Te amo desde el pie hasta el alma.
-Mario benedetti.
Soy torpe con el habla. Las palabras se me traban y mi voz parece no encontrar salida. Tengo tantos pensamientos que se forman en una lista de espera; cada uno busca su turno, pero nunca encuentra su tiempo.
Me atrapan desprevenido tres días después de haber callado, dejando esa sensación constante de tener una cabeza que siempre sabe qué decir cuando ya no hay nadie escuchando.
-Apunte 3 de 6. Silencios de tropel.
Buenos días, miércoles 23.
Hoy no tengo mucho que escribir, pero sí tengo mucho sentimiento.
No pasó demasiado ayer entre nosotros, pero volví a caer en sus ojos de nuevo.
Aclaro algo para quien esté leyendo esta historia: oficialmente, nos vemos los martes, jueves, sábados y domingos, principalmente por los días de culto en la iglesia, normalmente desde las 6:30 de la tarde en adelante. A veces también nos vemos los miércoles y viernes, cuando se realizan cultos evangelísticos por fuera.
Y hoy la veré.
Pienso hablar con ella más profundamente. Quisiera hacerlo, pero no sé si lo que me detiene es prudencia o miedo. Quizás sea un poco de ambas.
Es que simplemente no puedo.
Ayer pasó junto a mí y no me saludó. Solo saludó a mi hermana. Más adelante, mi hermana me dijo que tal vez había sido por pena.
Quiero creer que fue por pena.
De verdad quiero sentir que esa fue la razón por la que no me saludó.
Pero mi mente me dice otra cosa.
Y entre lo que quiero creer y lo que mi mente imagina, termino quedándome en medio, sin saber cuál de las dos voces escuchar.
Más adelante la saludé yo.
Terminó el culto y todos nos fuimos para nuestras casas.
Ahora solo queda esperar a ver qué pasa hoy.
Ya vuelvo...