Capítulo 15.
Un Engaño y un Plan
Esther aguardaba en la sala de observación, justo como ella misma había solicitado, mientras Gemma buscaba… lo que fuera que realmente esperaba encontrar al revisar a M3GAN. No le creía que solo quisiera validar que no hubiera un daño mayor, y menos después de que M3GAN le contara sus sospechas sobre cómo ocurrió el golpe. Gemma sospechaba algo, y ni siquiera era buena para disimularlo.
¿Qué había sido? ¿Qué había disparado sus dudas? ¿La historia de ellas jugando con la pelota no fue lo suficientemente verosímil? ¿Sospechaba acaso que el té que le dio estaba adulterado? ¿Había reparado en la ausencia de la vecina y su perro esa mañana? ¿O notado que el recordatorio que había programado para hablar con el abogado había sido borrado? Quizás se trataba de un presentimiento sin ninguna base consciente, aún.
Lo que fuera, por más simple que fuera, podía plantar la semillita en ella que podría llevarla a indagar más a fondo y descubrir más de lo que les convenía. De entrada, el tema de que quisiera ver los videos la tenía muy, muy inquieta, y podía tener repercusiones inmediatas.
“Pero tranquila, me encargaré de cubrirnos”, le había dicho M3GAN, sin darle ningún otro detalle. ¿Exactamente qué iba a hacer? Podían distraerla para que se olvidara de los videos por un tiempo, pero más temprano que tarde los vería, o más bien notaría que no estaban. ¿Cómo iba esa tostadora con peluca a remediar eso?
Mientras esperaba a que M3GAN o Gemma aparecieran, si es que no lo hacía la policía detrás de alguna de las dos, Esther intentó actuar con la mayor naturalidad que sus años de fingir ser una niña de diez años le habían brindado. Estaba para ese momento sentada en una de las sillas bajas de la sala, y presionaba con fuerza el lápiz en su mano contra el papel, dejando líneas oscuras y marcadas. Aunque quisiera evitarlo, sus dedos se movían con una precisión más propia de quien llevaba haciendo eso un par de décadas, no los diez años que su cuerpo aparentaba.
El dibujo que tomaba forma ante ella era el retrato de una familia. A la izquierda había una madre, a la derecha un padre y entre ambos una niña pequeña. Los tres tomados de las manos, los tres sonriendo con genuina alegría. Una familia perfecta que nunca había existido realmente, pues la madre había muerto cuando recién su familia comenzaba a formarse; el padre era un alcohólico abusador que encontró la muerte de la mano de su propia hija; y la niña no había esbozado una verdadera sonrisa de genuina alegría desde que tenía memoria.
Pero era lo que una niña debía dibujar, ¿cierto? Cosas felices, coloridas y alegres. Si dibujara lo que realmente deseaba, o terminaría delatándose a sí misma, o mínimo la mandarían directo al asilo más cercano; quizás primero una y luego la otra.
Y hablando de asilos, esa sala en la que estaba ciertamente le traía horribles recuerdos de los sitios en los que había estado encerrada. Porque, en efecto, aquella era una jaula de cristal y acero; diseñada para parecer acogedora con sus juguetes y colores agradables, pero que apenas lograban tapar las paredes estériles y ese olor fuerte a limpiador que intentaba ocultar más que simple suciedad. La sensación de aversión que aquel lugar le causaba le había pegado desde la primera vez que puso un pie ahí, tanto que temió que su reacción hubiera resultado demasiado obvia, pero Gemma pareció sacarle la vuelta.
Pero al menos no había niños ruidosos, y podía estar sola. Y aunque ese fue el motivo que le había compartido a Gemma para querer estar ahí, no era el único. Quería estar cerca para cuando terminaran con M3GAN, y estar en un sitio en donde pudieran tener aunque sea un poco de privacidad y poder hablar. Claro, si “privacidad” era como podía llamarse a lo que podían tener ahí.
Esther alzó su mirada de reojo hacia la esquina superior a su derecha, en donde estaba aquella cámara apuntando hacia abajo con su ojo electrónico, y una lucecita roja que parpadeaba cada ciertos segundos. Luego se giró sutilmente hacia los cristales unidireccionales que formaban una pared entera y que reflejaban su propia imagen, aunque ella sabía muy bien que del otro lado podría estar observándola cualquier persona.
En efecto, una jaula. Y si había algo que Leena Klammer conocía bien, eran las jaulas. Al menos esa tenía mejor iluminación.
El chasquido de la puerta al abrirse hizo que Esther diera un respingo involuntario. Alzó la mirada para ver a uno de los estúpidos asistentes de Gemma (Cory, Cale o algo así) entrando, seguido por M3GAN que caminaba por su cuenta con su habitual paso robótico. Un intenso alivio le recorrió el cuerpo entero al verla, más del que se hubiera imaginado que podría sentir de ver a esa tostadora andante.
—Aquí estamos —anunció el asistente (Cole, ¿no?) con quizás demasiado entusiasmo.
—¿Qué pasó? ¿Encontraron algo? —preguntó Esther, parándose de su lugar con una urgencia apenas contenida. En parte intentaba imitar la preocupación que una niña debería sentir por su “amiga”, pero en parte sí que el temor era genuino, aunque por motivos distintos.
M3GAN caminó hacia ella, hasta que ambas quedaron cara a cara a mitad de la sala.
—Todo está en perfectas condiciones —informó la androide con su voz sintética—. La revisión fue exitosa. Todos mis sistemas están funcionando correctamente, justo como dije desde un inicio.
Editado: 12.04.2026