Me mojo la cara con agua fría intentando despejar mi mente.
Dios.
No puede verme así.
Lleva dos días aquí y siento que he perdido horas de estudio solo por evitar que note lo que me está pasando.
No debería quejarme.
Al menos estas dos últimas noches he dormido.
Esperaré a que se duerma para volver a estudiar.
Necesito recuperar esto.
Recuperarme a mí.
Levanto la vista hacia el espejo.
Sigo sin reconocer a la persona del reflejo.
—¿En qué te has convertido...? —susurro, aun sabiendo que no habrá respuesta.
Salgo del baño con la decisión de fingir una sonrisa.
Josh está sentado en el suelo con la guitarra sobre las piernas, pero no toca una sola nota.
Solo mira un punto fijo.
Ni siquiera parece darse cuenta de que entré.
Me siento frente al escritorio.
Reviso la hora.
No debería tardar en irse a dormir.
Un minuto.
Otro.
Y sigue igual.
No puedo evitar mirar el reloj una y otra vez, como si pudiera convencer al tiempo de avanzar más rápido.
Suelto un suspiro.
Cuando por fin comienza a guardar la guitarra, aprovecho para sacar todos mis libros.
—¿No vas a dormir?
Cierro los ojos un instante.
Debería decírselo.
Pero no puedo.
No voy a arrastrarlo conmigo.
—Solo voy a repasar unas cosas. No me tomará mucho tiempo — aseguro — Descansa.
Silencio.
Asumo que fue a la cama.
Pero, en lugar de eso...
Toma una silla y se sienta a mi lado.
—Hagámoslo juntos — su voz se hace presente —También me vendrá bien repasar.
Intento sonreír.
Solo consigo una mueca.
Josh lee algunos libros, a la vez toma algunas anotaciones.
Escribo algunas ecuaciones para practicar.
Mi mente está en otro lado. En ese 7.8
En ese correo.
Y cuando lo miro solo puedo ver ese 9.9
Cierro los ojos.
Todo es gracias a ti
Sus palabras se repiten en mi mente.
¿Cómo le dices a alguien que mientras lo ayudaste a estar donde está tú no puedes ayudarte a ti misma?
No puedo.
No. No.
Tengo que centrarme.
Leo la primera ecuación.
Logro resolverla después de más intentos de los que me gustarían.
Analizo la siguiente.
No logro nada.
Borro.
Muevo el lápiz con nerviosismo como si la respuesta pudiera aparecer así.
Repito la ecuación en mi mente.
— Voy por café — avisa — ¿Una de azúcar?
Asiento.
Sus pasos se alejan por el pasillo.
Tomo una bocanada de aire y vuelvo a centrarme en la hoja.
Intento escribir algo.
No cuadra. Está mal.
Lo borro.
La ecuación sigue ahí esperando que la resuelva.
Intento de nuevo.
No.
Lo borro con más fuerza de la necesaria.
Vuelvo a escribir.
Suelto una suspiro.
Tomo el borrador.
Termina rompiéndose la hoja.
— Genial…
La escribo en otro espacio.
— Vamos… — murmuro
Escribo lo primero que se me ocurre. Sigue sin funcionar.
Mi pie comienza a moverse con impaciencia golpeando el escritorio.
Intento con algo más. Como si por pura suerte pudiera resolverla.
Vuelve a estar mal.
— Ni siquiera tiene sentido… — me reprendo
Comienzo a masajearme la sien.
Las lágrimas me nublan la vista.
Cierro los ojos intentando detenerlas.
Mi respiración se acelera.
Me levanto de golpe.
Camino alrededor de la habitación con los brazos cruzados intentando calmarme.
Los pensamientos me abruman.
Uno más rápido que el otro.
¿Qué me pasa?
Esto era tan fácil…
Me habría tomado unos minutos.
Incluso lo disfrutaba.
Pero ahora…
¿Por qué no? ¿Qué me falta?
Dios.
No.
Tengo que volver.
Tengo que recuperar mi promedio.
Tengo que…
Mis ojos vuelven a ponerse llorosos.
Intento limpiarme las lágrimas. Es inútil.
— Es solo una ecuación, Elizabeth…— me repito
El aire cada vez entra menos.
No es una ecuación.
No se trata de la ecuación.
Me dejo caer sobre la cama cubriéndome el rostro con ambas manos.
Se trata de mí.
¿Qué me pasa…?
Ni siquiera noto cuando vuelve hasta que lo tengo a lado. Está en cuclillas.
Sostiene delicadamente mi rostro entre sus manos.
— Respira conmigo — susurra
Inhala.
Exhala.
Inhala.
Exhala.
Copio su acción.
Las lágrimas siguen corriendo por mis mejillas.
Mi respiración vuelve a estabilizarse poco a poco.
Esboza una pequeña sonrisa al notarlo.
Con su pulgar limpia cada una de mis lágrimas.
— Todo está bien ¿si?
Asiento.
Pero no lo está. Nada está bien.
Y sigo sin poder decírselo.
Me envuelve en sus brazos.
Recargo mi cabeza en su pecho.
Puedo oír sus latidos.
Una presión se instala en mi pecho.
Sé que debo decirselo,una parte de mi quiere hacerlo.
Pero la otra…
Cierro los ojos.
Ojalá pudiéramos quedarnos así. Suspendidos en el tiempo.
— ¿Dónde estuviste toda mi vida Joshua Cooper?
Siento su cuerpo vibrar mientras ríe.
— ¿Recuerdas lo de las estrellas? Siempre están ahí pero…
— Su luz tarda en llegar — completo su idea. Asiente — Te gusta pensar que llegan cuando tienen que hacerlo
Lo recuerdo perfectamente.
Aquella tarde en su jardín.
Éramos tan distintos.
Creo que todo era más fácil a pesar de que solo hayan pasado unos meses.
— ¿Memorizas todo lo que digo?
Suelto una risa baja.
Ahí está.
Aligerando con sus bromas. Siempre funciona.
— Podría — respondo — Eres…inspirador
Enarca las cejas por mi elección de palabras.
Nos quedamos en silencio.
A veces pienso que es lo que he buscado, lo que buscan todos.
Esta paz que siento a su lado.
Editado: 18.08.2026