Una historia perfectamente imperfecta

No existen las cosas perfectas

Como es tradición otro domingo comiendo postres en la misma cafetería con mi mejor amiga.

Lo hemos hecho desde que tengo memoria. Últimamente estamos tan ocupados que es difícil organizarnos pero mínimo un domingo al mes.

¿Qué mejor que el día siguiente a su cumpleaños?

— ¿Cómo está…ella?

Su voz rompe el silencio.

Sin que tenga que nombrarla sé a quién se refiere.

Lizzie.

Después de su discusión con Emma insistió en volver al departamento, aunque quise irme con ella no me lo permitió.

Vaya que es obstinada.

— Bien — suelto — Aunque no se ha cansado de decirme que te quiere pedir perdón

Levanta las cejas confundida.

— ¿Por qué querría pedirme perdón?

— Cree que arruinó tu fiesta

Asiente lentamente.

— Dile que no arruinó nada — pide — ¿Eres feliz con ella?

Desciendo un poco la mirada, aunque intento contener la sonrisa fue en vano.

Siempre que hablan de ella se instala una sonrisa en mi rostro.

— Creo que esa sonrisa es la respuesta

Al escucharla se dibuja otra sonrisa en mi rostro.

Suelta una pequeña risa.

— Es diferente a todo lo que he vivido. Siempre he buscado una explicación lógica para todo a mi alrededor pero con ella no la necesito. — comienzo — Creo que por primera vez me estoy dejando guiar por mis sentimientos.

Asiente lentamente.

— Me está ayudando a estudiar para Oxford. He investigado más sobre la universidad y me entusiasma ¿sabes?

— Eso significa que ya tomaste una decisión

Niego.

— Pero es diferente. Si elijo irme será por mi. — aseguro — Me encantaría que me acompañaras pero quiero que lo hagas por ti no por mí.

Me tiende la mano.

Le doy un apretón al entender su acción.

Es un trato.

— Cambiando de tema — esquiva mi mirada — ¿Ella sabe de…?

— No del todo — la interrumpo. De pronto siento la garganta seca. — Conoce una parte sobre la mala relación — suelto un suspiro — Me cuesta un poco contarle. Esa parte de mi vida solo la conoces tú.

Se levanta de su asiento para darme un abrazo.

Ella más que nadie conoce lo difícil que es el tema para mí.

He dejado de pensar en ellos como la relación familiar.

Solo sus nombres.

Pero cuando estoy con Lizzie ni siquiera eso. Mi cara podría decir más de lo que mi boca pueda decir algún día.

Niego alejando esos pensamientos.

Entre menos los piense más fácil es alejarlos.

Ni siquiera me permito pensar en sus nombres.

— ¿Y Lily?

— Ha dejado de insistir… — suelto. — Si te soy sincero sus palabras de nuestra última discusión se quedaron grabadas. — enarca la ceja. — Dijo que “si supiera”, pero se calló en seguida

Mi amiga pelirroja vuelve a su asiento evitando mirarme.

— Siempre he tenido la sensación de que me oculta algo pero no le he querido dar importancia

— ¿Eso ha…cambiado?

— Últimamente la idea me atormenta — confieso — Sabes que las mentiras me pueden pero…

—¿Pero?

Hay cierto tono de impaciencia en su voz.

Tal vez piensa igual que yo.

Y quiere saber que ocultan.

— Me parece peor que haga ambas. Ocultar y mentir implica muchas ganas para hacerlo. — aseguro — Y si lo ha hecho…

— ¿Se lo perdonarias?

— Depende — levanta las cejas confundida. Hay cierta preocupación en su mirada, nunca le ha gustado que me pelee con mi mamá debe ser eso. — Que tan grave sea. Si es algo que podría cambiar mi vida, no.

Su mandíbula se tensa.

Suelto una risa por lo bajo.

— Estoy bromeando — su cara parece recuperar el color. — Mi mamá no haría algo así. Supongo que si se lo perdonaría.

Su teléfono vibra.

Noto como le provoca un sobresalto pero se limita a responder lo más rápido que puede.

Su llamada dura pocos segundos.

Nos despedimos minutos después.

Salgo de la cafetería con un destino fijo en mente.

Quedé en verme con Ed y Scott en su departamento. Se acaba de mudar.

Está bastante cerca de aquí así que decido caminar.

Al llegar llamo un par de veces a la puerta antes de que el pelinegro me abra.

— Bienvenido a mi increíble departamento

Suelto una risa.

Observo el lugar al entrar.

— Si Josh puedes pasar. ¿Preguntas cómo estoy? Ah pues muy bien — comienza detrás de mí — Te agradezco que me ayudarás con la mudanza ah cierto no lo hiciste.

Le doy un golpe en el hombro que le provoca una carcajada.

— ¿Por qué decidiste mudarte?

Se encoge de hombros.

— Soy un alma libre, lo sabes

Niego.

Ambos sabemos que no es eso.

Ya hacía lo que quería viviendo con sus padres.

Entiende perfectamente lo que pienso así que suelta un suspiro antes de darme una explicación.

— Sabes que mi idea siempre fue independizarme al entrar a la universidad pero hice un trabajo de fotografía por el que me pagaron muy bien así que ¿por qué no?

Asiento lentamente.

Lleva este último tiempo haciendo fotos en eventos.

Creí que ese dinero se lo gastaba en tonterías pero parece que estuvo ahorrando.

No me sorprende. Le gusta conseguir las cosas por sí solo.

Estoy a punto de continuar con la conversación cuando llaman a la puerta.

Debe ser Ed.

Me siento en el sillón que yace en la sala.

Saludo a Ed con una sonrisa en cuanto entra.

— ¿Nos darás un tour?

El pelinegro rueda los ojos ante la pregunta del rubio pero terminamos segundos después recorriendo su departamento.

Bastante minimalista.

Tiene dos recámaras.

Una es su habitación la cual está amueblada en cambio la otra está totalmente vacía.

Por alguna extraña razón terminamos sentados en el piso de esta.

La conversación es prácticamente cualquier cosa que se nos cruza por la mente. El tiempo deja de ser notorio.

— ¿Y Jay?

— Vino el día que lo adquirí

Me giro a ver a Ed antes de ambos voltear a Scott con una cara de ofendidos.




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