Una gran aventura

CAPITULO 12: TODO EN EL CAMPO DE BATALLA

—Tendré que arriesgarme... —se dijo Raiden a sí mismo. Su cuerpo temblaba ligeramente, traicionando el nerviosismo que latía en sus venas.

Exhaló con fuerza y adoptó la postura de un corredor profesional en la línea de salida: la cabeza erguida con la mirada fija en el frente, el tronco ligeramente inclinado hacia adelante desde los tobillos, los hombros relajados y los codos flexionados a noventa grados, listos para balancearse.

A su alrededor, tres pequeñas manos de piedra cobraron vida, dibujando círculos mágicos de distintos colores: uno amarillo, otro azul y un último de color café.
Sin dudar un solo segundo, Raiden salió disparado hacia adelante a una velocidad explosiva.

En ese instante, las manos de piedra liberaron su poder destructivo, pero solo la amarilla y la azul dispararon primero. De la amarilla brotó un relámpago cegador que surcó el aire a una velocidad espeluznante. De la azul, un cañonazo de agua a ultra-alta presión, tan denso y afilado que, si llegase a tocar la piel humana, la desgarraría hasta el hueso.

Raiden dio un ágil salto hacia atrás, curvando su espalda. Por un segundo, su cuerpo pareció flotar en gravedad cero. El rayo letal le pasó por debajo, rozando su camisa blanca, mientras que el torrente de agua cortante pasó a milímetros por encima de su cuerpo, arrancándole unos cuantos cabellos en el proceso.
Los ataques impactaron de lleno contra otra inmensa roca a sus espaldas, levantando una colosal nube de polvo.

Raiden aterrizó perfectamente, flexionando las rodillas para absorber el impacto. Sin perder el ritmo, continuó su frenética carrera. Cada paso lo acercaba más a la monstruosa montaña de roca central, la más alta de todas.

Entonces, la tercera mano de piedra entró en acción. Del círculo café brotó una columna cilíndrica de roca pura que comenzó a alargarse a toda velocidad, proyectándose directamente hacia el estómago del chico.
Con reflejos inhumanos, Raiden atrapó la punta del pilar de piedra con ambas manos.

Pero la columna no se detuvo. Seguía creciendo, empujándolo hacia atrás con una fuerza abrumadora. Para intentar frenar, Raiden clavó los pies en el suelo, rechinando las suelas de sus zapatos contra la piedra. La fricción fue tan intensa que una densa humareda de polvo se levantó a su alrededor, sonando igual al chillido de las llantas de un auto frenando de golpe.
Apretó los dientes con furia. Las venas de sus manos saltaron, sus músculos se flexionaron al límite.

—¡HAAAA!
Raiden echó su puño izquierdo hacia atrás y descargó un golpe devastador contra la punta de la columna. El impacto hizo añicos la roca frontal. Aunque el pilar seguía creciendo hacia él, Raiden avanzaba, destrozando la piedra con cada puñetazo de su mano vendada.

Aprovechando el impulso, dio un salto monumental y aterrizó encima del pilar cilíndrico que acababa de golpear. Sin dudarlo, comenzó a correr sobre la misma roca que intentaba aplastarlo, usándola como puente hacia la montaña central. El viento de la velocidad y la presión del aire tiraban su cabello castaño hacia atrás.

De repente, otras dos manos de piedra brillaron con círculos mágicos de color azul claro a su izquierda y derecha. Dos letales estacas de hielo salieron disparadas hacia sus costados.
Sin siquiera mirar, el instinto de supervivencia de Raiden —forjado por una vida en constante peligro— le advirtió. Se dejó caer de rodillas, arrastrándose hacia el frente. Sus pies y rodillas funcionaron como patines, y la roca bajo él, como una pista de hielo.
Las dos flechas heladas pasaron por encima y chocaron entre sí, estallando en una ventisca que congeló el aire a su alrededor.

—¡Esos ataques ya no funcionarán en mí! —gritó Raiden con una enorme sonrisa. El peligro latente había despertado algo en él; se estaba divirtiendo como nunca en su vida.

Se puso de pie en plena carrera.
—¡Gracias, mago! ¡Ahora tus manos de piedra me servirán de escalera para llegar a la cima!

Justo antes de estrellarse contra la base de la gran roca central, Raiden dio un poderoso salto. El aire lo golpeó en el rostro mientras aterrizaba firmemente sobre el dorso de una de las pequeñas manos de piedra que sobresalían de la pared. Usándola como plataforma, volvió a saltar hacia otra mano situada más arriba. Salto tras salto, su fuerza y su ingenio le abrían el camino hacia el cielo.

«¿Eh? ¿Está usando mis creaciones para subir?», Hoshino chasqueó la lengua, aún con los ojos cerrados. «Maldición... no te dejaré llegar tan fácil».

Mientras Raiden saltaba entre las manos monumentales, la superficie de la piedra comenzó a ondularse como si fuera masa de pan. Decenas de púas afiladas brotaron repentinamente, intentando empalar al chico en pleno salto.

Pero Raiden era imparable. Como el más ágil de los acróbatas, saltaba sobre las púas y esquivaba los cortes. Cuando no había escapatoria, simplemente lanzaba un contundente puñetazo contra la pared de piedra, destrozando las trampas antes de que lo tocaran. Nada lo iba a detener.

Arriba, Hoshino abrió los ojos de golpe.
«¡Ya viene! Debo estar atento».
Echó los hombros y los codos hacia atrás, manteniendo las palmas de las manos abiertas y listas para disparar. Miró desesperadamente hacia abajo, escaneando el mar de niebla negra.
«¿Por dónde? ¿Por dónde va a salir?», se preguntó, frustrado porque su propia nube oscura le bloqueaba la visión.

De pronto, un pedazo de roca atravesó la niebla, disparado a gran velocidad directo hacia el pelinegro.
A pocos centímetros del impacto, Hoshino activó su escudo defensivo de hexágonos azules.
¡PAM!
El impacto resonó en lo alto y la roca se desintegró, dejando una nube de polvo suspendida en el aire.
«¡Casi me da!», pensó Hoshino, sudando frío ante la idea de ser golpeado otra vez.

—¡Oyee! —resonó una voz a espaldas de Hoshino.
El hechicero giró el cuello rápidamente.
—¡Por aquí!



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En el texto hay: fantasia, shonen, aventua

Editado: 21.07.2026

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