Capítulo 14.
Algo no está bien
Gemma se estacionó en su cajón asignado en el estacionamiento subterráneo del corporativo de Funki. El viaje había estado bastante callado, pues Gemma tenía bastantes cosas en su cabeza tras la plática con Lydia. Sin embargo, aunque en efecto la charla con la terapeuta le había dado mucho en qué pensar, en el fondo Gemma sabía que no solo se trataba de eso. Algo la había estado molestando incluso desde el día anterior; desde que vio lo que había ocurrido en su sala, esa repentina noche de sueño que la despegó totalmente del mundo por tantas horas, y la descripción que M3GAN había hecho del incidente esa mañana. Por sí solas, ninguna de esas cosas resultaba extraña, pero… Gemma no podía dejar de pensar que algo se le estaba escapando, aunque no podía identificar qué. Y esa sensación le resultaba bastante frustrante.
Una vez estacionó el vehículo y lo apagó, se giró hacia los asientos traseros. Esther y M3GAN la miraron desde sus respectivas posiciones, las dos girándose hacia ella casi en sincronía, de una forma que destanteó un poco a Gemma antes de poder hablar.
—Esther, espérame en la sala de juegos mientras llevo a M3GAN al taller, ¿está bien? —le propuso Gemma a su sobrina con elocuencia.
—¿Para qué la vas a llevar al taller? —preguntó la niña rápidamente, y a Gemma le pareció percibirla un poco angustiada al hacerlo.
—Solo quiero que Tess le eche un vistazo más detallado al golpe para ver que no haya ningún daño, y de paso detectar si no hay algún otro desperfecto que debamos atender.
M3GAN parpadeó una vez e inclinó su cabeza hacia un lado con ese movimiento suave pero artificial típico de ella.
—Es innecesario tomarse tantos problemas —indicó M3GAN con su voz mecánica y fría—. Mis autodiagnósticos indican que todos mis sistemas están funcionando dentro de los parámetros normales. Como ya te indiqué, el único daño fue meramente superficial.
Gemma la observó un segundo, un tanto sorprendida. Era la segunda vez ese día que M3GAN le cuestionaba alguna de sus acciones. En teoría, no debería hacer tal cosa, mucho menos cuando se trataba de sus mantenimientos o revisiones.
—Bueno, mejor prevenir que lamentar —respondió, intentando mantener su tono ligero.
—No quiero quedarme en la sala de juegos —replicó Esther con tono malhumorado—. Está lleno de niños ruidosos, y no me puedo concentrar.
—Lo sé, pequeña, pero no puedo llevarte al taller. Hay muchas cosas peligrosas que un niño no debe tocar.
Esther lo observó con expresión inquisitiva, como si no creyera del todo lo que le estaba diciendo. ¿Ahora ella también le cuestionaba? ¿Qué le pasaba a ese par ese día?
—¿Puedo estar mejor en la sala de observación? —propuso Esther—. Esa donde conocí a M3GAN la primera vez. Ahí hay pinturas y cosas para jugar, y es silencioso. Y cuando termines con M3GAN puedes llevarla ahí, ¿no?
Gemma caviló un poco en la alternativa. No tenía un motivo real para negarse, pues de momento le parecía que no se estaba usando dicha sala para ningún otro proyecto. Y, si eso la hacía sentir más cómoda, no vería por qué negárselo. Aunque resultaba un tanto contrastante si lo comparaba con la primera vez que entró a ese sitio y pareció casi aterrada.
—Está bien, pero quédate dentro de la sala, ¿de acuerdo? Y si necesitas algo, usa el intercomunicador.
—Estaré bien —aseguró Esther, esbozando una sonrisa más alegre y relajada.
— — — —
Luego de dejar a Esther en la sala de observación, como bien había pedido, Gemma y M3GAN bajaron por el elevador hacia el laboratorio. Tess y Cole ya estaban ahí, cada uno inclinado sobre su estación de trabajo, pero giraron su atención hacia ellas en cuanto las puertas de cristal se abrieron, y tanto su jefa como su proyecto estrella entraron caminando.
Tess se paró rápidamente de su sitio y se acercó hacia ellas.
—¿Y cómo está la paciente hoy? —exclamó con un contagioso entusiasmo. Sus ojos se posaron en M3GAN, rebuscando con la mirada el daño en el rostro que Gemma le había mencionado por teléfono.
—Funcionando en óptimas condiciones —respondió M3GAN con su voz uniforme.
—Ya confirmaremos eso —dijo Tess, acercándose para inspeccionar el rostro de la androide de más cerca. Hizo a un lado los mechones rubios para examinar la línea abultada donde Gemma había aplicado el pegamento—. Vaya, sí que te diste un buen golpe.
—Bien, M3GAN —intervino Gemma—. Como te dije antes, necesito que Tess revise que el golpe no haya causado ningún daño interno. Y de paso, queremos verificar los sensores de equilibrio, para estar seguros de que la caída no fue causada por algún otro problema que haya que solucionar.
—Mis sensores están bien —respondió M3GAN—. Como indiqué anteriormente, mis autodiagnósticos muestran que todos los sistemas están funcionando correctamente. Sobre el posible daño interno, mi esqueleto de titanio debería ser capaz de resistir un golpe como este o mayor. Por lo que es mi deber indicarles que realizar esta revisión en este momento representa, según mi opinión, un uso ineficiente de su tiempo.
Gemma y Tess intercambiaron una mirada. Esta última arqueó una ceja, intrigada y evidentemente confundida por las inusuales palabras del androide. Gemma se limitó de momento a solo encogerse de hombros.
Editado: 12.04.2026