Una mamá para navidad

Capítulo 8

Capítulo 8

 

Damiana llego a su casa y subió rápidamente a su habitación, no encontró a sus abuelos y eso en cierto modo le alegro, no tenía que darles explicaciones de lo que había pasado, metió su ropa en una maleta, encontró su álbum de fotos que tenía con Marco, en ellas se veían muy felices, lloro mientras sujetaba una foto de ambos y guardándola en su cartera, la metió en su maleta, ese sería el único recuerdo que se llevaría de ese lugar, dejo el álbum de fotos sobre la mesita de noche y sujetando un bolígrafo, escribió una nota para sus abuelos.

No quería alarmarlos, se iría y sabía que ellos sufrirían con su partida. Salió de la casa y se subió al primer taxi que apareció, pidió que la llevaran al aeropuerto y en silencio se alejó del lugar. Cuando llego al aeropuerto compro un boleto de avión, quería irse lejos y sabía que aquel lugar le ayudaría a vivir mejor, sus padres le habían dejado una cuenta bancaria para que pudiera vivir cómodamente, y gracias a sus ahorros había juntado mas dinero. Los recuerdos invadieron su mente y sus las lagrimas se aproximaron, camino sin percatarse y se tropezó con un joven.

—Lo siento —añadió mientras recogía su teléfono que había terminado en el suelo.

—Discúlpeme a mí, no me fije por donde caminaba —se disculpo y sujeto el boleto de avión en sus manos—. Veo que usted también viaja a Buenos Aires.

—Si —añadió forzando una sonrisa.

—Yo también viajo para allá —agrego mostrándole su boleto—, disculpe que no me presente. Soy Fabio —le tendió la mano—, médico cirujano.

Fabio tal y como se presento tenia unos hermosos ojos celeste, su cabello castaño y aquella barba poco crecida, lo hacían ver demasiado guapo. La sonrisa en sus labios era hermosa, debía admitir que tenia una hermosa sonrisa que de seguro encantaba a todas las chicas con las que conversaba

—Un gusto —agrego sonriendo—, soy Damiana, solo Damiana.

—Un gusto “solo Damiana” —hizo énfasis en las dos últimas palabras—.Viajas por vacaciones —buscaba tema de conversación y ella negó—, por trabajo, o tal vez a ver a tu novio.

—Viajo por vacaciones —añadió mientras empezaban a caminar—, siempre quise conocer Argentina.

—Debes ser una chica que le gusta viajar demasiado.

—La verdad es que no —soltó mientras le entregaba su boleto de avión a la señorita.

—Señorita McGregor, disfrute su vuelo — agrego con una sonrisa.

—Gracias —siguió caminando y Fabio la alcanzo.

—Entonces solo viajas por vacaciones.

Aquel hombre quería buscar más información y aquello sin duda incomodo a Damiana.

—Usted es de Argentina —soltó haciendo a un lado sus preocupaciones.

—Mis padres viven en Francia, solo viajo a Argentina por tema laboral —a Fabio le pareció muy interesante la joven con la que estaba hablando, sin duda alguna era hermosa y quería crear un vinculo de amistad y tal vez en un futuro, se enamoraran.

—Disculpa —agrego Damiana —, mirándolo, debo ir a mi sitio.

—Un gusto conocerte —soltó Fabio y del bolsillo de su pantalón saco una tarjeta—, si tal vez desea hablar con alguien o si desea que le hagan un tour, llámeme.

—Gracias —sujeto la tarjeta y vio que en verdad era médico cirujano, nada de lo que le había dicho era falso.

Damiana se acomodo en su asiento y miro por la ventana, los recuerdos la volvieron a embargar y las lagrimas empezaron a caer. El destino le había hecho una mala jugada, quitándole el amor que creía puro y sincero, aquel amor que imagino varias veces, en su vida. Tenían el futuro juntos, siempre hablaron de ello y aquellas palabras simplemente se la llevo el viento, sería difícil afrontarlo y sobre todo estando en un lugar sola, sin nadie con quien hablar. Aunque fue una decisión demasiado precipitada, creo que todos hablarían así, no podía dar marcha atrás.

Los esposos McGregor llegaron a la casa bien entrada la noche, se sorprendieron de ver a Marco en el pórtico, sentado en el sillón. ¿Qué estaba haciendo, a esas horas de la noche?

—¡Marco! —hablo la señora McGregor—, ¿Qué haces aquí? Acaso estas esperando a mi niña.

—Señor y señora McGregor —los saludo—, llevo esperando en la entrada más de una hora.

—¡Damiana no te contesta el teléfono!

—La estuve llamando, pero me manda al buzón.

—De seguro su celular se quedó sin batería y está descansando —soltó el señor McGregor.

—¡Quisiera verla, usted cree que podría verla solo un momento! —Marco estaba preocupado, la había visto muy mal en la tarde cuando se fue, sabía que estaba triste, de seguro habría llorado toda la tarde y el no estuvo a su lado para consolarla. Al menos quería verla ahora, si la vería sabría que estaría un poco mas tranquilo, necesitaba darle una explicación de lo ocurrido, necesitaba decirle como se dieron las cosas, y que pensara que el le había engañado. Él sabía exactamente lo que había pasado, esa noche que tanto le recriminaba su amigo Gabriel, el ni siquiera paso la noche en su habitación, esa noche se quedo a dormir en la habitación de Damiana, y ella sabía eso. Hablaron toda la noche y cuando por fin logro dormirse Damiana, el simplemente se quedó allí, abrazándola. Muy entrada la mañana, cuando se despertó, se despidió de Damiana, y le indico que iría a su habitación antes de que despertaran los demás, no quería que pensaran que habían pasado la noche, en cierto punto si pasaron la noche juntos, pero no hicieron nada más que dormir. Con ese pensamiento Marco salió de la habitación de su prometida y se dirigió a su habitación, cuando ingreso, se dio con la sorpresa de ver a Bertha durmiendo en su cama. ¿Qué hacia ella en su habitación y sobre todo en su cama? Sin querer despertarla salió de la habitación y se dirigió a la sala, recostándose en el sillón se dejo guiar por la oscuridad.




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