Una historia perfectamente imperfecta

El elegido

Por fin era fin de semana, me había propuesto repasar ciertos apuntes antes de los exámenes de los cuales nos dieron ya fecha el que menos me preocupa es el de física siempre se me ha dado bien; baje a desayunar con mi mamá como acostumbramos pero al acercarme a la cocina me llevó una sorpresa de quienes estaban sentados ahí desayunando hot cakes

–¿Qué hacen aquí? – mi mamá me reprende con su mirada,la ignoro

–Josh, tu hermano y yo vinimos a visitarte ya que nunca quieres ir a casa

–No tengo tiempo

–Si la escuela te tiene ocupado tu hermano te puede ayudar,a el no se le hace nada difícil

Fruncí el ceño. Ahí estaba esa comparación constante entre el y yo, nunca paraba desde que éramos pequeños note su favoritismo hacia el no lo entendía,durante mucho tiempo hacía de todo para tener su aprobación hasta que me cansé

–No necesito ayuda de nadie

–Hijo siéntate a desayunar –suplico mi mamá

Asentí. Me senté en la silla más alejada de ellos mi hermano no había dicho ni una palabra solo se limitaba a sonreír y asentir cuando lo veía necesario, aún así se llevaba toda la atención de papá siempre ha estado orgulloso de él y he vivido gran parte de mi vida cuestionando que tenía que hacer para ser como él para recibir un “estoy orgulloso” por parte de mi padre. En el resto del desayuno no hable como tendía hacerlo cada que él estaba presente solo asentía ante sus reproches y en cambio mi hermano hablaba cada que mamá le preguntaba que tal le iba en la escuela, sobre sus planes de la universidad. Se quedarían el resto de la tarde así que me vi obligado a estudiar en el comedor con su presencia ya que mi mamá me suplicó que me quedara a convivir con ellos; de vez en cuando papá venía a revisar que hacía y luego soltaba los típicos comentarios “a tu hermano se le da muy bien esto”,”hijo cuentales sobre la felicitación del otro día” o cuando sacaron el tema de hobbies “La robótica es solo un pasatiempo, pero él se lo toma en serio.

Deberías buscar algo así… y dejar de jugar con esa guitarra.” y el que más me dolía o me molestaba aún no lo sabía pero algo en mi pecho se suprime “tu hermano será una gran adición a la empresa, algún día podría liderarla”. Ese “podría” no hablaba de posibilidad, hablaba de certeza.

Para él, el futuro siempre había tenido nombre y apellido.

Y nunca había sido el mío.

Reclamar no serviría de nada. Nunca lo había hecho. Así que me quedé ahí, estudiando en silencio, prometiéndome algo que llevaba años repitiendo: algún día no habría comparación posible. Algún día yo sería la elección.

Había dicho que pasaría el día estudiando, pero no podía concentrarme.

No con ellos ahí. Tampoco podía refugiarme en mi cuarto; sería como dejarlo ganar hacerle saber que me hería lo que decía.

Necesitaba aire, necesitaba a Laia.

–Voy a salir a caminar ¿Quieres algo mamá? – tome mis llaves y espere su respuesta en la puerta, negó con la cabeza después de voltear a ver a mi papá y a mi hermano.

– Anda sensible

Fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta.

Mi corazón latía rápido.

Me sentía enojado.

Solo.

Pequeño.

Tomé mi celular e hice una llamada sin pensar, contestó después de 2 tonos.

– Hola

– Lai, mi papá está aquí – hice una pausa antes de empezar a caminar sin rumbo fijo – vino con él, no para de hacer los comentarios de siempre y se que asegure que ya no me afectaba pero

No sabía qué más decir mi mente se había quedado en blanco hubo un breve silencio.

– ¿ Dónde estás? – al no recibir respuesta continuó – mándame tu ubicación

Colgó. Lo hice en piloto automático, pero seguía atónito todo lo que sentía, esos sentimientos que no podía ponerles nombre se habían ido; estuve sentado en una banca con las manos sobre mi cabeza y la mirada perdida hasta que llegó. Se sentó junto a mi, me tomó de la cara y luego me abrazó; sus abrazos siempre me habían reconfortado, enseguida de que me abrazaba me sentía comprendido y acompañado. Respetó mi silencio durante unos minutos.

– Josh ¿sabes que no eres lo que él dice cierto? – me miraba esperando una afirmación pero no podía dársela – Eres un chico muy listo con sinfín de cualidades.

—Él no las ve porque…

Se detuvo.

Su rostro palideció, y por un instante pensé que estaba a punto de decir algo más. Algo que decidió tragarse

–¿Por qué no las ve? – pregunté, había buscado esa respuesta por mucho tiempo

– No lo sé Josh, mucha gente es así pero debes evitar que te afecte porque hay mucha gente que te ve como lo que en realidad eres como tu mamá y como yo

– Pero él no es cualquier persona, Lai es mi padre ¿No se supone que un padre debe querer a su hijo?

Ahí estaba esa punzada en el pecho que nunca había dejado de doler, las lágrimas empezaban a correr por mis mejillas las cuales ella secó con los dedos me veía con una mirada triste sabía que no tenía justificación para las actitudes de mi padre, habíamos tenido tantas veces está conversación a veces temo haberla hartado pero es la única que sabe cómo me siento respecto a él y mi hermano. No dijo nada más solo me abrazó y nos quedamos así por un buen rato. Decidí que era hora de regresar a casa, me despedí de ella agradeciéndole por estar ahí para mi y ella se ofreció a acompañarme a mi casa pero me negué le prometí que estaría bien.

Cuando llegué a mi casa ya estaban comiendo.

– ¿No ibas a la tienda? – cuestionó mi hermano

– No compre nada

– Siéntate a comer hijo – pidió mi madre mientras iba a por otro plato

Después de lavarme las manos me senté junto a mi hermano, estuvimos un rato en silencio cosa que agradecí porque lo menos que quería era hablar solo esperaba el momento de que por fin cruzaran la puerta de salida.

– Hace mucho no veo a Laia – rompió el silencio mi hermano – ¿Cómo está?

– Ella está bien – respondí sin más

– Deberían pasar más tiempo los tres juntos como antes – sugirió mi papá con los ojos puestos en mí, me encogí de hombros.
No pude evitar que llegara el recuerdo de cuando éramos pequeños.
Íbamos juntos a todas partes.
Nuestros padres se reunían cada fin de semana y éramos inseparables.
Todo cambió cuando a mi hermano lo cambiaron de escuela en el último año de primaria.
Fue ahí cuando empecé a notarlo.
O quizá siempre había estado ahí y yo decidí ignorarlo.




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