Una gran aventura

CAPITULO 14: INICIO

Una oscuridad absoluta lo dominaba todo. Era un vacío infinito, tan espeso y silencioso que parecía devorar incluso el eco de la respiración. De repente, en medio de la nada, la figura brillante de un niño completamente blanco comenzó a materializarse. No tenía rostro, solo una silueta definida por un cabello sumamente rebelde y una complexión bastante delgada.

-Te quiero mucho... -dijo el niño, y su voz resonó con fuerza en la inmensidad.

De la nada, unas grotescas manos oscuras -de proporciones normales, pero de un aspecto aterrador- comenzaron a surgir del abismo, acercándose lentamente hacia él.

-Eres increíble... -La voz del niño empezó a perder fuerza, desvaneciéndose.

Las manos sombrías comenzaron a tocarlo por todas partes. Al mínimo contacto, el cuerpecito brillante del niño comenzó a teñirse de un tono oscuro y enfermizo.

-Adiós...
Una enorme y nostálgica sonrisa se dibujó en el rostro que antes no existía. Las manos sombrías finalmente alcanzaron su cara, cubriéndola por completo, y todo volvió a sumirse en las tinieblas.

Unos ojos color café se abrieron de par en par.

-¡Ken! -gritó el chico, incorporándose de golpe en la cama.

Estaba aterrado, buscando aire desesperadamente como si acabara de salir del fondo del océano. El corazón le latía desbocado contra las costillas y un sudor frío le empapaba la frente. Raiden se quedó jadeando, intentando procesar lo que acababa de soñar.
Lentamente, su respiración comenzó a estabilizarse mientras apretaba las sábanas con sus puños temblorosos.

-Sí que te levantas con mucha energía.
-¿Eh? -Raiden giró la cabeza hacia donde provenía la voz.
Allí estaba un chico pelirrojo, esbozando una media sonrisa.
-Siempre tienes energía de sobra, Raiden -comentó Kasai desde una silla cercana.

-¿Dónde estoy? -preguntó Raiden, curioso, observando a su alrededor.
-Estás en la enfermería. Es la misma en la que estuvimos antes.

Raiden se miró a sí mismo. Llevaba su habitual camisa blanca y su pantaloneta, pero estaban manchadas de sangre seca. Su costado, donde había recibido un corte profundo, estaba envuelto en gruesas vendas médicas. Sobre una pequeña mesita de noche, reposaba su característica chaqueta negra.

-Ah... así que me desmayé -murmuró Raiden, recordando cómo estaba festejando felizmente su victoria antes de que todo se apagara.
-Sí. Llevaste tu cuerpo más allá del límite, además de que perdiste muchísima sangre. Esa cortada definitivamente te dejará una cicatriz.
-Ya veo... ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
-Como unas tres horas.
-¿Unas tres horas? O sea que ya se va a acabar el día.

-¿Unas tres horas? O sea que ya se va a acabar el día

-Sí, ya va a empezar a anochecer -asintió Kasai-. Tendrás que quedarte por lo menos unos tres días en cama, Raiden.
-¿Tres días? ¿Y por qué tantos?
-Porque tu herida no ha sanado por completo, idiota.
-Pero... tú te vas mañana.
-Tranquilo. Mañana a primera hora vendré a despedirme de ti y luego partiré de aquí.

Raiden observó tristemente a su amigo, cruzándose de brazos.
-Ah, bueno... qué más da.
-Toma. -Kasai le arrojó un pequeño objeto.
-¡Eh! -Con movimientos torpes por el cansancio, Raiden intentó atraparlo en el aire, lográndolo a duras penas-. ¿Qué es esto?
-Es un collar mágico.
-¿Mágico?
-Sí. Este collar te permitirá salir de la isla. Te lo entregaron como premio después de que te desmayaras.

-Ohhh... -Raiden miró el collar brillante, llenándose de orgullo. Había ganado.

Kasai se levantó de la silla, estirándose un poco.
-Entonces, Raiden, hablamos mañana. -Abrió lentamente la puerta de la habitación.
-Sí, hasta mañana. -Raiden levantó la mano en respuesta, y Kasai cerró la puerta.

Raiden dio un gran suspiro.
-Ufff... no creí que de verdad ganaría el torneo.
Se recostó nuevamente en la almohada, sosteniendo el collar en alto con su mano derecha.
-Entonces, en tres días abandonaré esta isla... -murmuró, y una mirada que reflejaba una profunda nostalgia se apoderó de sus ojos.

Tok, tok.
Unos golpes secos sonaron en la puerta.
«¿Hm? Seguro es Kasai que olvidó algo», pensó Raiden.
-Pasa.
La puerta se abrió lentamente.
-Kasai, siempre se te olvidan las cos... -Raiden se interrumpió de golpe, cambiando su tono burlón por pura sorpresa.

Un chico de cabello oscuro y ojos color morado intenso entró a la habitación.
-Ho... shino... ¿qué haces tú aquí?
-Hola, humano. -Hoshino levantó la mano en un torpe saludo-. Vine a ver cómo estabas.
-¿Ehhhh? ¿Que tú no odiabas a todos los humanos?
-No. Tú me caes bien. Además, tú no eres un humano normal.
-¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
-Tú no tienes ningún Don.
-C-co... ¿Cómo supiste eso?

Hoshino se señaló los ojos.
-Por mis ojos.
Raiden recordó al instante el momento en que el hechicero le dijo que podía ver las bendiciones de las personas.
-¿Eh? ¿Puedes ver incluso algo como la falta de un Don?
-Sí. Aunque al principio estaba un poco dudoso, ya que era la primera vez en mi vida que veía a un humano así. Después, mientras luchabas contra el chico de fuego, escuché entre la multitud que, efectivamente, carecías de magia o dones.
-Ah, ya veo...

-De todas maneras, yo no odio a todos los humanos de forma ciega -aclaró Hoshino-. Solo odio a los que se creen superiores solo por haber nacido con Dones. Y en esta isla hay muchos que se creen la gran cosa por eso.
-Sí, tienes razón en eso, jejeje.
-Escuché que te van a dejar unos días encerrado aquí.
-Sí, hasta que mi herida sane por completo, no podré salir de la isla.
-Lo siento. -Sorprendentemente, Hoshino hizo una ligera reverencia a modo de disculpa.
-Tranquilo -respondió Raiden, un poco nervioso por la inusual formalidad de su antiguo enemigo.
-Me dejé llevar por completo durante nuestro enfrentamiento.
-¡No te preocupes! Era una pelea final, de todas maneras. Es normal darlo todo.



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En el texto hay: fantasia, shonen, aventua

Editado: 03.08.2026

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