Una gran aventura

CAPITULO 10: LA ÚLTIMA RONADA

El aire soplaba con fuerza, arrastrando el humo y el polvo sobre la plataforma semidestruida. El sol del mediodía brillaba inclemente, cayendo a plomo sobre el coliseo. Un silencio sepulcral dominaba las gradas; la tensión era tan absoluta que el único sonido perceptible en la arena era el latido acelerado de los corazones.

El ambiente se sentía pesado. El viento agitaba las ropas y el cabello de los dos finalistas que se encontraban frente a frente.

—Ufff...—suspiró Raiden. «Este tipo es muy peligroso», pensó.

Su mirada se volvió afilada. Flexionó la pierna derecha, deslizándola hacia atrás para anclarse, y alzó la guardia: el brazo derecho a la altura del estómago, listo para golpear, y el izquierdo frente a su rostro con la palma abierta.

A unos metros de distancia, Hoshino Takamitsu se encontraba sumamente calmado. Mantenía ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Su postura era relajada, casi aburrida; para él, el chico que tenía enfrente no significaba ninguna amenaza.

«Tengo que acercarme. Es una opción arriesgada, pero...», una gruesa gota de sudor frío recorrió la mejilla de Raiden. «Es mi única opción», concluyó tragando saliva.

—¡AHHHHHH! —rugió Raiden con pura determinación, disparándose hacia adelante.

Sin inmutarse, Hoshino sacó la mano derecha del bolsillo y apuntó con la palma abierta hacia su rival. En una fracción de segundo, un brillante círculo mágico de color amarillo se dibujó en el aire frente a su mano.

Raiden reaccionó por instinto, recordando el momento exacto en que el hechicero había fulminado a su anterior rival.

Un relámpago salió disparado del círculo a una velocidad cegadora. Raiden se arrojó a un lado, esquivando el ataque a quemarropa por milímetros. Giró sobre su espalda y terminó agachado, jadeando. «¡Por poco!». Al mirar de reojo, vio que el rayo había perforado la piedra sólida, dejando un agujero diminuto con los bordes fundidos y ennegrecidos.

Sin perder el ritmo, Hoshino volvió a apuntar. Otro círculo amarillo. Otro trueno.

Raiden se lanzó en plancha hacia el frente, rodando por el suelo. El rayo le rozó el hombro, rasgando la tela de su chaqueta y su camisa blanca con un corte perfecto y humeante.

Los ojos morados de Hoshino se abrieron con genuina sorpresa. «¿Otra vez?».

Raiden se levantó como un resorte, quedando a corta distancia de su contrincante. Plantó su pierna derecha al frente, apretó el puño con todas sus fuerzas, lo llevó hacia atrás y descargó un golpe devastador.

El chico de ojos morados reaccionó de inmediato. Alzó el brazo derecho frente a su rostro con la palma abierta. Esta vez, un círculo de color café con un triángulo en su interior se materializó. De la nada, un grueso muro de roca sólida brotó del suelo para protegerlo.

Raiden no frenó su ataque. Su puño impactó contra la barrera de tierra.

¡CRASH!

El puñetazo penetró y destrozó la gruesa roca sin ninguna dificultad, esparciendo escombros por el aire. El impacto logró alcanzar a Hoshino, rozando su mejilla y ladeando su rostro bruscamente.

«Maldición, la roca redujo la velocidad de mi golpe», pensó Raiden, perdiendo el equilibrio y cayendo hacia adelante.

Pero antes de chocar contra el suelo, extendió los brazos, apoyó las palmas en la piedra y, en un movimiento acrobático, usó su propia fuerza para impulsarse hacia arriba. Girando su cuerpo en el aire, lanzó una poderosa patada con la pierna izquierda directo a las costillas del hechicero.

Hoshino, desesperado, intentó crear otro muro de piedra. Sin embargo, el tiempo no estaba a su favor. La bota de Raiden atravesó la barrera antes de que se formara por completo. Aunque la roca frenó un poco la fuerza bruta del impacto, el golpe rompió la defensa de lleno.

¡PAM!

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El golpe resonó por todo el coliseo. Hoshino cerró su ojo derecho, apretando los dientes por el intenso dolor. El brutal impacto en las costillas arrastró al pelinegro varios metros hacia un lado, haciendo rechinar sus zapatos.

Hoshino empezó a jadear. Un hilo de saliva y sangre escurrió de su boca. Sus piernas temblaron al intentar mantenerse en pie y, sin poder aguantar el peso de su propio cuerpo maltrecho, cayó de rodillas. Se sujetó el costado, incrédulo.

«Ma... maldición... qué fuerza monstruosa», pensó Hoshino, levantando la vista hacia Raiden, quien se había reincorporado con agilidad felina. «Debo tomar distancia. Él es de combate cuerpo a cuerpo. Si uso ataques de largo alcance, ganaré sin duda». Su mirada fría se llenó repentinamente de odio.

Un grito colectivo de asombro sacudió el coliseo entero. Los espectadores estaban eufóricos; toda esa brutal secuencia de ataques y defensas había ocurrido en apenas unos segundos.

En ese momento, entre la multitud de las gradas, un chico pelirrojo se abría paso apresuradamente. Kasai Hinokami llevaba el brazo derecho vendado y un parche médico en la mejilla. «¡Maldición, llegué tarde, me voy a perder este encuentro!».

—Oye, Hinokami. Siéntate aquí —dijo una voz autoritaria.

Kasai levantó la vista. El capitán Takeko tenía la mano alzada y le señalaba una silla vacía a su lado izquierdo.
—Ah, gracias, señor —Kasai tomó asiento de inmediato, mirando la arena con ansiedad—. Menos mal que no me he perdido nada...
—No, apenas acaba de empezar —le susurró el subordinado de Takeko, sin quitar los ojos de la plataforma—. Está muy buena esta pelea. No sé quién ganará.
—La ganará Raiden —aseguró Kasai sin dudar un solo segundo.

Abajo en la plataforma, Raiden cargó de nuevo. Pero esta vez, enormes rocas afiladas en forma de picos comenzaron a brotar violentamente del suelo en su dirección. Raiden tuvo que saltar hacia un lado.

«Maldición, ya no me va a dejar acercarme», pensó el castaño, apretando los puños.

Hoshino seguía agachado, apoyando ambas manos en el suelo. Alrededor de sus palmas brillaban los círculos con triángulos color café (Magia de Tierra).
Raiden esquivaba a diestra y siniestra. «Tendré que mantenerlo distraído esquivando las lanzas de piedra, y luego lo atacaré con un movimiento al que no pueda reaccionar. Es mi única opción. Las probabilidades se reducen con cada segundo, pero no me voy a rendir. No voy a romper la promesa que le hice a mi abuelo».



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En el texto hay: fantasia, shonen, aventua

Editado: 21.07.2026

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