Una gran aventura

CAPITULO 16: ¿LADRÓN?

Raiden se encontraba de pie en una playa desconocida

Raiden se encontraba de pie en una playa desconocida. Le quedaban muy pocas fuerzas; sus piernas temblaban como hojas y sus manos no dejaban de sacudirse. Su cuerpo estaba al borde de la desnutrición, completamente empapado en agua salada y cubierto de rasguños. Sus pies se hundían en una arena blanca, extrañamente espesa y suave al tacto.

Dio un paso hacia adelante. Luego otro. Continuó caminando, pero cada avance le cobraba un precio altísimo. Su cuerpo se debilitaba más con cada metro recorrido. Raiden veía todo borroso, su respiración era un silbido ronco y doloroso, y sudaba frío a pesar del clima. Sus ojos, normalmente llenos de energía, ahora no tenían ningún brillo.

Impulsado únicamente por su instinto de supervivencia y la desesperante falta de alimento, siguió caminando hasta adentrarse en un bosque cercano. Sin embargo, no era un bosque normal. Los árboles tenían troncos de un color blanco inmaculado, pero sus hojas y ramas eran idénticas a las de los pinos.

La vista de Raiden se nublaba cada vezmás. Sentía que el mundo giraba violentamente a su alrededor. A medida que se adentraba en el espeso bosque, un agudo e incesante pitido comenzó a taladrarle los oídos. Su garganta, áspera y seca como el desierto, aullaba por una sola gota de agua.

Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, logró salir de aquella extraña zona boscosa.
A lo lejos, pudo distinguir siluetas de casas y tiendas de campaña. Había llegado a un lugar poblado. Sin embargo, su visión estaba tan deteriorada que solo veía manchas de colores borrosas. Lo único que lograba salir de su boca era un balbuceo lastimero:-Gua... a... gua... a... gua...
Sus labios estaban agrietados y sangraban levemente por la severa deshidratación.

Cada vez se acercaba más al poblado. El ruido de la civilización no tardó en llegar a sus oídos. Varias personas pasaban caminando cerca de él.
Fue entonces cuando el cuerpo de Raiden colapsó. Había llegado a su límite absoluto. Todo se empezó a oscurecer rápidamente y cayó de rodillas antes de desplomarse boca abajo en el suelo de tierra, exhausto.
Inmediatamente, los transeúntes se acercaron.
-¡Oye, muchacho! ¿Estás bien? -preguntó una voz muy grave, perteneciente a un hombre corpulento.
Las personas rodearon al chico al instante, cuchicheando con curiosidad por su lamentable estado. De pronto, una voz suave pero firme resonó entre la multitud. Provenía de una mujer.
-Aléjense todos, el chico necesita espacio para respirar.

Raiden abrió los ojos lentamente, pero seguía viendo todo borroso. Sintió cómo unas manos lo tomaban con una fuerza sorprendente pero con mucha delicadeza por el cuello de la chaqueta, levantándolo del suelo como una madre levantaría a su hijo pequeño.
-Chico, toma un poco de agua. Debes estar sediento -dijo la mujer, aunque a los oídos de Raiden su voz sonaba lejana y con eco.

La mujer le acercó un vaso de madera lleno de agua fresca a los labios. Raiden, con mucho esfuerzo, abrió la boca.
Sin dudarlo, tragó el líquido desesperadamente, vaciando el vaso en cuestión de segundos.

-Oye tú, ven aquí y llévalo a mi local -ordenó la mujer, pero su voz se escuchaba cada vez más distante.
-Okey, pero no me grites -respondió la primera voz grave que Raiden había escuchado.
Después de eso, Raiden cerró los ojos y se sumió en una profunda inconsciencia.

---

Los ojos del chico se abrieron lentamente.
-Ah... shhh... -se quejó.
Todo se veía borroso al principio, pero parpadeando un par de veces, su vista se fue aclarando. Estaba sentado en una robusta silla de madera. Al moverse un poco para acomodarse, un trapo húmedo y frío se resbaló de su frente y cayó a su regazo.

-Me duele muchísimo la cabeza... -murmuró, cerrando el ojo izquierdo debido a una fuerte punzada de dolor-. Siento como si hubieran golpeado mi cabeza contra el suelo varias veces.

De repente, un olor exquisito llamó su atención.
Su vista finalmente se aclaró por completo y lo que vio lo dejó impresionado. Se encontraba en el interior de un pintoresco restaurante. A su lado derecho había un par de mesas redondas cubiertas con manteles de un blanco impecable. Justo enfrente de él, pegado a la pared, había un largo mesón de madera y un estante, sobre el cual reposaban varios platos de loza blanca.

-¿Qué es esto? ¡Huele delicioso!
Sin dudarlo un solo segundo, Raiden se levantó de la silla de un salto y corrió hacia el estante.

Los platos estaban rebosantes de comida recién hecha: arroz humeante, carne asada, huevos y pan fresco. Movido por sus instintos más primarios, Raiden empezó a devorar todo a dos manos. Todos los modales que su abuelo le había enseñado se fueron por la borda. Llevaba varios días sin probar un bocado y no pensó en las consecuencias; solo le importaba satisfacer su voraz apetito.

De repente, la puerta principal del restaurante se abrió de golpe haciendo sonar una campanilla.
-¡Oye, Ma! ¡No pude conseguir el...! -La voz se detuvo en seco.

En la entrada apareció una chica que sostenía una gran bolsa de tela llena de verduras. Tenía el cabello corto hasta el cuello, de un color azul oscuro, pero con algunos mechones en un tono de azul marino casi negro, dándole un aspecto único. Una diadema negra adornaba su cabeza, decorada con un pequeño parche blanco que tenía la figura de un conejo sonriente. Vestía un delantal que parecía ser el uniforme oficial del restaurante.

Vestía un delantal que parecía ser el uniforme oficial del restaurante



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En el texto hay: fantasia, shonen, aventua

Editado: 09.09.2026

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