Una Niña y Su Muñeca

Capítulo 17. ¿Qué acabo de hacer?

Capítulo 17.
¿Qué acabo de hacer?

Los planes de Gemma para el día siguiente, un agradable y templado sábado, eran básicamente encerrarse en su taller y terminar de una vez por todas la propuesta para la presentación. Cole, Tess y ella ya habían reunido toda la información y especificaciones importantes del producto, llevado a cabo las evaluaciones de costos, congregado todos los resultados de las diferentes pruebas y todas las proyecciones a futuro que necesitaban para informar e impresionar a Greg y al resto de la junta directiva. Solo faltaba terminar de ponerlo todo en orden en un documento ejecutivo que los accionistas pudieran entender, y se pudieran llevar consigo para leer y analizar en la comodidad de sus lindas casas. Y esa labor final le correspondía precisamente a Gemma.

Sin embargo, esa tarde estaba teniendo serios problemas para terminar.

Ya tenía aproximadamente el 75% listo, y la demás información que faltaba la tenía a la mano, dispersa en diferentes archivos. Solo necesitaba tomarlo y acomodarlo, como lo había hecho decenas de veces antes. Simple… si su mente no insistiera tanto en divagar sin control. Llevaba como una hora y media ahí sentada, dando vueltas alrededor de los mismos párrafos, editando y reeditando, cambiando cifras y reorganizando puntos, sin avanzar realmente. Para ese punto, el documento seguía prácticamente igual a como lo había dejado la noche anterior.

Gemma soltó un resoplido de frustración, y se hizo hacia atrás, apartándose del teclado y el ratón como si quemaran. Se frotó los ojos con los dedos, cansada de mirar la pantalla, y de estarse de paso haciéndose la tonta. Estaba atascada, por decirlo en palabras simples.

Miró distraídamente hacia la única ventana de la habitación. El pequeño rechinido que hacía su silla cada vez que la giraba, que con el tiempo había aprendido a ignorar, se hacía muy notorio ese día. El cielo se había despejado un poco, por lo que la luz del sol se filtraba entre las persianas a medio cerrar. Usualmente se consideraba un ratón de sombras, pero esperaba que un cambio de perspectiva le ayudara. No lo hizo.

Se recostó en la silla y dejó que su mirada vagara por las pequeñas rendijas del exterior que la persiana le permitía apreciar. Todo estaba muy tranquilo y pacífico, salvo por el ocasional paso de un vehículo por la calle y la risa de algún niño a lo lejos, pero nada más. Ni siquiera…

«Hace rato que no escucho ni veo a ese estúpido perro», pensó un tanto intrigada por la repentina revelación que había llegado a su mente, y por reflejo giró su silla en la dirección de la casa de al lado, como si pudiera verla a través de las paredes.

No había pensado mucho en eso, pero no lo había escuchado ladrar, ni tampoco había visto su suciedad en su banqueta o jardín esa mañana. No desde que… ¿Desde que Celia había ido a su puerta a preguntar si lo había visto? ¿Cuándo fue eso? ¿El jueves? Un par de días. ¿No lo habría encontrado todavía? Y a todo eso, tampoco había visto a Celia desde entonces, ni su mirada juzgadora desde el otro lado de la cerca. ¿En dónde…?

Agitó su cabeza con rapidez, intentando dejar todo eso de lado. Tenía demasiado en qué pensar como para preocuparse por su molesta vecina.

Se giró de nuevo hacia la pantalla, se sentó derecha, se acomodó a seguir trabajando y… de nuevo no avanzó casi nada.

—Maldición —exclamó por lo bajo, chocando una mano contra su escritorio por reflejo.

En verdad, ese no era uno de sus mejores días. Y todo porque su cabeza le estaba dando varias vueltas a otras cosas que no tenían nada que ver con el trabajo. O, quizás, más bien le daba vueltas a una sola cosa.

Se había resistido durante toda esa hora y media a que su mente se dirigiera por completo en esa dirección, pero era más que evidente que no estaba funcionando. Quizás otro enfoque no era solo necesario, sino quizás inevitable.

Gemma suspiró con resignación, y abrió entonces el cajón inferior de su escritorio. Sus dedos rebuscaron entre papeles y pequeños componentes hasta encontrar lo que buscaba: una tarjeta de presentación, blanca con letras negras.

LYDIA MORALES, MSW
TERAPEUTA INFANTIL
DEPARTAMENTO DE SERVICIOS PARA LA FAMILIA DE WASHINGTON

La contempló en silencio un rato, meciéndola entre sus dedos. Le dio vuelta, y contempló en el reverso los números de contacto de la mujer a la que pertenecía, incluyendo su número personal “para emergencias”, según le había dicho en su primera visita cuando se le entregó. Aunque casi de inmediato había añadido: “o si simplemente necesitas hablar.”

¿Se lo diría a todos los tutores con los que tenía que trabajar? ¿O se lo había dicho a ella en específico por algún motivo? Lo que había comentado Esther el día anterior sobre que Lydia la miraba de una “forma especial” se había quedado en su cabeza bien profundo. Ella no lo había notado, aunque debía aceptar que ese par de ojos claros sí que eran bonitos, y sí que la miraban mucho cuando hablaban, aunque Gemma supuso que era parte de su trabajo hacerlo.

Pero, ¿y si no? ¿O si no era solo por eso?

Se sintió realmente estúpida, preocupada por eso cuando tenía tantas otras cosas más importantes en las que debía pensar. Quizás debía simplemente hacerlo, invitarla a ese café del que habían platicado, sacar eso de su sistema, y quizás así poder terminar su trabajo en tiempo y forma. Un café, solo eso. Nada complicado; solo dos adultos conversando.



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En el texto hay: m3gan, orphan, orphan first kill

Editado: 03.05.2026

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