Una musa para dos

7 | ¿Qué tienen ellas que no tenga yo?

Aquella noche, luego de que Tristán se retirara, me quedé a solas con mis pensamientos y con esa torre de vajillas por lavar. Había hecho una promesa a mis roomates: de la cocina me encargaba yo. De modo que había que cumplirla.

Busqué en la alacena un viejo par de guantes para proteger mis manos y rogué en silencio para que no tuvieran huecos. Cuando me incorporé para dirigirme al lavaplatos, me di cuenta de que no estaba sola.

–Vete a dormir, Gala –era Aleks, y todavía no estaba en pijama–. Te dije que yo lavaría.

–Eso fue antes de que yo me comprometiera a encargarme de la cocina –le respondí, sin mirarlo y mientras me calzaba los guantes amarillos de plástico del número ocho.

Me acerqué al lavabo y le di la espalda. Abrí la llave para remojar la vajilla. Sentí una mano rotunda que rodeaba mi cintura y me apartaba de aquel lugar con suavidad.

–No seas terca –me dijo Aleks, y sentí su aliento a menta bastante cerca de mi oído y mi mejilla. Algo inédito, si consideramos que, en mi vida, Alekséi Galvés se había aproximado de esa forma a mí… y con esa cercanía–. Ven para acá.

Y me dio la vuelta con un movimiento rápido. Quedamos viéndonos cara a cara. Me tomó de las dos manos y, acto seguido… me quitó los guantes con suavidad.

¿Qué pensaron? ¿Que me iba a besar? No, señoritas, las cosas nunca son tan fáciles cuando se trata de ese señor.

–Mis manos son un bien valioso –Aleks se puso los guantes sin soltarme la vista de encima–. Ahora, si me disculpas…

Me apartó y ocupó el lugar que le correspondía.

–Gracias, Aleks –le dije, mientras me acercaba a su mejilla y la besaba–. No era necesario que te molestes en hacerlo.

–No es nada, Galatea –respondió, sin regresar a ver y ya bien embarcado en la faena–. Que descanses.

Lo dejé solo y me fui a mi habitación, ubicada, cómo no, en la planta alta. Todo un piso solo para mí, con una pequeña terraza para mis plantas y mi gato.

Lo primero que hice fue abrir mi laptop y entrar a Facebook. En efecto, Tristán y Alekséi ya no eran amigos en aquella red social. ¿Quién eliminó a quién? Si Tris me sacó de sus contactos en el 2012, ¿por qué no haría lo mismo con Aleks? La verdad, no veo a un Alekséi Galvés tomándose la molestia de actualizar su listado de amistades por culpa de algún resentimiento menor.

Lo segundo fue estalkear a la ex mujer de mi amigo, el pintor. Ana Julia… ¿cuál era su apellido? Ni idea. Tal vez Aleks todavía la tenga en su listado de amigos. Hice la respectiva búsqueda y ahí estaba: Ana Julia Bonilla. Una sola foto de perfil borrosa en la que aparece con otras personas. Es una imagen antigua, del 2009. Su perfil lleva casi un año sin actualizarse. Y solo tengo dos amigos en común con ella. Sandy y… ¡adivinaron! Alekséi.

Pero Ana Julia tiene varias fotos más, todas sin poses, naturales y tomadas al descuido. Una mujer hermosa, sin duda, pómulos marcados, cabello liso, largo y cercado por un flequillo que recuerda más a una amazona que a una niña pequeña, una argolla en su nariz y la facha de hippie American Express más boho chic que nos podríamos imaginar.

«Tal y como a Alekséi le gustan», pensé, al instante. «Angelicales, preciosas y muy, pero muy hippies».

Una hípster tardía como yo no sé si podría competir con semejante ejemplar. Ah… y además, Ana Julia también es artista. Ilustradora, para ser exacta. Tiene una que otra muestra de su trabajo con libros infantiles, y pare de contar. No parecía muy exitosa que digamos.

Y ahora, a estalkear a su hermana, Ana Karen.

Ahí estaba. Con ella tengo más amigos en común, pero por ahora no interesan. Ella sí que es más activa en las redes y tiene varias imágenes de sí misma en distintas poses. Se parece a su hermana mayor, pero en versión sexy: no parece tener nada de inocente y se nota que es una mujer de carácter. Música, primer violín en la Orquesta Sinfónica de La Capital y está en muy buena forma. Es profesora del Conservatorio Nacional.

No me extraña que, en el pasado (esperemos que en el pasado), Alekséi haya estado loco por ella.

Pero una personalidad como la suya tal vez hubiera chocado mucho con la de ella, quién sabe. Con dos artistas ambiciosos y competitivos como ellos, no sé bien qué pudo haber salido de ahí.

En fin. Continué revisando las fotos de Ana Karen hasta encontrar lo que quería: no uno, sino dos retratos hechos por mi amigo: uno fechado en 2011 y otro en 2015. Se ve que su relación fue longeva. Ella lo nombra, lo etiqueta: “muchas gracias, @AlexséiGalvés”, pero no aparece el enlace a su perfil.

Ana Karen, con seguridad, lo tiene bloqueado.

La pregunta del millón es ¿por qué?

Podría perderme eternamente encontrando conexiones entre estos personajes, pero hay algo que me llama poderosamente la atención. Regresemos a Ana Julia, la madre del hijo de Aleks, porque descubrí que tiene agregado como amigo en su Facebook a alguien que conocemos muy bien: Tristán Belfas. Y eso no es todo, no hay foto o publicación o saludo de cumpleaños en que el susodicho no le dé “me encanta”.

«Por aquí van los tiros», pensé, de inmediato. «Las sospechas de Sandy son ciertas. Tristán estuvo –o todavía está, quién sabe– interesado en Ana Julia. Y no tiene ninguna vergüenza en demostrarlo a través de íconos de corazones rojos».




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