable que siempre lucía desordenado, y unos ojos notablemente inocentes que transmitían una profunda bondad.

Raiden había nacido sin ningún don. En un mundo donde el poder lo era todo, su mera existencia era considerada una aberración. Por ello, entre los callejones y las plazas de Valdris, se le conocía bajo un cruel pronombre:



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En el texto hay: mundofantasia, aventua

Editado: 10.06.2026

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