Una mirada a las estrellas

Capítulo 1.

Karma.

Odio mi despertador y odio despertarme temprano para ir a la escuela. En un arrebato, salgo de mi cama, tomo el aparato inventado por el demonio y lo lanzo por la ventana. En este momento, le agradezco a mi yo del pasado que haya dejado la ventana abierta, porque no sé cómo explicarle a mamá que mi despertador y el vidrio de la ventana pasaron a mejor vida el mismo día.

"Llegarás tarde y tendrás que correr diez vueltas", el recordatorio de la tortura que me espera en la clase de deportes, sino llego a tiempo es la motivación suficiente para que, media hora después, esté camino a la escuela. Estoy apenas ingresando al pasillo que me conduce hasta la cancha cuando el timbre suena. ¿Qué? Esto es trampa, aún faltan cinco minutos. Corro lo que me falta y me formo en la fila de siempre, elevando plegarias al cielo para que el profesor no esté aquí.

—Tarde.

La voz de Susie me distrae de mis súplicas y me hace ser consciente de que el profesor aún no llega.

—No he llegado tarde. El timbre lo han tocado cinco minutos antes. Es por eso que el profesor aún no llega.

—Eso no es...

Sus palabras se cortan en cuanto extiendo mi mano para que pueda ver la hora en el reloj.

—Okey, es cierto, pero aun así has llegado tarde.

Estoy por responderle que no es así, cuando el sonido del silbato del profesor anuncia su presencia.

—La clase de deportes debería ser ilegal, y el doble de ilegal debería ser que la clase dure dos horas.

Quería decirle a Valentine que estaba totalmente de acuerdo con sus palabras, pero el aire no llegaba a mis pulmones bien, así que solo levanté mi pulgar en señal de apoyo.

—Podemos matar al profesor.

—No, no es legal. Y no importa que en los libros asesinen por hobby, nosotros no podemos.

Recibí una mala mirada de mis mejores amigas por el comentario de no matar al profesor, que ignoré por completo. Estoy segura de que si alguien nos escuchara hablar pensaría que hablamos en serio y llamaría a la policía.

—Cambiando de tema, Adhara, ¿por qué llegaste tarde?

—No llegué tarde, Val. Ya se lo expliqué a Susie, el timbre fue tocado cinco minutos antes.

—Igual, llegar cinco minutos antes es llegar tarde.

Di por perdida la tarea de defenderme cuando Valentine apoyó las palabras de Susie con un gesto. No puedo con estas dos, cuando se unen no hay quien les gane.

—Niños, buenos días. Busquen sus lugares y estén atentos a las indicaciones que les voy a dar.

La única razón por la que me gustan las clases del lunes se llama Alfonso. Es mi profesor de arte y nos llama "niños" a todos. Me acomodo mejor en mi lugar y jugueteo con un mechón de mi cabello en lo que espero que todos busquen su lugar.

—Muy bien. Ahora que tengo su atención, les informo que en estos cinco meses que nos quedan de clases trabajarán en parejas —que yo voy a escoger— en un proyecto escolar en el que deben conocer a su compañero de trabajo para que al final presenten, en cualquier forma de representación artística, lo que han conocido hasta ese momento de su compañero.

Hubo quejas de algunos compañeros porque no podían elegir a sus parejas, pero se callaron con la mirada severa del profesor.

—¿Te parece justo que el profe sea quien nos elija las parejas?

—Me da igual. Lo único en lo que me afecta es que debo socializar con alguien por obligación.

Susie, siendo Susie, le da igual quién le toque de compañero. No me sorprende. A mí, en lo personal, no me importa demasiado. Puedo trabajar con cualquiera. Me encojo de hombros cuando Valentine me observa en señal de que no me afecta, y ella me hace saber que tampoco le afecta.

—Adhara Anderson y Cristián Moretti.

¿Qué? Mi "no me importa con quién me toque" se ha vuelto un "¡ME IMPORTA Y MUCHÍSIMO!". Las risitas a mi lado de mis amigas solo me hicieron entrar más en negación. Podía trabajar con cualquiera, literalmente cualquiera que no fuera ese estúpido.

—Profe Alfonso...

—No hay cambios, Anderson. No lo intentes.

No, no y no. Me niego. No voy a trabajar con el pesado de Cristián bajo ninguna circunstancia. Él y yo hicimos un trato silencioso para ignorar nuestra existencia justo el día que nos conocimos. Bien, tenemos que pensar, Adhara. Esperaré a que la clase acabe y hablaré con el profe. Le daré un montón de razones por las que debe asignarme otro compañero, que pensaré en lo que queda de la clase y asunto arreglado.

Perseguir a mi profesor de arte mientras le doy razones por las que debería cambiar mi compañero de trabajo no estaba en mis planes esta mañana.

—Razón número siete, él...

—Anderson, Anderson, ya escuché seis de sus razones. Ninguna me parece convincente, así que no necesito escuchar una razón más. Tu compañero de trabajo va a ser Moretti y punto.

La frustración empezó a hacerse mi amiga cuando el profe se empezó a alejar. Y como cereza del pastel, Cristián a solo unos pasos de mí.

—Estrella, sé que no estás conforme con esto, pero entre más pronto empecemos a trabajar, más rápido vamos a acabar. Nos vemos en la biblioteca después de clases.

Y así, sin más, se fue, sin esperar una respuesta. Solo desapareció de mi vista. ¿Me ha llamado estrella? “¡Deja de pensar en él, tonta! En su lugar piensa en algo agradable, como la comida.” ¡Eso! La comida. Quedé de verme con las chicas en la cafetería.

Amo la hora del receso, en serio la amo. Sin embargo, hoy se ve opacada por la idea de tener que ver al engreído. Sacudo la cabeza. No debo pensar en eso. Sonrío y camino hasta la mesa donde están las chicas, Valentine es la primera en verme.

—¿Y lo has logrado?

Niego en su dirección, sintiendo cómo mi humor se agria un poco, pero casi de inmediato vuelve a ser dulce al ver mi bandeja con un sándwich, ensalada y puré.

—Te lo dije, no tenía ningún caso ir tras el profesor.

Ignorando el tono sabelotodo de Susie, me concentro en mi comida y soy feliz, olvidándome del mundo mientras conversamos de todo un poco, como siempre. Les comento sobre el libro que terminé anoche y funamos al personaje que odié juntas. Las siguientes tres clases pasan más rápido de lo que me gustaría, y cuando menos lo espero estoy frente a la biblioteca cuestionándome si existe una mínima posibilidad que me permita escapar de esto. Al no encontrar ninguna, decido que pondré todo de mi parte para que podamos trabajar civilizadamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.