Una gran aventura

CAPITULO 15: NÁUFRAGO

imagenEl mar se extendía como un vasto desierto líquido hasta donde alcanzaba la vista. Era el mediodía y el sol caía a plomo, convirtiendo el océano en un espejo cegador que multiplicaba el calor. Pequeñas olas mecían el humilde bote de madera, impulsadas por una brisa salada que apenas refrescaba. En el cielo, las gaviotas graznaban una melodía caótica, despidiendo la costa que poco a poco desaparecía.

En el centro de la pequeña embarcación, el chico de cabello castaño sostenía un pergamino extendido. Tenía el ceño fruncido y una mirada de profunda confusión.

-Mmmm... ¿Y cómo se supone que se lee esto? -murmuró Raiden.

El mapa mostraba tres islas; una de ellas llevaba el nombre de "Valeros". Una gran flecha roja señalaba una ruta hacia el oeste, cruzando corrientes marítimas que para Raiden eran simples líneas de tinta.
-¿Dónde se supone que estoy yo aquí? No aparezco como un punto mágico ni nada por el estilo. -Giró el mapa de un lado a otro-. ¿Será que está defectuoso? Bueno, creo que la flecha apunta hacia adelante. Si remo derecho, llegaré. ¡Esto será pan comido!

Sin pensarlo dos veces, Raiden soltó el mapa y tomó los dos pesados remos de madera que descansaban a sus pies.
-¡Empecemos de una vez! -declaró con confianza, desbordando emoción.

Hundió las palas en el agua y empezó a remar con toda su fuerza bruta. Cada vez que los remos rompían la superficie, el sonido hueco de la madera crujía contra el océano. Remaba con la energía de quien acaba de ganar un torneo, sin medir las consecuencias del agotamiento prematuro.

Un par de horas después, la realidad del océano lo golpeó.
-Maldición... qué calor está haciendo -jadeó.

Su rostro estaba empapado en sudor. El aire frente a él parecía ondularse por las altas temperaturas. En el cielo no había rastro de una sola nube que le diera piedad; solo un azul infinito y hermoso que empezaba a volverse sofocante.

-Haaa... qué sed tengo. Debo mirar qué hay en este bote.
Raiden escaneó el fondo de la pequeña embarcación y notó una pequeña mochila de lona negra, atada con unas cuerdas que parecían lazos de marinero.

La tomó rápidamente y la desató. En su interior encontró un recipiente con comida, una cantimplora grande llena de agua dulce y una pequeña nota de papel cuidadosamente doblada.
-¿Eh? ¿Y esto? -Raiden tomó la nota con la mano izquierda y la cantimplora con la derecha.

Sin poder resistirse, desenroscó la tapa y empezó a beber desesperadamente, sintiendo cómo el agua fresca aliviaba su garganta seca. Mientras bebía, desdobló el papel con los dedos.

> "Raiden, sabía que conociéndote se te iban a olvidar las cosas básicas para sobrevivir. Por eso te dejé este pequeño bolso con comida y agua. No es mucho, pero si lo racionas, será suficiente para aguantar hasta que llegues a la isla.
> En Valeros se encuentra un viejo conocido mío. Apenas llegues, pregunta por Brak. Él es muy respetado en la zona, así que no tardarás en encontrarlo. Cuando lo veas, dile que eres mi nieto; él te ayudará a conseguir un poco de dinero y orientarte.
> Recuerda que tú eres el único que decide tu propio camino. Te quiero.
> - Tu abuelo."

-Mmm... Brak. Creo que el abuelo me ha contado algunas historias sobre él -dijo Raiden, limpiándose el agua de los labios con el dorso de la mano-. Como dice el mapa, solo tengo que seguir derecho, jejeje. Esto será fácil.

Pero el mar engaña a los novatos. Poco a poco, el calor abrasador fue cediendo, llevándose consigo la luz del día. La transición en mar abierto fue brutal. Al caer la noche, la negrura lo envolvió por completo. No había luces de ciudad, ni luna que lo guiara; solo un abismo oscuro arriba y otro abajo.

La temperatura cayó en picada. Como dictan las leyes del mar, la ausencia del sol trajo consigo vientos helados.
-Fri... frí... o... -castañeteó Raiden, temblando incontrolablemente. Intentaba entrar en calor frotándose los brazos desnudos, dándose cuenta de que la ropa ligera que usaba para pelear no servía para navegar.

Un gran bostezo lo interrumpió. El agotamiento físico del combate anterior, sumado a las horas de remar, le pasaba factura.
-Creo que... mi sueño es más fuerte que el frío. No he comido nada, pero mañana desayunaré lo que me empacó el abuelo... -balbuceó, acurrucándose en el duro suelo de madera del bote. Cerró los ojos y, mecido por las olas, cayó en un sueño profundo.

El sol emergió nuevamente, implacable.
El bote se mecía suavemente, pero ahora tenía invasores. Varias gaviotas se habían posado sobre el borde de la embarcación y caminaban descaradamente sobre el cuerpo de Raiden, picoteando la mochila.

-Ahhh... déjenme dormir... -murmuró Raiden, aún medio dormido, espantándolas con la mano sin abrir los ojos.

¡Cruark!
¡Cruark!
Los graznidos estridentes lo despertaron de golpe. Al abrir los ojos, la luz del sol lo cegó por un segundo, pero cuando su visión se enfocó, el pánico lo invadió: una gaviota enorme estaba tragándose el último pedazo de carne seca de su recipiente, mientras otra volcaba la cantimplora, derramando la preciada agua dulce en el fondo salado del bote.

-¡NO! ¡Fuera! ¡Largo de aquí, pajarracos del demonio! -Raiden se levantó de un salto, agitando los brazos furiosamente. Las gaviotas emprendieron el vuelo con graznidos burlones, dejando atrás el desastre.

Raiden cayó de rodillas, jadeando. Recogió la cantimplora, pero no quedaba ni una sola gota. Tomó el recipiente de comida; estaba reluciente de lo limpio que lo habían dejado los picos de las aves.
Su rostro reflejó una mezcla de ira y desesperación. Las historias de los náufragos reales lo advierten: en el mar, el descuido más pequeño se paga con la vida.

-Esas desgraciadas... se comieron todo. No me dejaron ni las sobras. -Raiden suspiró pesadamente y volvió a tomar los remos. Intentó sonreír, pero fue una mueca forzada-. Bueno, no importa. He estado días enteros sin comer durante mi entrenamiento. Además, con la velocidad a la que voy, seguro ya casi llego. Será fácil.



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En el texto hay: fantasia, shonen, aventua

Editado: 09.09.2026

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