Una gran aventura

CAPITULO 7: RAIDEN VS KASAI

Mientras la multitud gritaba eufórica por el combate que acababan de presenciar, Raiden permanecía de pie sobre la plataforma.

Era la primera vez en su vida que no lo juzgaban. La primera vez que las personas lo alababan en lugar de mirarlo como a un fenómeno. Su corazón latía con tanta fuerza que casi podía escucharlo. Bajó lentamente de la estructura sin pronunciar una sola palabra, observando de reojo cómo los camilleros se llevaban a su contrincante caído. Muchos de los asistentes habían asistido ese día solo para verlo a él.

Las gradas se agitaron aún más cuando la gente se puso de pie para el siguiente anuncio:
-¡Es el turno de Kasai Hinokami contra Yamada Shota!

En la zona del público, el capitán de los guardianes mostró una grata sonrisa. «Ahora sí, por fin podré ver de lo que es capaz el hijo de Hinokami, jejeje».

En los pasillos, Kasai y Yamada salieron de la sala de espera y se toparon con Raiden, quien regresaba de su encuentro. Los dos rivales de la infancia cruzaron miradas y sonrieron levemente. «Sí que te has vuelto muy fuerte, Raiden», pensó el pelirrojo.

Raiden siguió su camino en silencio, y los siguientes competidores pisaron la plataforma.

Yamada Shota lucía un aspecto intimidante: llevaba una mascarilla con dos respiraderos cilíndricos, sus ojos se veían agotados pero afilados, y vestía una sudadera negra con múltiples bolsillos, guantes oscuros y botas a juego, todo decorado con motivos de calaveras. Su cabello era de un tono amarillo brillante que tiraba a naranja. Cumpliendo con el estricto protocolo del torneo, ambos se hicieron una reverencia formal.

-¡Comiencen! -gritó el juez mientras bajaba la mano y, como ya era su costumbre para ponerse a salvo, se apartó rápidamente de la plataforma.

Kasai mantenía las manos dentro de los bolsillos de su pantaloneta, completamente relajado. Frente a él, Yamada se desabrochó y retiró lentamente la mascarilla.

-Sé que eres muy fuerte, Hinokami, pero yo soy mucho más letal que tú -advirtió Yamada, revelando unos dientes extrañamente filosos mientras un humo verde comenzaba a emanar de su boca-. Te diré cuál es mi don. Mi saliva es un gas venenoso; si llegas a inhalar aunque sea un poco, todos tus sentidos empezarán a fallar. Claro que este gas no puede matar a nadie... a menos que respires una gran cantidad.

Yamada escupió cerca de los pies de Kasai. En cuanto la saliva tocó las baldosas, comenzó a evaporarse, liberando una densa humareda.

-Ah, se me olvidó mencionar que produce demasiado gas -añadió Yamada con malicia.

Kasai dio un salto hacia atrás para ganar distancia, pero Yamada comenzó a escupir repetidamente en su dirección para acorralarlo. El pelirrojo se limitó a esquivar cada proyectil fluido con movimientos ágiles, pero en cuestión de segundos, la superficie de la plataforma se inundó por completo con el vapor verdoso. Kasai se detuvo en seco.

-¿Eh? No has atacado ni una sola vez -señaló Yamada con genuina curiosidad.

Kasai finalmente sacó la mano derecha de su bolsillo y apuntó directamente hacia su oponente.

-Si no entendí mal... esto es un gas, ¿cierto?

-Sí, así es.

-¿Sabes qué le pasa a cualquier gas cuando entra en contacto con el fuego?

Los ojos de Yamada se abrieron de par en par al captar la insinuación.
-¿Se... se expande?

-Exacto -respondió Kasai con una sonrisa confiada.

-¡Espera un momento! -gritó Yamada, presa del pánico-. ¡Si haces eso, tú también saldrás lastimado!

-¿Quieres averiguarlo? -replicó el pelirrojo con arrogancia.

La mano de Kasai se encendió en una viva llamarada. Asustado por las consecuencias, Yamada no lo pensó dos veces y se arrojó de cabeza fuera de la plataforma.

¡BOOOOM!

Una enorme explosión sacudió el centro del coliseo, levantando una columna de humo tan densa que cegó la vista de todos los espectadores. En las gradas, la gente murmuraba con intriga: «¿Quién ganó? ¿Qué pasó?».

A medida que el viento dispersaba el humo, una silueta se recortó en el centro de la estructura. Kasai permanecía de pie en el mismo lugar, sin un solo rasguño en su cuerpo. Fuera de la plataforma, Yamada se cubría la cabeza con los ojos cerrados por el susto, y el juez se encontraba en una posición similar.

Al abrir los ojos y asimilar la escena, el réferi reaccionó de inmediato, aunque todavía le temblaba la voz por la impresión:
-¡El... el ganador es Kasai!

Kasai regresó la mano a su bolsillo, saltó fuera de la zona de combate y caminó con tranquilidad hacia la sala de espera. La multitud estalló en vítores. En las gradas, el capitán de los guardianes asintió con una amplia sonrisa: «Por fin... alguien digno de ser un guardián».

Sorprendentemente, la plataforma de piedra no había recibido ningún daño estructural por la explosión.

-¡Continuamos con la batalla final de la primera ronda! ¡Que pasen Matsumoto Jun y Sato Hiroshi!

Ambos jóvenes salieron rápidamente al encuentro. Matsumoto Jun tenía el cabello castaño y muy corto, casi calvo. Vestía una camisa blanca muy sencilla, pantalones y botas de color café, y llevaba consigo un palo de madera. Por otro lado, Sato Hiroshi vestía una camisola blanca, pantaloneta y botas negras. Tenía el cabello negro estilo afro, labios gruesos, una nariz un poco larga y ojos redondos.

Cuando los dos subieron a la arena, el juez se colocó en medio de ambos antes de dar la señal.
-Vaya, sí que está cálido este lugar -pronunció, sintiendo el calor residual de la pelea anterior.

Los competidores hicieron su reverencia.

-¡Comiencen! -gritó el juez, bajando la mano con rapidez y retrocediendo para ponerse a salvo.

De inmediato, Jun empuñó su palo de madera como si fuera una katana y corrió directo hacia su rival con el arma en alto. Sato reaccionó extendiendo ambos brazos en cruz, los cuales comenzaron a endurecerse y a cubrirse con una textura idéntica a la corteza de un árbol.



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En el texto hay: mundofantasia, aventua

Editado: 30.06.2026

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