Una gran aventura

CAPITULO 9: UN RECLUTAMIENTO INESPERADO

Un silencio absoluto dominó todo el coliseo. La multitud era incapaz de procesar que Kasai se hubiera rendido. La mayoría había apostado a que el prodigio del fuego ganaría, por lo que la conmoción era palpable en el aire.

Raiden se puso de pie rápidamente tras su caída. Con la mirada ardiendo en furia, apretó los puños con todas sus fuerzas mientras Kasai seguía con los brazos alzados hacia el cielo y una expresión de total alivio en el rostro.

¡Pam!

Raiden le asestó un rápido golpe en la cabeza al pelirrojo, sacándole un enorme chichón al instante.

—¡¿Qué crees que haces?! ¡Eso duele, sabes! —se quejó Kasai, frotándose la cabeza con indignación.

—¡Eso mismo te pregunto yo! —gritó el castaño, furioso—. ¡¿Por qué te rendiste?!

—Porque ya llegué a mi límite. Si seguía usando mi don, me habría hecho daño de verdad.

En ese instante, Kasai se sujetó el brazo izquierdo, revelando una quemadura reciente en su propia piel. Raiden parpadeó, recordando el momento exacto en que la mitad del cuerpo de su amigo se había envuelto en llamas descontroladas. «Conque era eso...», pensó, suavizando su expresión.

—Por más fuerte que sea, o por más "prodigio" que me digan, yo también tengo mi propio límite físico —continuó Kasai, encogiéndose de hombros—. De todas formas, ganar este torneo nunca fue mi meta.

—Entonces, ¿por qué participaste? —preguntó el castaño, genuinamente curioso.

—Participé porque quería pelear contra ti. Y ya cumplí mi objetivo. —Kasai sonrió suavemente y chocó su puño cerrado contra el hombro de Raiden—. Además, sé que te quieres enfrentar a ese hechicero.

—¿Eh? ¿Por qué dices eso?

—Por la forma en que lo miraste. —Kasai recordó el momento en que aquel chico de ojos morados se les había acercado—. «Gana este torneo, Raiden. Sé que lo harás», le citó de memoria.

Raiden abrió los ojos de par en par al escuchar esas palabras. Luego, esbozó una sonrisa confiada.

—Je. Claro que ganaré este torneo.

En ese momento, el juez subió a la plataforma y encendió su micrófono.

—¡Dado que el participante Kasai Hinokami se ha rendido, el ganador de este encuentro es Nakamura Raiden! Como la plataforma ha recibido daños severos y solo resta el combate final, tomaremos un receso de quince minutos.

Raiden levantó la vista hacia el palco de honor en las gradas, donde se encontraba la familia real. Sonrió en esa dirección y señaló hacia atrás con el pulgar.

—Raiden, bajemos para que tomes reposo antes de la final —le dijo Kasai, dándole una palmada en la espalda.

—Ah... discúlpame, Kasai, tengo que ir un momento al baño —respondió Raiden, riendo con un poco de nerviosismo.

—Está bien... —murmuró Kasai, entrecerrando los ojos con curiosidad.

—¡Bueno, entonces hablamos ahora! —se despidió Raiden, alzando la mano mientras echaba a correr.

—¡Oye, Raiden, el baño queda para el otro lado! —le gritó Kasai, señalando en la dirección opuesta a la que iba su amigo. Al ver que Raiden lo ignoraba, el pelirrojo suspiró y sonrió con un deje de envidia—. Je... este chico sí que es todo un romántico.

Raiden caminaba lentamente por uno de los pasillos oscuros bajo el coliseo. De repente, una mano surgió de las sombras, lo agarró del cuello de la camisa y detuvo su paso.

—Raiden, ven por aquí —susurró una voz suave y amable, jalándolo hacia el interior de un cuarto vacío.

Era Himari. Sin embargo, su apariencia lo dejó sin aliento. lucía un deslumbrante vestido digno de una princesa, confeccionado en una fina tela de un profundo color azul. El corpiño se cruzaba con gracia sobre su pecho, realzado por hermosos bordados y llamativas decoraciones de color dorado que destellaban incluso en la penumbra, denotando su noble linaje.

Bajo el vestido, una fina malla negra subía por su cuello y cubría por completo sus brazos, contrastando maravillosamente con el azul y el oro. Su cintura estaba enmarcada por un ancho y elegante fajín negro que daba paso a una falda larga que caía en suaves pliegues. Calzaba unos refinados guantes negros ajustados hasta los antebrazos y sostenía un pequeño bolso contra su pecho, apretándolo como si guardara algo muy valioso.

—Himari, ¿cómo estás? —saludó Raiden, con una sonrisa tonta dibujándose en su rostro.

—¿Cómo te encuentras tú? ¿Estás herido? ¿No te quemaste? —preguntó ella, acribillándolo con una mirada cargada de preocupación.

—No, no, estoy bien —respondió él, levantando las palmas de las manos para tranquilizarla.

Ignorando sus palabras, Himari comenzó a rebuscar en su bolso con movimientos torpes y apresurados.

—¿Qué estás buscando?

Ella sacó unas vendas, alcohol y algodón. Humedeció el algodón generosamente.

—Oye, espera un momento... —dijo Raiden, poniéndose azul del susto y retrocediendo un paso—. ¡Eso arde!

—Tenemos que desinfectarte esas heridas y limpiar la sangre que tienes en la cara —sentenció la princesa.

—Pero, Himari, eso no es necesario... —suplicó él con voz temblorosa, cerrando los ojos.

—¿No recuerdas lo que pasó la otra vez que te enfrentaste a alguien así? —le reprochó ella, luciendo un poco enojada.

—¡Pero eso fue hace como tres años! Después de eso no me he vuelto a enfermar...

Sin mediar más palabras, Himari apartó las manos defensivas de Raiden con firmeza. El chico no tuvo más remedio que apretar los dientes y prepararse para el dolor.

La princesa se acercó lo suficiente como para que él pudiera sentir su respiración. Mientras ella se concentraba en limpiar cuidadosamente la sangre y las raspaduras de su rostro, Raiden solo podía pensar en lo hermosa que se veía de cerca. Su cara se puso roja como un tomate; lo único que pudo hacer para ocultar su nerviosismo fue cerrar los ojos con fuerza y dejarse cuidar.

Unos minutos después, en otro pasillo, Kasai caminaba sin mayor preocupación en dirección a la enfermería. «Vaya, Raiden sí que me dio una buena golpiza... ¿Cómo es que en tan poco tiempo obtuvo tanta fuerza?», reflexionaba.



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En el texto hay: fantasia, shonen, aventua

Editado: 21.07.2026

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