Una historia perfectamente imperfecta

Adios estrellita

Nos entregan los helados.

Josh y yo nos dirigimos a una banca, desde está se puede ver el parque pero no hay personas cerca entonces podemos disfrutar del silencio.

Él se sienta con una sonrisa en la cara, está orgulloso pude notarlo.

Lo observó detenidamente mientras él come de su helado de chocolate.

Cuando se da cuenta no rehuyo su mirada, lo cual claramente lo sorprende para después ver a mi helado.

Supongo que espera que lo pruebe, así que lo hago, es de cookies and cream y hago un sonido para que entienda lo delicioso que está. Él levanta las cejas mientras yo le ofrezco la cuchara para que lo pruebe.

Cuando se acerca le embarro la nariz de helado. Me río a carcajadas al ver su expresión.

Podría jurar que se lo que dirá.

— Esto no se va quedar así

Bingo. Me relamo los labios mientras lo reto con la mirada.

Ambos nos levantamos.

Mi celular comienza a vibrar así que lo tomo para responder.

— Hola mamá

— Cariño — la voz de mi mamá se hace presente. — Necesito que me escuches ¿si? — asiento cómo si pudiera verme — ¿Estás sola?

— No, estoy con Josh pero ¿qué pasa?

Oigo su respiración agitada a través del teléfono.

— Tu abuela Ari… ella… — noto como le cuesta pronunciar cada una — Tienes que tomar un vuelo hoy ¿si?

— Mamá aún tengo pendientes pero ya tenía planeado ir mañana

— No…no entiendes — suelta un suspiro— Ella…acaba de fallecer

Esas palabras son lo último de lo que soy consciente.

Acaba. De. Fallecer.

No me percato de que solté mi teléfono hasta que escucho el estruendo a mi lado.

Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas.

— No es cierto no es cierto — repito para mí misma.

Mi respiración comienza a acelerarse.

Mis manos tiemblan al igual que mis rodillas.

Caigo al piso y el golpe ni siquiera duele.

Solo puedo pensar en ella.

No me despedí.

Las lágrimas cada vez son más densas y me nublan la vista totalmente.

Con cada sollozo se complica más mi respiración.

Josh se hinca en frente de mí, noto su desesperación en su cara pero soy incapaz de oírlo.

Un zumbido llena mis oídos.

Y los latidos de mi corazón.

Pum. Pum. Pum.

Uno más rápido que el anterior es lo único que soy capaz de escuchar.

Ni siquiera mis sollozos.

Josh me acunica la cara para fijar mi mirada en él, sigue moviendo los labios pero su voz se siente a miles de kilómetros cómo si estuviera bajo del agua.

Coloca mis manos en su pecho.

Empieza a inhalar y exhalar.

Mi cuerpo comienza a hacer lo mismo.

Los latidos comienzan a disminuir.

Su voz cada vez es más clara hasta que por fin logro distinguir sus palabras.

—....inhala y exhala — asiento mientras continuo. — Siente el piso bajo tus rodillas Liz, estamos en el parque

Comienzo a ser consciente de nuevo de dónde estoy sentada.

Mi respiración se calma.

Veo el teléfono de nuevo.

Mi abuela.

Los sollozos que nunca se fueron se hacen más presentes

Mi respiración está por acelerarse cuando…

— Dime cinco cosas que puedas ver

Analizo a mi alrededor.

Mi helado está en el piso.

Estamos en el parque.

— El helado, la banca, los árboles, mi celular y…la mochila

— Ahora dime cuatro cosas que puedas tocar

Siento como el sentido del tacto se vuelve presente. Estoy agarrándome con fuerza de su camisa.

— Tu camisa, el cemento, mi ropa y tu mano.

Asiente mientras envuelve mis manos entre las suyas.

Estás han dejado de temblar.

Pero las lágrimas aún no cesan.

Ni los latidos.

— Tres cosas que puedas escuchar.

El zumbido comienza a cesar junto a mis latidos.

— Tu voz, los pájaros y mi respiración

— Muy bien, ahora dos cosas que puedas oler

Inhalo.

Exhalo.

— La tierra mojada y… tu perfume

Mi cuerpo comienza a destensarse.

— Una cosa que puedas saborear

— Las lágrimas

Al terminar de pronunciar siento cómo si un peso se me quitará de encima.

Siento cómo si fuera a caer de bruces en el suelo pero Josh me detiene.

Me envuelve en un abrazo.

Estoy confundida.

Me cuesta procesar todo.

Miro mi teléfono.

La realidad vuelve a golpearme.

Pero esta vez sin el temblor en las manos.

— Se ha ido — susurró más para mí que para Josh

Nos quedamos ahí.

Quietos.

Nadie dice nada.

Él solo me abraza.

Es cómo si el tiempo no existiera.

No tengo idea de cuánto tiempo pasa antes de que Josh me levante para irnos, solo sé que lo sigo hasta llegar al departamento todo parece tan irreal.

Mis amigos me envuelven en un abrazo cuando entró por la puerta.

Hablan de algo pero yo solo soy capaz de mirar la foto de mi abuela en mi cuarto.

No pronuncio palabra ante ninguno.

Siento un nudo en mi garganta.

Cuando llegamos al aeropuerto la espera ni se siente.

Tal vez porque es como si mi alma hubiera dejado mi cuerpo.

Todo lo veo externo a mi.

Cómo una película.

Al subir al avión caigo rendida en seguida.

Me despierto instantáneamente como si alguien me avisará en el momento que llegamos a Portland.

Ahora todo parece más real.

Josh está en el asiento de al lado.

¿Josh viajó con nosotros?

Ignoro si esta dormido pero cuando comienzan a pedir que bajemos él abre los ojos y se levanta.

Copio su acción.

Tomo mi maleta la cual no recuerdo haber empacado.

No tardamos en subir a un taxi que nos lleva a la casa de mis papás.

Nadie dice nada en el camino.

Al entrar mi mamá está sentada llorando en el comedor mientras mi papá hace algunas llamadas.

Ambos me envuelven en un abrazo por separado, son los primeros abrazos a los que reacciono.

Ni siquiera noto cuando mis amigos los saludan.




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